La Nopalera presentará su antología en el Imer

Arturo Cipriano, Gerardo Bátiz, Maru Enríquez, Alejandro Corona y Eniac Martínez ofrecerán un concierto el próximo 4 de junio.
El grupo experimentó con nuevas sonoridades.
El grupo experimentó con nuevas sonoridades. (Especial )

México

A medio camino entre el rock y el jazz, la nueva canción y la música popular brasileña, la música tradicional latinoamericana y el funk, en 1975 nació La Nopalera. Con un sonido híbrido, vital, el grupo formado en la Ciudad de México fue un referente de la fusión de géneros.

Con su espíritu de puertas abiertas, cobijó a músicos de diversas tendencias, como el saxofonista y flautista Arturo Cipriano, el cantante y compositor Marcial Alejandro, los pianistas Alejandro Corona, Gerardo Bátiz y Eugenio Toussaint —también estuvieron sus hermanos Cecilia y Fernando—, los guitarristas Marco Antonio Morel y Eniac Martínez, los cantantes Luz Haydee Bermejo y Guillermo Briseño, entre muchos otros.

El próximo jueves a las seis de la tarde, en el Instituto Mexicano de la Radio se presentará La Nopalera (Fonarte Latino), antología de sus cuatro discos. Con el sexteto de Cipriano como base, el concierto contará con la presencia de varios de los protagonistas de aquella aventura musical.

Arturo recuerda en entrevista que, en aquellos años, además de tocar en el grupo de jazz-rock Talón San Cosme, hacía duetos con el guitarrista Roberto Cárdenas. Luego se les unieron Marcial Alejandro y Maru Enríquez para germinar la primera versión de La Nopalera. Durante casi diez años fueron y vinieron varios otros músicos en lo que Cipriano denomina "una danza interminable" y que dio por resultado un mundo de fusiones sin fin.

La Nopalera causaba desconcierto porque no era un grupo de los que se acostumbraban en las peñas, aunque tocara música de esencia latinoamericana. No se aferraba al uso de las quenas, aunque sí las tocaba, además de incorporar la flauta traversa y los saxofones con un sonido jazzero, comenta Cipriano: "No éramos eléctricos ni teníamos batería, pero sí teníamos un acercamiento al trópico de cáncer con una tremenda tendencia a una variedad de ritmos. Alejandro Corona mostraba una pianística severa y Marcial Alejandro promovía su propio estilo de composición. En el segundo y tercer discos participó Eugenio Toussaint, lo que supuso un cambio".

Antes de La Nopalera, el saxofonista y flautista había viajado por varios países de América Latina, por lo que sentía atracción por "los enlaces armónicos diferentes que, necesariamente, conllevaban una melodía atrevida. Desde el inicio fue notable el espíritu de Atahualpa Yupanqui en el grupo, del candombe, de los ritmos de Uruguay, del folclor chileno, de la
chacarera. Siempre hubo una tendencia hacia algo rítmico y tuve la fortuna de contar con un caudal de músicos tremendos".

El grupo les brindó la posibilidad de viajar mucho, porque realizaron varias giras por Estados Unidos, Centro y Sudamérica y el interior del país. Los que más marcaron a Arturo fueron los de Colombia y Ecuador, porque le permitieron "almacenar pensamientos, comidas, amigos, ritmos y muchas cosas".

Su público, dice entre risas, "era jipiteco, no declaradamente jazzístico o folclorista. Militamos en el Partido Mexicano de los Trabajadores, lo que nos permitió tocar en muchos lugares del país: primero para juntar gente y luego salir corriendo. Casi cada semana nos llevaban como arrejuntadores".

De "buenas loqueras", califica Cipriano la música de La Nopalera: "Hemos armado nuevos arreglos e incluso nuevas rítmicas. No se trata de grabar otro disco, sino simplemente de celebrar una reunión afable. Haber juntado a tanto músico en La Nopalera fue abrir la gama a otras sonoridades y ensanchar el oído hacia la aptitud y el conocimiento de cada uno, a sus tendencias y sus gustos. Nos conocimos en eso y ahora nos juntamos en eso".