Cantar con Plácido Domingo es un sueño cumplido: ganador de Operalia

Juan Carlos Heredia, el barítono mexicano que se coronó con el Premio de Zarzuela en Operalia 2016, le contó a MILENIO cómo vivió su victoria y su arduo camino hasta la final.

México

El reloj marcaba varios minutos después de las diez de la noche. El público que asistió al Teatro Degollado, en el corazón de Guadalajara, para escuchar a los finalistas de Operalia 2016 comenzaba a impacientarse. Horas antes, trece competidores —entre ellos un barítono, el único mexicano que sobrevivió entre un grupo de cuarenta cantantes de primer nivel— habían dejado el alma y algo más sobre el escenario. Tras bambalinas, las trece promesas de la ópera compartieron por primera vez una intimidad que sólo competía con el nerviosismo. En sus rostros se percibía la tensión de quien sabe que los minutos avanzan más lento cuando se espera un veredicto.

Finalmente Plácido Domingo terminó con la incertidumbre: los jueces por fin habían decidido. El tenor español subió al escenario con calma y un montón de sobres entre las manos. Lo siguieron, uno a uno, los integrantes del jurado que al final de la noche elegiría a la soprano francesa Elsa Dreisig y al tenor surcoreano Keon-Woo Kim como indiscutibles ganadores de Operalia 2016.

Pero antes había que entregar un galardón que merecía atención particular del público nacional. Entre los aspirantes al Premio de Zarzuela Plácido Domingo Ferrer en la categoría masculina, se encontraba el barítono mexicano Juan Carlos Heredia, orgullo nacional.

Siete mexicanos iniciaron la competencia y sólo él llegó, con una serie de interpretaciones soberbias, hasta el último concierto.  

El cantante le contó a MILENIO que esta edición de Operalia significó para él “una semana muy intensa de emociones y aprendizajes”. No podía ser de otra manera: en sólo unos días compitió con voces provenientes de 16 países —las más sobresalientes de la escena juvenil—; conoció y trabajó con Plácido Domingo —tenor absoluto— y cantó frente a los representantes más distinguidos del mundo operístico —una especie de realeza musical—. Durante una semana sólo comió y respiró ópera.

Pero su preparación es más añeja que eso. A los 17 años se inscribió en el Conservatorio de Música de Chihuahua para estudiar guitarra clásica. Poco tiempo después descubrió, casi por accidente, su vocación por el canto. “En las clases de coro que teníamos en el Conservatorio, una maestra que aprecio mucho me dijo que tenía madera para cantar ópera. Le hice caso, me empecé a motivar y no me he salido, ni creo que me salga”.

Hace año y medio se integró al Estudio de Ópera de Bellas Artes. Ahí depuró la técnica y pulió sus interpretaciones. Se entrenó en técnica Alexander, actuación, acondicionamiento físico, coaching vocal, una preparación constante que se intensificó cuando supo que competiría en Operalia 2016.

Desde ese momento se propuso “llegar a la final y estar con el maestro Plácido. Me imaginaba los ensayos, trabajando con él y con la orquesta. Haber estado con él en el aniversario del Teatro Degollado es algo que no voy a olvidar”, cuenta con un entusiasmo admirable.

La invitación a la intimidad del tenor español era una oportunidad irrepetible. Pero Juan Carlos tuvo que lidiar con un oponente indomable: el tiempo. Doce cantantes en competencia eran sinónimo de pocos minutos bajo la batuta de Plácido Domingo. No obstante, consiguió extraer de él sugerencias invaluables. “Me dio consejos musicales —cuenta con el fervor de quien habla sobre su héroe de infancia—, estaba muy atento a ver qué gestos tenía, a ver si él apoyaba con su batuta, siempre estaba pendiente de la voz”.  


Me subí al escenario y maté los nervios…

—¿El escenario del Teatro Degollado impone?

Cómo no. Son 150 años de historia. Plácido Domingo debutó ahí.  Las figuras que han pasado, la belleza que tiene el teatro. La acústica es una chulada para quien escucha y para quién canta.

—¿Cómo lidiaste con esa historia y con los nervios?

Ahí es cuando tienes que olvidarte de todo eso y hacer tu trabajo. Me subí al escenario y aproveché el espacio lo mejor que pude.

—¿Musicalmente, cuál fue el mayor reto?

Mantener la condición vocal durante toda la semana, porque tuvimos ensayos desde el domingo con el coro, luego con la pianista. Con ella corrí todas mis arias. Luego la primera eliminatoria, más ensayos. Después viene la semifinal,  ensayos con orquesta todo el fin de semana. Y la final. Fue un reto vocal y mental. 

Nada como abrazar a Plácido Domingo

La noche del 24 de julio Plácido Domingo estaba a punto de anunciar a los ganadores. Los minutos corrían aún más lento. Juan Carlos parecía esconderse detrás de sus compañeros, como si supiera que su entrada al escenario sería más espectacular si salía de las penumbras. Su interpretación final había sido inmejorable —la ovación del público ya se lo había revelado—. Eligió la zarzuela Amor, vida de mi vida, del compositor español Federico Moreno Torroba, una pieza que, además de ser bellísima, es “muy difícil y atractiva para el oído”.

Plácido Domingo anunció a Juan Carlos Heredia como ganador del Premio de Zarzuela y el teatro explotó en vítores y aplausos. El barítono tardó unos segundos en reaccionar. Probablemente no concebía la noticia. Cuando salió de su espasmo saltó al escenario para fundirse en un abrazo con Domingo. —Muchísimas gracias, maestro —le dijo. Éste le respondió con una sonrisa y le entregó un sobre que contenía el premio económico: “Esto también es muy importante”, bromeó.

Consciente de que la labor musical es celosa con quienes la practican, Juan Carlos no detiene su impulso por aprender. Mientras responde a esta entrevista, espera abordar un avión que lo traerá a la Ciudad de México, de donde partirá a Alemania para tomar un curso de perfeccionamiento vocal.

—De Operalia, ¿con qué experiencia te quedas?

Haber estado frente a Plácido, con el teatro lleno. Todas estas personas importantes del medio. Los colegas cantando, cada quién dejando todo arriba. La luz en el centro, yo cantando, la orquesta en el pozo. Eso se me va a quedar grabado para siempre.



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