Obsesión por Kusama

Las redes sociales demuestran que la retrospectiva de la artista japonesa es material perfecto para 'selfies'. Más de 2,000 personas visitan a diario la muestra del Tamayo.

México, D.F.

Si cada visitante de la exposición de Yayoi Kusama subiera una selfie con fondo de lunares, circularían en el espacio virtual 2,200 imágenes por día. Pero la variedad sería -y es- mucho más limitada. Como sólo se permite hacer fotos en tres instalaciones, lo que se ve en las redes son también repeticiones obsesivas; muy a tono con el tema principal en la obra de la artista japonesa.

Uno de los vigilantes de Obsesión infinita dice que no recuerda haber visto un fenómeno similar. Desde que se abre la taquilla, a las nueve de la mañana, no para de llegar la gente hasta que se agotan las entradas. La fila avanza de manera fluida en los días hábiles, pero los fines de semana llega a extenderse unos 100 metros, desde la puerta del Museo Rufino Tamayo hasta el Paseo de la Reforma.

Al tener los boletos lo que sigue es la espera: hay que matar una, dos o tres horas en lo que llega el turno de ingreso. Algunos optan por desayunar, ya sea a la carta en la cafetería del museo o una torta de tamal en los puestos ambulantes. Hay quien pasea por el Bosque de Chapultepec y quien se sienta en las escaleras de la entrada con la vista clavada en su teléfono.

Otros visitan la exposición de Sophie Calle, Cuídese mucho, en la que 107 mujeres de distintas profesiones interpretan una carta de ruptura que recibió la artista francesa. Las fotografías, video-performances y documentos hechos por actrices, periodistas, psicólogas, abogadas, cantantes o lingüistas, plantean reflexiones sobre el amor en los tiempos del correo electrónico; sobre las relaciones y el compromiso.

Pero el trabajo de Calle no ha sido ni de cerca tan popular en las redes como el de su colega japonesa. En los últimos 30 días, #KusamaenelTamayo tuvo 700 menciones en Twitter, mientras que #SophieCalleenelTamayo apenas llegó a 10. La diferencia es más dramática en Instagram: 3,829 imágenes llevan la primera etiqueta y sólo 39 la segunda.

"Fue una revelación saber que Kusama es tan conocida en Latinoamérica", dijo a El País Frances Morris, encargada junto a Philip Larratt-Smith de seleccionar las 100 piezas que han viajado por distintos museos del continente. Lo que afirma la curadora británica podría explicar la enorme afluencia al Tamayo, aunque es probable que se trate de una hipótesis optimista. No habría que descartar la que propone el guardia de seguridad, Raúl Rivas, cuando intuye que toda esa gente espera por Kusama gracias a la información que se comparte en Internet.

"Preparen su camarita sin flash", dice en tono de orden la vigilante que organiza la fila para entrar a la Sala de espejos del infinito - Campo de falos de Kusama. Como si el objetivo inminente de esos 20 segundos en los que se permite estar dentro de la pequeña habitación fuese registrarse a uno mismo rodeado de lunares blancos y rojos. La mayoría de los visitantes atiende a la sugerencia y busca los mejores ángulos frente a las paredes de espejos que reflejan los falos de tela que brotan del piso.

Las piezas de Kusama remiten a sus obsesiones sexuales, a cierta locura (desde 1977 vive por voluntad propia en una institución psiquiátrica), a la repetición. Pero las preocupaciones de la japonesa -a diferencia de las de Sophie Calle- pasan a un segundo plano ante la espectacularidad de sus piezas. La artista invita al disfrute con un recorrido lleno de color e instalaciones envolventes. Su arte pop provoca experiencias estéticas de las que los espectadores salen emocionados y con fotos del recuerdo. 




Si cada visitante de la exposición de Yayoi Kusama subiera una selfie con fondo de lunares, circularían en el espacio virtual 2,200 imágenes por día. Pero la variedad sería -y es- mucho más limitada. Como sólo se permite hacer fotos en las instalaciones de las salas 5, 7 y 9 del Museo Tamayo, lo que se ve en las redes son también repeticiones obsesivas, a tono con el tema principal en la obra de la artista japonesa.

Uno de los vigilantes de 'Obsesión infinita' dice que no recuerda haber visto un fenómeno similar. Desde que se abre la taquilla, a las nueve de la mañana, no para de llegar la gente hasta que se agotan las entradas. La fila avanza de manera fluida en los días hábiles, pero los fines de semana llega a extenderse unos 100 metros, desde la puerta del museo hasta el Paseo de la Reforma.


Al tener los boletos lo que sigue es la espera: hay que matar una, dos o tres horas en lo que llega el turno de ingreso. Algunos optan por desayunar, ya sea a la carta en la cafetería del museo o una torta de tamal en los puestos ambulantes. Hay quien pasea por el Bosque de Chapultepec y quien se sienta en las escaleras de la entrada con la vista clavada en su teléfono.


Otros visitan la exposición de Sophie Calle, 'Cuídese mucho', en la que 107 mujeres de distintas profesiones interpretan una carta de ruptura que recibió la artista francesa. Las fotografías, video-performances y documentos hechos por actrices, periodistas, psicólogas, abogadas, cantantes, lingüistas, plantean reflexiones sobre el amor en los tiempos del correo electrónico; sobre las relaciones y el compromiso.


Pero el trabajo de Calle no ha sido ni de cerca tan popular en las redes como el de su colega japonesa. En los últimos 30 días, #KusamaenelTamayo tuvo 700 menciones en Twitter, mientras que #SophieCalleenelTamayo apenas llegó a 10. La diferencia es más dramática en Instagram: 3,829 imágenes llevan la primera etiqueta y sólo 39 la segunda.


"Fue una revelación saber que Kusama es tan conocida en Latinoamérica", dijo a El País Frances Morris, encargada junto a Philip Larratt-Smith de seleccionar las 100 piezas que han viajado por distintos museos del continente. Lo que afirma la curadora británica podría explicar la enorme afluencia al Tamayo, aunque es probable que se trate de una hipótesis optimista. No habría que descartar la que propone el guardia de seguridad, Raúl Rivas, cuando intuye que toda esa gente espera por Kusama gracias a la información que se comparte en Internet.


"Preparen su camarita sin flash", dice en tono de orden la vigilante que organiza la fila para entrar a la Sala de espejos del infinito - Campo de falos de Kusama. Como si el objetivo inminente de esos 20 segundos en los que se permite estar dentro de la pequeña habitación fuese registrarse a uno mismo rodeado de lunares blancos y rojos. La mayoría de los visitantes atienden a la sugerencia y buscan los mejores ángulos frente a las paredes de espejos que parecen reflejar hasta el infinito los falos de tela que brotan del piso.


Las piezas de Kusama remiten a sus obsesiones sexuales, a cierta locura (desde 1977 vive por voluntad propia en una institución psiquiátrica), a la repetición. Pero las preocupaciones de la japonesa -a diferencia de las de Sophie Calle- pasan a un segundo plano ante la espectacularidad de sus piezas. La artista invita al disfrute con un recorrido lleno de color e instalaciones envolventes. Su arte pop provoca experiencias estéticas de las que el visitante sale emocionado y con foto del recuerdo.