ENTREVISTA | POR HÉCTOR GONZÁLEZ

"El niño imagina y crea otro mundo": Juan Pablo Villalobos

La más reciente novela de Juan Pablo Villalobos es "Te vendo un perro".
La más reciente novela de Juan Pablo Villalobos es "Te vendo un perro". (Tomada de Facebook)

México

Aficionado a la irreverencia y el humor, Juan Pablo Villalobos gusta de llevar sus historias al límite del absurdo. Después de vivir en Lagos de Moreno y Sao Paulo, el narrador encontró en Barcelona su nueva residencia. El heredero de Jorge Ibargüengoitia y Daniel Sada, reconoce que su infancia no fue nada idílica y que si empezó a leer literatura fue por las ganas de ser diferente y en defensa propia.

¿Qué tienes con la infancia? Siempre está presente en tus libros…

Literariamente la infancia es muy sugerente. Es el momento del descubrimiento y la incomprensión del mundo. Si trabajas con un mundo comprendido y cerrado, ¿qué te queda? Describirlo. Y a mí eso no me interesa, me parece aburrido. Prefiero explorar la realidad a partir de una visión distorsionada como es la de la infancia. El niño imagina y crea otro mundo. Además, en el malentendido hay opciones muy claras para hacer humor.

¿Qué tan distorsionados son tus recuerdos?

Ahora estoy por terminar un libro de memorias de la infancia y suscribo que la memoria es selectiva; he decidido memorizar ciertos pasajes pero apenas descubrí que tengo lagunas abismales.

¿Qué tipo de niño eras?

Yo crecí en una familia de clase media-media. Mi padre era médico, mi madre ama de casa, con cuatro hermanos. Mi casa siempre estaba llena de mucha gente, un patio donde jugábamos futbol. Fui un niño tímido en la primera parte de la infancia, también bastante infeliz; después pude adaptarme e integrarme con normalidad. Hasta los ocho años tenía miedo de ir a la escuela. Hay una idealización de la infancia que no siempre es cierta.

¿Y eras aplicado?

Era buen estudiante, pero no me gustaba ir porque me molestaban mucho. Siempre fui aplicado aunque leía poco. Creo que era medio looser.

¿Ya se te quitó esa sensación?

En la adolescencia todo mundo se siente looser, eran los finales de los ochenta y no era tan malo. La grandeza —irónica—, que tiene el capitalismo es que todo lo convierte en objeto de consumo y cuando se abrió la posibilidad de atraer a toda esta gente lo aprovechó.

¿En qué momento empezaste a leer?

Como lector serio, en la adolescencia. A los 14 años descubrí el boom latinoamericano; leí a los existencialistas franceses a los 15 años.

No me digas que los entendía a todos.

No, pero los leía para diferenciarme de los demás y hacerme el interesante. Leía en defensa propia. Fui de los lectores que no abandonaba un libro, ahora los tiro a las tres páginas.

¿Cuál fue el último libro que abandonaste?

He abandonado bastantes libros. A estas alturas tengo muy claro lo que me interesa de la literatura y no tengo paciencia.

¿Qué libros están en tu buró ahora mismo?

Estoy releyendo a Ibargüengoitia, a Monterroso. Releí Movimiento perpetuo y me impresionó muchísimo, es de una genialidad absoluta; me sucedió lo mismo con Pitol. En la relectura siempre encuentro algo nuevo.

¿Quién es tu autor de cabecera?

Me gustan mucho Francisco Tario, Felisberto Hernández. De los actuales, César Aira, Mario Lebrero, Daniel Sada.

Varios de ellos son experimentales.

Los escritores somos pésimos lectores porque buscamos cosas en las lecturas: ideas, claves, citas, algo que despierte un interés por escribir. Por eso terminamos leyendo autores que tienen estilos muy claros. Ahora estoy buscando mi camino, por eso me interesa el estilo.

¿Y ya lo encontraste?

Después de un año de sufrir, mientras llegaba a la novela que quería, ya sé lo que quiero. No estoy cambiando de camino pero sí buscando estrategias, diferentes cosas dentro del humor, la irreverencia, pero sin repetirme.