José de la Colina recibe “premio no solicitado, pero ardientemente deseado”

Anoche le fue entregado el Villaurrutia; es “un hombre lleno de humor, de rectitud y de bondad”, y también “volcánico”, señaló Enrique Krauze.
El también colaborador de MILENIO muestra su galardón.
El también colaborador de MILENIO muestra su galardón. (Octavio Hoyos)

México

Lo trajo a cuento cuando tomó la palabra: al darse a conocer su nombre como el ganador del Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores, en algunos medios se escribió que el galardón lo obtenía un “escritor español”: “No soy un escritor español: soy un escritor mexicano, aunque haya sido embotellado de origen allá en España”.

“Soy un escritor mexicano porque aquí me formé como escritor, aquí existo como escritor, aquí incluso he sido incluido en varias antologías —menos en la de mi amigo Carlos Monsiváis, que se murió antes de que yo pudiera desquitarme—. Pero soy un escritor mexicano porque aquí me formé, con la universidad del aire, porque yo no tengo más que escuela primaria”.

Sin dejar de reconocerse como parte del exilio español, de la presencia de esa comunidad que llamó como los “refugachos españoles”, el colaborador de MILENIO recibió anoche el reconocimiento otorgado por su libro De libertades fantasmas o de la literatura como juego, en una ceremonia realizada en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, donde se reunieron familiares, amigos, escritores y lectores: una comunidad que se encontró para rendirle homenaje a un escritor “volcánico”, como lo definió Enrique Krauze, presente en el acto.

“Hay 40 años de amistad y, de mi parte, de gran admiración. Le hemos aprendido mucho: es un hombre lleno de humor, de rectitud y de bondad; también un hombre volcánico, aunque se le ha quitado lo volcánico con la edad, pero le ha quedado el humor”, aseguró el director de la revista Letras Libres.

LA LITERATURA COMO JUEGO

“Se me ha dado el premio por mi último libro —afortunadamente, porque los primeros no me gustan—”, aseguró José de la Colina. “Siempre escribí con un buen cuidado de la forma, porque estuve formado por los libros, una escritura que fue siempre muy cuidadosa, pero muy dedicada a lo sublime, que para mí cada vez se ha ido perdiendo más en el horizonte”.

Al defender su idea de la literatura como juego, el escritor y periodista recordó que la literatura puede admitir muchas vocaciones, muchas orientaciones: “A mí lo que cada vez me atrae más es la literatura como juego, aunque sea un juego en el que de repente el no meter gol pueda ser una tragedia o el meterlo pueda ser un error increíble. La literatura está hecha de los juegos, de la capacidad de errar y, sobre todo, de estar en esa línea flotante de dejarse llevar por las palabras”.

Luego de los agradecimientos por el premio, De la Colina hizo una confesión: gracias por un “premio no solicitado, pero ardientemente deseado”.

UNA FIESTA

Bárbara Jácobs, Myriam Moscona, Felipe Garrido y Vicente Leñero fueron algunos de los participantes en el acto; este último evocó los años en que se conocieron, durante el taller literario de Juan José Arreola, en el que solo él y Fernando del Paso “consiguieron sobresalir entre la punta de aprendices que nos arremolinábamos en torno al maestro de la frase y el párrafo perfectos”.

Desde la perspectiva de Leñero, la prosa de De la Colina es producto de la paciencia, del esfuerzo y la dedicación del artesano que convierte su materia prima en un objeto apreciable: “En la gozosa tarea de dar acomodo a la urdimbre de palabras que integran un texto, reside el secreto de la magia creativa; en conseguirlo ha trabajado toda su vida este hacedor de cuentos y ensayos.

“En este, su más reciente libro, con el que parece culminar una tarea de amor a las palabras, se muestran y demuestran los sólidos contenidos: un racimo de asuntos escasamente frecuentados por otros escritores, asuntos que divierten, reflexiones que iluminan, carambolas que nos llevan a dilucidar pequeños o grandes secretos escondidos en los recovecos del quehacer literario”.

Antes de entregarle el reconocimiento, la directora general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, reconoció que De la Colina nos ha invitado durante décadas a explorar la lengua como patria, “a buscar en el idioma que hablamos, leemos y escribimos, las identidades que nos definen más allá de cualquier geografía”.

“Alguna vez De la Colina dijo: ‘Mi universidad fue la lectura’. Eterno alumno sobresaliente de esa gran escuela, De la Colina ha contribuido con páginas brillantes al acervo de esa institución educativa virtual”, destacó la funcionaria.

:CLAVES

INGENIO Y BRILLANTEZ

La Sociedad Alfonsina Internacional nació, sin llevar ese nombre, en 1955, cuando Francisco Zendejas y Alicia Zendejas organizaron, junto con un grupo de amigos escritores, un premio de escritores para escritores, concedido ese año a Juan Rulfo por Pedro Páramo. En la actualidad es presidida por Felipe Garrido.

El premio apuesta para que la comunidad literaria mexicana lo haga suyo, y de ahí que sea un reconocimiento de escritores para escritores; entre los galardonados se encuentran Elena Garro, Juan José Arreola, Efraín Huerta, Inés Arredondo, Elena Poniatowska, Eduardo Lizalde, Hugo Gutiérrez Vega y Álvaro Mutis.

En la presente edición se otorgó el reconocimiento a José de la Colina por “el ingenio y la brillantez de sus breves ensayos que exaltan el manejo de su buena prosa. Densa y transparente al mismo tiempo, su escritura tiene la exquisitez de fluir en el goce de su malicia entre sus textos personalísimos”, según el acta del jurado.