Goytisolo, el escritor migrante

La obra del Premio Cervantes refleja la búsqueda constante de un novelista que no ha dejado de reinventarse.
El escritor e intelectual Juan Goytisolo ganó el Premio Cervantes 2014
El escritor e intelectual Juan Goytisolo ganó el Premio Cervantes 2014 (AFP)

México, D.F.

La vida y obra de Juan Goytisolo (Barcelona, 1931) ha estado marcada por la migración. Durante el franquismo se exilió en París, donde trabajó como asesor literario de la editorial Gallimard. Entre 1969 y 1975 pasó diversas temporadas en universidades de Estados Unidos y en los ochenta se instaló en Marrakech, donde aún reside. Pero también "su obra está migrando todo el tiempo: tanto en sus formas como en sus temas y en sus preocupaciones", asegura Luis Vicente de Aguinaga, poeta y estudioso del autor catalán. Sus novelas y ensayos reflejan "el cambio espiritual constante de una persona que nunca está conforme con su situación y cambia hacia otra".

Según De Aguinaga, Goytisolo alcanzó la madurez como novelista con Señas de Identidad (1966), la primera parte de una trilogía donde el autor explora el significado de ser español en un tono de sátira y crítica corrosiva. A partir de entonces, "sus libros comienzan a ser algo más parecido a largos poemas en prosa, con experimentos verbales que no son puramente lúdicos sino que conllevan búsquedas psicológicas o culturales más profundas", explica el autor de libros como La migración interior. Abecedario de Juan Goytisolo (2005) y Juan Goytisolo: identidad y saber poético (2014).

Alberto Ruy Sánchez recuerda que descubrió la obra de Goytisolo después de visitar Marruecos: "Leí Juan sin tierra (1975) -que empieza en español y termina en árabe- y para mi fue una lección sobre rebasar los límites del escritor: demuestra que el pasaporte no te define, que puedes amar mucho más allá del pasaporte y que cada uno de nosotros somos muchos". Para el escritor y editor, una de las grandes aportaciones del Premio Cervantes 2014 -no sólo a la literatura sino a la cultura en general- ha sido demostrar que el mundo árabe es mucho más rico y diverso que la idea del fundamentalismo islámico que prevalece en Occidente.  

Goytisolo continuó la exploración sobre su propia identidad en las décadas de los años 70 y 80. Sus libros de memorias Coto vedado (1985) y En los reinos de taifa (1986) son "una indagación profunda en sí mismo, en la historia de su familia y en sus recuerdos más incómodos, incluso impúdicos", explica De Aguinaga. En esta etapa, Goytisolo abordó otros conflictos de su personalidad como el de ser escritor y ser homosexual.

Con más de 60 años, el impredecible novelista publicó una serie de libros y artículos sobre la guerra en Sarajevo. La sugerencia de visitar Bosnia vino de la ensayista Susan Sontag, con quien coincidió en Berlín en la primavera de 1993. Tras realizar distintos viajes a la península balcánica, el Premio Cervantes escribió el libro de crónicas Cuaderno de Sarajevo (1993) y la novela El sitio de los sitios (1995). "Quería poner a los lectores en la misma situación de los sitiados de Sarajevo. Y también fue mi venganza contra la Europa indiferente", dijo a El País el propio Goytisolo.

Aunque es considerado un heterodoxo respecto a la cultura oficial española, Goytisolo ha sido un escritor comprometido con diversas causas sociales y políticas. Junto con Octavio Paz -quien fuera su amigo, igual que Carlos Fuentes- "fue uno de los intelectuales que decidió no taparse los ojos ante la dictadura soviética y su influencia en América Latina", cuenta Ruy Sánchez. También ha tomado posiciones claras en sus artículos sobre asuntos como el conflicto en Chechenia, la Revolución Cubana o el lugar de los migrantes africanos en Europa.

Gracias a él, la UNESCO comenzó a otorgar la distinción de Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad. En 1966, las autoridades de Marrakech querían desalojar a los personajes que daban vida a la plaza de Xemáa el Fná, lugar de encuentro de las culturas bereber y árabe. Goytisolo se enfrentó a ellos y llevó el tema al organismo internacional. El Premio Cervantes fue pionero en reconocer a los contadores de historias como patrimonio de todos.