“La barra de un bar, mi escuela”: Julio Revueltas

Miembro de una célebre familia de artistas, el jazzista relata sus inicios tocando salsa en Estados Unidos, aunque no acepta que lo llamen “el Steve Vai mexicano”.
Julio Revueltas.
Julio Revueltas. (Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

Prohibida la entrada a cantantes. Julio Revueltas es un jazzista mexicano que considera que las canciones no deben tener letra, porque no existe contacto más directo con las emociones que la música instrumental. Él piensa que una pieza con letra ya impone en qué pensar. La música es una cuestión de conexión porque ésta existe en todos lados. Este guitarrista y viotarrista explica que en cada rubro, aspecto y lugar hay música y depende del artista encontrarla.

El artista no se vende; defiende sus ideas con fuerza, aunque todos estén en contra. Esa es la herencia que obtuvo de su familia: José Revueltas (abuelo); Silvestre Revueltas (tío abuelo) y la jazzista Olivia Revueltas (madre).


¿Qué es ser músico?

La música es el aire que respiro y el que mantiene vivas mis esperanzas, sueños e ilusiones. Como músico, te creas un mundo de sonidos y cuando sales a la realidad, todo se vuelve sonidos. Todo es música. Es difícil de entender, pero para uno conectado con los sonidos, tanto los pájaros, la lluvia, la bulla, se convierten en música. He aprendido que la mejor partitura que uno puede aprender a leer es la que está en frente de los ojos, ya sea caótica o maravillosa. Por eso surgen las buenas composiciones. Ser músico es un estilo de vida. Conlleva a no tener vida social. Te ven en un escenario y creen que te la vives en fiestas y no es así; al menos no para un músico comprometido. Me invitan a salir a una fiesta y la respuesta es “no puedo; estoy estudiando. Perdóname”.


¿Tú preparación no es convencional, no estudiaste en Julliard o Berkeley, pero fuiste a Estados Unidos?

Tenía pasión, pero carecía de conocimientos. Era una vergüenza y decidí ir a prepararme a Estados Unidos y estudié con los mejores maestros de algunos estados. ¿Cómo lo hice? Tocando salsa. La salsa está en los lugares más exclusivos y la tocaba en la guitarra, así ganaba dinero, el cual invertía para ir a los clubes de jazz. Ahí, cuando tocaba un gran músico, lo grababa y llegaba a mi casa a estudiarlo. Volvía al bar y le invitaba cervezas al músico, me ganaba su confianza, me hacía su amigo y ya después de varias visitas en la barra, le preguntaba de su técnica, métodos, escritura, etcétera. En una servilleta, él me escribía cómo tener mejor técnica, cómo leer mejor una partitura. Mi escuela fue la barra de un bar. Esa fue mi escuela. Ahí me gradué y mis métodos quedaron en servilletas que guardo como tesoros. No podía pagar otra cosa, pero aprendí muchísimo.


Algunos músicos se sentirían halagados si los compararan con guitarristas famosos como Santana o Steve Vai, pero Julio detesta eso. ¿Por qué odias las comparaciones?

Porque hacen tirar a la basura todos los años de esfuerzo. Cuando empiezas a tocar y te dicen que eres el Steve Vai, te hacen sentir glorioso, pero pasan los años y sacas discos y son horas invertidas buscando un sonido. Y si te dicen: eres el Steve Vai II, es muy triste. Uno aprende a ser uno mismo y quiere encontrar su propio estilo. Además, sería muy bonito que la gente dejara de compararte con gente extranjera. Hemos sido un pueblo de copias. Sale un éxito y hacemos la versión mexicana. “Eres el bla bla bla de México”. Uno de mis sueños es que se comparen personajes de aquí mismo: “Eres como Agustín Bernal en el bajo” o “tocas como Héctor Infanzón”. Serían momentos gloriosos.


¿Por qué eres independiente?

He tenido experiencias muy feas. Hay productores que me dijeron “esta canción no sirve” o “métele esto; componle aquello”. Las antesalas, las humillaciones que viví no son temas que siquiera me hagan quedar bien a mí. La piratería y la industria discográfica son la misma basura: 0.5 por ciento de la ganancia se lo lleva el compositor. En precio mayorista, el disco cuesta 50 pesos. De ese precio, el 10 por ciento se lo lleva el artista si bien le va; o sea, cinco pesos. Las disqueras lo venden hasta en 100 o 200 por ciento de su precio. La disquera reparte sueldos y te toca el 10 por ciento del precio mayorista. O sea, 0.5 por ciento. Mientras estás aquí juntando para tus cuerdas de guitarra, el dueño de las disquera está en un yate en Acapulco, o en su casa en Miami con el dinero de artistas como nosotros. No es lógico, ¿o sí? Esto es igual a alguien pirata. Estoy feliz con las disqueras de internet. Es otro asunto. La tecnología nos abre las puertas. Ahí no ganas el 0.5 por ciento, es al revés. Lo das, pero de comisión.


Por todo ello, en la contraportada de su disco Rajineesch Julio escribió lo siguiente:

“La piratería no mata a tu artista; su labor continúa con o sin eso. Lo que sucede es que la piratería perjudica seriamente el bolsillo de los empresarios en el negocio musical. Si realmente respetas a tu artista, compra sus discos directamente en sus presentaciones en vivo”.


¿Es un reto tocar música en México? ¿Tendrías más éxito en otro país?

Diría que sí, en algún otro momento o época, pero ahora estoy feliz, porque musicalmente México está mejor que nunca. Sufrimos del mismo problema en todos lados: es difícil encontrar el arte; hay arte barato y dañino; hay contaminación auditiva. No es algo exclusivo de México, sino que es algo mundial. Los músicos como yo estamos sedientos de cultura y la buscamos por debajo de las piedras y por esto es por lo que yo me mantengo.


LA VIOTARRA

La guitarra es un instrumento musical muy explotado. En 1995, mientras esperaba a un cliente en Estudios Churubusco, Julio Revueltas vio adornos en la pared que tenían un arco y en cuanto lo colocó en las cuerdas de la guitarra, afirma que salieron sonidos alucinantes. De inmediato pensó en cómo modificar la técnica y construyó el primer prototipo de viotarra. Creyó haber inventado un instrumento, pero no fue así.

La viotarra no es nada nuevo. De acuerdo con sus investigaciones, existe una pintura del museo de Louvre de 1560 en la que hasta abajo figura un viotarrista. Asimismo, existe la viola de gamba, que es del siglo XV. Y, en una iglesia de Puebla, en el órgano, hay un ángel viotarrista y la iglesia terminó de construirse en 1640.

La viotarra es un instrumento que nunca tuvo éxito. Tuvo apariciones momentáneas y desapareció hasta la fecha. Pero en el caso de Julio, su vida musical ha tenido éxito con el instrumento. De hecho, en 1997 el gerente de Hard Rock Café le pidió su prototipo para exhibirlo.