Kermani hace llamado para poner fin a la guerra en Siria

El escritor recibió ayer el Premio de la Paz de los Libreros alemanes, en Fráncfort, con una llamada a actuar para poner fin a la guerra en Siria.
El escritor alemán.
El escritor alemán. (EFE)

Berlín

El escritor y orientalista Navid Kermani, alemán hijo de inmigrantes iraníes y musulmán, recibió ayer el Premio de la Paz de los Libreros alemanes, en Fráncfort, con una llamada a actuar para poner fin a la guerra en Siria.

Kermani dijo que la comunidad internacional no puede asistir al conflicto y que es necesario "dar pasos decididos a escala diplomática y posiblemente también militares", durante la ceremonia de entrega del galardón, tradicional colofón a la Feria del Libro de Fráncfort.

Consideró que para poner fin a esa guerra es precisa la intervención de "todas aquellas potencias que están detrás o respaldan a las partes enfrentadas", lo que a su juicio engloba tanto a Irán como a Turquía, los países del Golfo, Rusia y también Occidente.

"Posiblemente cometeremos también errores ahí", continuó, pero el mayor de ellos sería "no hacer nada" mientras sigue un "genocidio, a las puertas de Europa", operado tanto por el régimen de Bachar al Asad como del yihadismo de Estado Islámico (EI).

Kermani, una de las voces más representativas en Alemania del islam progresista, pronunció un extenso discurso al término del cual pidió no ser aplaudido.

"Tal vez resulte insólito en una ceremonia como ésta", dijo el escritor tras formular ese deseo, para pedir luego unos minutos de silencio en memoria de los luchadores "hasta el último aliento" por la convivencia interreligiosa y el amor entre musulmanes y cristianos.

Kermani emocionó con un discurso sin concesiones, donde recorrió las grandezas del Islam, la comercialización de que es objeto y también los crímenes que se cometen en su nombre, amparados en un "Corán instrumentalizado" por interpretaciones radicales.

Tras los minutos de silencio solicitados, Kermani se llevó una respetuosa ovación por un discurso a la altura de quien había sido definido por el presidente del Gremio de los Libreros, Heinrich Riethmüller, como un "viajero entre las culturas y las religiones del mundo" y una voz "necesaria" frente a la crispación actual.