El epistolario electrónico de Juan Villoro e Ilan Stavans

'El ojo en la nuca' es la correspondencia entre dos escritores, en la que abordan temas como la política del país, el costo de las equivocaciones, el ensayo y el leguaje.
El escritor Juan Villoro
El escritor Juan Villoro (Paula Vázquez)

La mayoría se ha imaginado cómo sería una conversación entre dos grandes escritores sobre temas como política y literatura. Juan Villoro e Ilan Stavans hacen realidad esa idea en el libro El ojo en la nuca, presentado en la Feria Internacional de Libro de Guadalajara.

Durante unos cuatro meses, Juan Villoro respondió a Stavans en cartas por correo electrónico en las que abordan temas como la situación política del país, el costo de las equivocaciones, el ensayo y hasta el lenguaje.

 “Quisimos ser bastantes sinceros, hablar de figuras de la cultura nacional con desparpajo, con libertad, no hacer un diálogo políticamente correcto”, dice Villoro.

El escritor mexicano explica que la idea de escribir el libro fue de Ilan Stavans y que lo que buscaban era “usar el correo electrónico como si fueran cartas, escribir cartas muy largas, tardarnos mucho en contestar, reposar la respuesta”. 

 “Él me mandaba un comentario y yo lo iba asimilando durante una o dos semanas y luego le mandaba la respuesta, como era con las cartas, que se tardaban en llegar y en ser respondidas”, explica Villoro.

El ojo en la nuca es el resultado de ese diálogo entre Villoro y Stavans, quienes además de exponer sus posturas sobre los temas, logran construir una tercera idea a partir de sus discrepancias. 

Para Villoro, la comunicación en redes sociales y otros medios electrónicos han provocado el “aislamiento de la sociedad contemporánea”, por lo que con este ejercicio epistolar buscaron recuperar el viejo arte de la conversación, de las tertulias, para “descubrir cosas entre nosotros y sobre nosotros”.

Para que esto funcionara, según el escritor, era muy importante que Ilan y él se conocieran poco y que tuvieran perspectivas distintas de la realidad para que con la conversación pudieran surgir nuevas ideas, “que no sabías que tenías”.

“Él es un caso raro de la cultura mexicana. Se fue a vivir a Estados Unidos a los 20 años, empezó a escribir en inglés, pero también escribe en español. Es un mexicano que vive fuera de México; es un mexicano de la periferia dialogando con un mexicano que vive en su país. Yo pertenezco a una familia católica, él a una judía. Él es más joven que yo, y vive en un país que siempre ha sido conflictivo para los mexicanos”, dice Villoro.

Explica que estas diferencias hacen posible el diálogo. “Solemos pensar que el diálogo es conversar juntos y tener un acuerdo previo, y no. Lo más interesante del diálogo es presentar a personas que piensan diferente y el diálogo puede convertirse, en los mejores momentos, en un punto de encuentro, pero para eso tienes que tener una gran disposición”.

Sobre la crisis de violencia en México y las conversaciones que se han emprendido como entre el Presidente y los normalistas o los alumnos del politécnico y la SEP, Villoro dice que “es un momento en que si no aprendemos a dialogar, el resultado será un estallido total”.

“Me parece que el primero que debe aprender es el Presidente de la República y el gobierno. Creo que las medidas de seguridad que acaba de mandar son algunas interesantes, pero ninguna pasa por incorporar a la sociedad; no hay un diálogo, tampoco hay una autocrítica producto de lo que la sociedad le está diciendo”, dice.

Por lo anterior, advierte que para no llegar al estallido social es necesario “entender que el diálogo es la manera de renovar nuestra sociedad” y que “el verdadero diálogo es encontrar ese punto de encuentro, donde dejo de pensar unas cosas y comienzo a pensar otras, desde las dos partes” que conversan.