Un santo llamado José Revueltas

El Santo Oficio.
José Revueltas.
José Revueltas. (Especial)

Ciudad de México

En el altar de muertos del monasterio, el cartujo enciende una veladora y coloca una calaverita de azúcar con el nombre de José Revueltas, el gran místico de la izquierda mexicana de quien el 20 de noviembre se cumple el centenario de su nacimiento.

Murió el 14 de abril de 1976 y desde entonces, mientras su leyenda crece sus lectores van cayendo bajo las balas implacables de los años. Por eso, escribe Christopher Domínguez Michael en la revista Letras Libres de octubre: “Quienes le festejamos ese carácter tememos que la leyenda no nos sobreviva”.

Incomprendido por la izquierda, maldecido por la derecha, el autor de Los días terrenales fue un mártir del marxismo-leninismo, un proscrito del Partido Comunista Mexicano. “Nuestro partido nunca supo entender la realidad nacional de manera completa, pero esto no ha sido obstáculo para que se diera en sus filas gente abnegada y buena”, le dice a Elena Poniatowska en una de sus varias entrevistas.

Nuestra izquierda actual proviene de esa herencia de incomprensión, de dogmas y sectarismo; ciertamente, como en el PCM en ella existen personas valiosas pero también una gran cantidad de fariseos, de falsos redentores.

Desde adolescente, Revueltas sintió el llamado de la lucha revolucionaria. En una época de autoritarismo, asumió todos los riesgos para sumarse al combate contra la desigualdad y la falta de democracia. Por eso, le cuenta a Poniatowska, entre 1929 y 1933 fue detenido continuamente.

—¿Qué actos cometió para que lo metieran a la cárcel? —le pregunta la escritora.

—No fueron actos delictivos de ninguna especie —explica Revueltas—. ¡El solo hecho de fijar propaganda en las bardas o hacer mítines en la calle ya era suficiente motivo para quedar preso!

Quienes protestaban en esa época se exponían a la represión brutal, no andaban embozados ni perpetraban hechos violentos ante la mirada impasible y aun medrosa de policías y soldados. Eran valientes e incluso temerarios.

Revueltas fue un escritor infatigable, un hombre preocupado por el destino de los desprotegidos, un bebedor épico. Parte de una excepcional familia de artistas con sus hermanos Silvestre, Rosaura y Fermín, a quienes quería y admiraba.

En Letras Libres, Martín Dozal Jottar, su compañero de celda en Lecumberri, su discípulo y amigo, recuerda las pesadillas de Revueltas en la cárcel, sus gritos y estremecimientos nocturnos. “Eran las pesadillas de un hombre que cargaba un mundo encima”, escribe Dozal. Habla también de su bondad, de su vocación el estudio, de su manera de ser feliz. “Con la misma ternura veía a un maldito que a un criminal, a una puta que a un compañero comunista. Revueltas era un poeta de fuerza increíble, con ojos de filósofo, de militante comunista. Siempre fue un militante”, dice. Un poco antes afirma: “La libertad y el hombre por encima de todo, era su principio básico”.

Queridos cinco lectores, con el recuerdo de todas las ausencias de este año de desamparo, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.