Juan Rulfo, de vendedor de llantas a escritor universal

Rivera Garza presenta "Había mucha neblina o humo o no sé que", reflexión sobre los trabajos del jalisciense en la IP y el gobierno.
La escritora tamaulipeca.
La escritora tamaulipeca. (Claudia Guadarrama)

México

De Juan Rulfo se ha escrito mucho, y no solo acerca de su literatura o de su faceta como fotógrafo, sino incluso de aspectos un tanto más íntimos de su vida, en especial de los trabajos que debió realizar durante su vida.

Cristina Rivera Garza asumió como provocación una frase de Ricardo Piglia, quien decía que la verdadera historia de la literatura estaba en los reportes de trabajo de los escritores, y se propuso desarrollar ese ejercicio en Juan Rulfo, de donde surgió el libro Había mucha neblina o humo o no sé qué (Literatura Random House, 2016).

“Con eso en mente empecé a poner en una sola exploración cosas que me había preguntado acerca de Rulfo, porque si bien hay estudios innumerables acerca de su obra, cada uno de sus párrafos ha sido investigado hasta la saciedad, me interesaba aportar una reflexión sobre lo que implica el tipo de trabajos que desarrolló tanto para la iniciativa privada como para el gobierno federal, en proyectos centrales para la modernidad mexicana”.

En lo que fue el Instituto Nacional Indigenista trabajó durante dos décadas, y dos fueron las actividades conocidas del escritor: en
una empresa de neumáticos y en la Comisión del Papaloapan. Gracias a la primera pudo recorrer gran parte del país, y por la segunda pudo conocer de cerca algunos de los problemas de una parte de la sociedad en el olvido.

“Rulfo formó parte de proyectos que tuvieron que haberle provocado dilemas éticos y estéticos enormes, y creo fueron los que hacen que Pedro Páramo y El llano en llamas sean obras tan complejas y tan vivas”.

Para Rivera Garza, la intención primordial era ver cómo se gana la vida un literato, para lo cual había que hacer a un lado nociones románticas, y entender hasta qué punto puede influir en su literatura; por ello recorrió los mismos caminos de Rulfo por diferentes partes del país.

“Hasta hace no mucho, los autores nacionales eran miembros de las clases poderosas que no enfrentaban esos problemas, pero después aparecieron más escritores de clase popular y media, con lo que el trabajo vino a formar un problema que no es adicional sino central para saber cuál es la figura del escritor”.

Desde esa perspectiva estamos ante un escritor que tenía muchas actividades y responsabilidades, y la publicación de un libro era una más, “algo en lo que nos debiéramos reflejar muchos de quienes escribimos hoy en día, porque el libro es una de las paradas obligadas de los escritores, pero no la única, incluso ni siquiera la más importante.

“A Rulfo lo solemos ubicar de una manera muy importante en Jalisco y en el pasado, en la novela de la Revolución o de
la guerra cristera. Hay evidencias de que es una lectura adecuada, pero leyéndolo me doy cuenta de que estamos ante un autor eminentemente urbano, del así llamado ‘milagro mexicano’.

“Era un hombre que padecía y disfrutaba la Ciudad de México, consumía todos los productos culturales que se podían encontrar en aquella gran urbe. Ese derramarse de Rulfo hacia tantos espacios tiene más relación con el ámbito del escritor contemporáneo, y por eso sigue tan vivo”.

Rivera Garza llama a analizar más su trabajo como editor desde otra perspectiva: una labor de escritura por otros medios, como lo podría ser su trabajo fotográfico, “o tal vez su trabajo literario es una secuencia del fotográfico y del editorial”.