José Emilio, un año después

El Santo Oficio.
José Emilio Pacheco.
José Emilio Pacheco. (EFE)

Ciudad de México

En la planta alta de la librería El Péndulo, en la colonia Condesa, el cartujo escucha a Cristina Pacheco. Se han reunido para hablar de José Emilio un año después de su muerte. El 26 de enero de 2014 está todavía muy cercano y los recuerdos duelen. Pero Cristina se muestra serena y sonríe al comentar el sentido del humor y la generosidad de su marido, quien jamás dejó de alentarla en su trabajo.

“Nunca dejó de ver uno de mis programas —dice Cristina—. El día que se enfermó por última vez, acababa de ver Conversando. Me decía: ‘Hay cosas que yo no puedo ir a ver, pero con tu trabajo aprendo, veo la calle. Lo mismo me decía Octavio Paz: ‘Me encanta su programa porque usted muestra las calles por las que ya nunca caminaré’. Y Fernando Benítez: ‘Hermanita, estuviste en Mesones; yo caminaba por ahí con las putas’. Eran maravillosos los tres”.

Cuando Octavio Paz fue nombrado embajador en la India, se corrió un rumor: José Emilio se iría con él. Un día Paz fue a su casa y le preguntó si estaba interesado en irse a la India. “Le contestó que no. Cuando le pregunté el motivo, me dijo: ‘Esto es lo mío’. Si nos hubiéramos ido, José Emilio no hubiera escrito nada”, afirma Cristina convencida.

José Emilio amaba la ciudad y le dolía no poder caminarla, como cuando era joven. Por eso le pedía a Cristina: “Dime todo lo que oigas en la calle, todo lo que veas”. Tenía una avidez tremenda. A veces, ella iba caminando y él le hablaba por teléfono. “Me preguntaba: ‘¿Por dónde vas? ¿Qué estás viendo? ¿Qué me vas a traer?’. Yo le decía: ‘¿Quieres un regalo?’, y él me respondía que sí. Lo quería todo, para leer, para oír, para comer. Entonces era muy alentador para mí buscarle sorpresas y llevárselas. Él las esperaba con entusiasmo, aunque eran boberías”.

“Era encantador —comenta Cristina—. Últimamente me quería dar regalos por todo, yo también le llevaba regalos por el día del niño, por el día del bombero… Nos divertíamos mucho, era imposible aburrirse con él”.

José Emilio nunca se subió al tabique de la fama. Siempre conservó la sencillez, la discreción. Amaba a su familia y quería a sus amigos. Lector de tiempo completo, no fue indiferente a los acontecimientos sombríos de los últimos años en México. “Le irritaba pensar que todo se estaba desbaratando, ver cómo se está desbaratando el país. A veces ni quería darle el periódico para que no se enterara, porque sufría mucho.

“Cuando salíamos al doctor, se ponía a ver todo lo que había en el camino y recordaba las casas que ya no estaban. ‘¿Por qué?’, me preguntaba. ‘Porque las tiraron’, le respondía. Entonces decía: ‘Se van a acabar la ciudad’. Sufría mucho, de veras”.

José Emilio estaba muy interesado en la historia y la política, “era muy crítico y veía muy adolorido todo lo que estaba pasando en México”. En varios de sus textos y poemas expresa el dolor, la indignación ante la triste realidad de nuestro país. De vez en cuando deberíamos volver a ellos.

Queridos cinco lectores, con el silencio de la luna, El Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.