Sentido del humor y depresión

Fragmento de la entrevista de Héctor Xavier (1921–1994) con Marco Antonio Campos.
José Revueltas.
José Revueltas. (Cortesía)

Ciudad de México

Conocí a José Revueltas en la Casa de las Juventudes Socialistas Unificadas de México, fundada por Lázaro Cárdenas para ayudar a los estudiantes de provincia que venían a la capital. Yo ya conocía a su hermano Silvestre desde 1939, cuando ensayaba en la XEB, radiodifusora ubicada en la calle de Buen Tono.

José y yo nos frecuentábamos esporádicamente hasta que en 1962 fuimos vecinos en el edificio Asís (en la calle de Holbein, en la colonia Nochebuena). Conforme la escribía, viví y leí su obra Los errores, que José mecanografiaba en las noches sobre una almohada para no molestar a los vecinos. Casi todas las tardes le mostraba mi trabajo y lo discutíamos. Independientemente de nuestra sensibilidad, nos unía la afición al toro, y que tiempo atrás ambos habíamos determinado ser toreros. Revueltas me decía: “El toro nos sacará del hambre”. Entrenábamos toreo de carretilla en unos corralones de Mixcoac. En esa época José empezaba a desarrollar un buen vientre que no le ayudaba a dar la figura de torero. En efecto: el miedo y la falta de figura aniquilaron nuestra afición.

A Revueltas y a mí la realidad nos parecía demasiado violenta y tratábamos de escapar de ella a través de nuestra obra. Cuando no trabajábamos nos sentíamos muy mal, al extremo de sentir que no merecíamos la vida. Mucha de mi vida como hombre cambió gracias a él. Es el mejor ser humano que he conocido. Alternaba un gran sentido del humor con una apasionada depresión. Algo de eso sucede conmigo.

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*Fragmento de la entrevista de Héctor Xavier (1921–1994) con Marco Antonio Campos publicada con el título “Un espíritu marino”, en el suplemento sábado del periódico unomásuno, en 1988. Tomado del libro inédito Héctor Xavier: el trazo de la línea y los silencios.