Las esculturas de un mexicano sorprenden en China

La exposición del escultor José Sacal revela su obra casi por sorpresa, en espacios públicos donde el visitante no se espera encontrarla.

China

El escultor José Sacal, uno de los grandes exponentes contemporáneos de las artes plásticas en México, inauguró en Shanghái una muestra de su obra, con unas veinte piezas que los visitantes descubren por sorpresa, en un centro comercial.

Se trata de su exposición Zoomanity, una colección de animales y formas humanas de bronce, creaciones de hace unos 15 años, en las que explora las formas con su expresivo lenguaje personal, entre lo figurativo y lo surrealista, la ironía y la sinceridad emocional.

En 2007, Sacal (Cuernavaca, 1944), fue el primer artista latinoamericano que colocó una obra monumental en Shanghái (Torso III, en el céntrico parque de Jingan), y en los años noventa llegó a exponer una treintena de esculturas en el centro histórico de Beijing.

Esta exposición revela su obra casi por sorpresa, en espacios públicos donde el visitante no se espera encontrarla, explicó el artista, que a menudo suele colocar carteles, cuando es posible, en los que pide "por favor tocar", porque le encanta que la gente se acerque a su obra y la disfrute con todos los sentidos.

En esta ocasión no ha sido posible, por las normativas del lugar de exposición, el atrio de un famoso centro comercial de Shanghái, el Xintiandi Style, ubicando en el turístico y lujoso barrio de Xintiandi (el "Nuevo Cielo en la Tierra", literalmente), conocido por su arquitectura histórica, sus restaurantes y tiendas de moda.



"Está en la entrada del edificio, así que la gente a la fuerza se tiene que topar con la escultura, pero lo he estado observando, y la gente llega, se sorprende y hasta toma fotos, ve una escultura y parece que no se lo puede creer, y entonces se dedica a seguir viendo todas las demás", explica Sacal.

"Eso me da mucho gusto", asegura, ya que hay una gran diferencia en la actitud del espectador cuando va a un exposición a propósito, consciente de lo que espera ver, y cuando se la encuentra sin más, de manera inesperada.

"Cuando la gente va caminando y de pronto se topa con la escultura es un shock, pero eso hace a la gente más calurosa ante la obra, menos fría", asegura el artista, "a mí me da mucho gusto sacarle así su lado intuitivo a la gente, que piensen en algo que no iban pensando".

"Hay que usar todos los sentidos, ojalá pudiera incluir aromas", concluyó, aunque sobre todo trata de que sus creaciones hagan la experiencia muy "lúdica", por lo que le encanta que la gente pueda interactuar con sus piezas, recorrerlas, tocarlas, e incluso a veces incluir partes móviles para que se pueda jugar con ellas.