Horna: afrontar la vida desde cómo se vive

Muestra retrospectiva en París. Visita a la exposición de la fotógrafa húngara que se presenta a 102 años de su nacimiento.
Creó imágenes del mundo circundante como acto de fe.
Creó imágenes del mundo circundante como acto de fe. (Kati Horna)

París, Francia

Al atravesar el jardín de las Tullerías, viniendo directamente del Louvre, que desemboca  en la plaza de la Concordia, se encuentra el museo Jeu de Paume, espacio poco pretencioso para estar ubicado en una de las urbes más ostentosas y sofisticadas del mundo, como lo es París.

Kati Horna, fotoperiodista húngara, mujer artísticamente polifacética que murió hace 14 años, revive en las salas del sencillo museo, dejándonos entrever toda su capacidad en esta retrospectiva.

El lugar no estaba repleto, nadie hablaba: la gente contemplaba silenciosa. Me pregunté, en medio de ese ambiente, cuánto de historia somos capaces de hilar por minuto sin saberlo; no me sorprendió pensar en la gran cantidad de acontecimientos en que nos apoyamos cuando miramos determinada exposición sin darnos cuenta de ello.

Cada imagen mostró y demostró cómo, con el paso del tiempo, fueron incorporándose distintas técnicas experimentales, que por íntimas que sean acaban caracterizando el trabajo de Horna, haciéndolo apremiantemente original y con la obligación innata de quien crea imágenes del mundo circundante como acto de fe.

Conmueven la fuerza y calidez con que Horna logra captar la cultura mexicana (pienso en eso casi instintivamente por encontrarme en el extranjero) en sus múltiples ámbitos: danza, teatro, música. Horna devino cronista de su tiempo, y es que las imágenes hablan, se comunican brindando la posibilidad de entablar diálogo para aproximarse al momento histórico en que fueron captadas.

Todos sabemos que las vidas se manifiestan de manera distinta, pero que invariablemente llegan a bifurcarse al menos un instante, como las que Horna fotografía.

El ambiente político, social y represivo de sus épocas, atestado de violencia, se ve reflejado en cada fotografía: humanista aproximación a la guerra y a la reconstrucción posterior a ella.

Impactantes experiencias la forzaron al exilio, por lo que viajó de Budapest a París, de España a México, dando pie a grandes proyectos, tratando uno de los problemas éticos más acuciantes que tenemos los humanos: no tanto luchar por el concepto mismo de libertad, que puede significar hacer lo que se quiera, sino intentar el combate de querer hacer lo que se hace.

Seres emergían de las imágenes, con sus respectivas historias provenientes de múltiples partes del mundo. Mientras estaba yo en medio de esas apariciones reanudé mi conciencia histórica sobre lo colectivo, y fue irrefrenable el imaginario.

Inmersos en una cultura centrada principalmente en el sometimiento del otro, lo que conlleva a su negación, nos olvidamos de reconocernos seres en construcción constante y no negadores sociales. El empeño artístico de Horna, invitándonos a afrontar la vida desde cómo se vive, parece haber sido ese en todo momento.