Juan Cruz: opinar antes de saber, delito periodístico

“Hay mucho México más allá de sus muertes...Debemos confiar en el poder de la cultura para hacer sobrevivir a los países”.
El volumen 'Toda la vida preguntando' reúne sus entrevistas a grandes escritores.
El volumen 'Toda la vida preguntando' reúne sus entrevistas a grandes escritores. (Carlos Rubio Rosell)

Madrid

La pasión de Juan Cruz (Tenerife, España, 1948) es hacer entrevistas y crónicas, incluso cuando escribe novelas, como la más reciente, El niño descalzo (Alfaguara), y como demuestra otro libro suyo también de reciente aparición: Toda la vida preguntando (Círculo de Tiza).

Fundador de El País y ganador de premios como el Azorín de Novela 1988, el Nacional de Periodismo Cultural 2012 y el Comillas de Historia, Biografía y Memorias 2009, Cruz es un "periodista de raza". Es un oficio que, dice en entrevista con MILENIO, siempre ha tratado de alimentar "con una curiosidad inaugural", levantándose cada mañana con el pensamiento de que "el mundo está viejo", lo que le ha llevado a una búsqueda incesante de novedades y cosas que le inciten la curiosidad por saber.

Cruz sostiene que uno de los grandes problemas que acucian al periodismo es que "se ha alquilado a las redes sociales", y a que "opinamos antes de saber", por lo que "hemos antepuesto la opinión a la información. Ese es un delito periodístico de primera magnitud. Uno pone la radio, oye un poco de información, y periodistas que acaban de escucharla ya tienen una posición tomada antes de informarse realmente. Desde un punto de vista científico eso es fatal. Es propio de las redes sociales desenfundar muy rápido, y lo malo es que en el periodismo está pasando lo mismo".

Otro asunto perjudicial, dice Cruz, "ha sido la palabra 'gratis': desde que se instaló gracias a internet, ha provocado que los periodistas vivamos peor porque se ha desmejorado la calidad del periodismo. Todo lo que requiere un esfuerzo y llega a otro sin que se pague por ello, termina degradándose. El periodismo se ha degradado porque uno da un clic y salen todas las noticias en las que has trabajado como un cabrón. Compras un periódico y sabes que lo que estás pagando es mucho menos que lo que vale el periódico en puridad. Este tiene que ser recibido con la dignidad que supone el esfuerzo de hacerlo".

En una entrevista de Toda la vida preguntando, Gabriel García Márquez le dice a Cruz que hay que darle mayor fuerza al periodismo de investigación, elemento del que, dice Cruz, carece mucha de la prensa contemporánea: "Los periódicos han dejado de tener posibilidad de invertir en el tiempo de los periodistas". Además, considera que "hablamos de la crisis del periodismo de oídas, porque muchos periodistas no leen los periódicos, y ese es un problema".

Para Cruz, en todo el mundo hay excelentes periodistas: "Mira México: en medio de enormes dificultades tiene periodistas aguerridos que están tratando de convertirse en periodistas cuando en realidad son héroes".

Para que este oficio deje de ser heroico es necesario que "los gobiernos garanticen que la gente haga su trabajo en las condiciones de libertad y seguridad imprescindibles. Y eso se ve que en México no está ocurriendo. Hay ahí un problema que viene de lejos, porque los gobiernos mexicanos han sido muy timoratos a la hora de perseguir a los narcotraficantes, que son ahora los principales causantes de la amenaza que sufren los periodistas. Y esto convierte a las autoridades implícitamente en cómplices de ese desastre".

Pero, añade, "hay mucho México más allá de sus muertes: es sus bibliotecas extraordinarias; es la FIL de Guadalajara; es José Alfredo Jiménez, Carlos Fuentes y lo que Gabo hizo allí; es Teotihuacán y sus volcanes; es El Colegio de México, el Zócalo, Fernando Vallejo y la calle Ámsterdam. Es impresionante. Si ahora vamos a creer que México es solo la estela de lo que hacen los narcotraficantes, lo que también es, desgraciadamente, estamos confundiéndolo. Debemos tener confianza en el poder de la cultura para hacer sobrevivir a los países".

El periodismo permea todas sus actividades: en El niño descalzo, el autor habla de "dar noticia natural de la vida". Agrega: "Hace tiempo que escribo solo de lo que me pasa. Es una materia que siempre me ha interesado: cómo aquel niño luego decidió, casi inconscientemente, convertirse en periodista y ser un hombre, porque yo tenía vocación de ser niño. Pero cuando nació mi nieto me dediqué a mirarlo, a fijarme en él y ver cómo es ser un niño, y contándole a él y al niño que fui en cierto modo, qué es lo que he visto luego. Y lo que he visto luego no siempre me ha hecho feliz, ni siquiera en mi oficio".