José Alfredo, cada día más vigente

Dada la importancia de sus canciones, sorprende saber que el catálogo de Jiménez contiene solo 208 obras.
Jimenez
(Milenio Digital)

Ciudad de México

Hace 40 años murió José Alfredo Jiménez. El más trascendental compositor de música ranchera tenía entonces apenas 47 años de edad. El pasado fin de semana, en Dolores Hidalgo, Guanajuato, su ciudad natal, fui testigo del fervor con el que se le recuerda.

La Comunidad de Amigos de José Alfredo, que preside Carlos Navarrete Rivas, organizó un homenaje luctuoso por este 40 aniversario. Incluyó la develación de una placa conmemorativa y la presentación de una estatuilla en la Casa Museo José Alfredo Jiménez, donde nació el compositor en 1926. Después, en el Panteón Municipal y en una hacienda se llevaron a cabo homenajes ante más de mil miembros de la comunidad josealfrediana. Las voces de Alberto Ángel El Cuervo, Humberto Cravioto, Valente Pastor, Teodoro Bello, Gil Rivera, Jorge Massías y otros intérpretes entonaron canciones del admirado compositor.

Dada la importancia de sus canciones, sorprende saber que el catálogo de Jiménez contiene solo 208 obras. Con ellas creó todo un mundo emocional con el que se siguen identificando millones de personas de todas edades y latitudes.

José Alfredo no sabía escribir música ni tocar instrumentos. Su talento residió en la genialidad para crear preciosas melodías y describir, con el lenguaje del pueblo, las raíces de las emociones y las reacciones humanas ante las desventuras del amor.

Jiménez compuso desde la perspectiva de un hombre de su tiempo. Como macho mexicano atribuyó a las mujeres la causa de la perdición en el alcohol. En su obra se detecta que siempre creyó en la sinceridad incondicional como algo suficiente para sostener una relación exitosa de pareja; y que cuando la relación fracasa la culpable resulta ser siempre la mujer. En sus historias, cuando la amada abandona o elige a otro, brotan fuertes impulsos de venganza y desprecio como defensa contra el dolor y el duelo por la pérdida.

En su libro Amor Letal, el escritor Alfredo Espinoza dice que en las canciones de Jiménez, "los hombres, derrotados por el amor, llegan a la cantina y después de usar el alcohol para desinhibir la memoria herida, se dedican a recordar a la persona amada que se va haciendo más ingrata y más hermosa mientras más se emborrachan. Así, a ella, a la más "hija del máiz", a la más querida de todas, deciden ir a darle serenata con las canciones hechas precisamente para ello: las de José Alfredo".

Mientras los demás nos limitamos a vivir las experiencias de amor, de abandono y de borrachera, José Alfredo tuvo una extraordinaria sensibilidad para captarlas y luego transformarlas en canción. En ellas hay un encuentro del pueblo con su alma y por eso existe una íntima y profunda identificación con él.

Sus canciones encuentran nuevos significados en las voces de cada generación, pues todos los que entran a transitar por los vericuetos del amor encuentran en ellas su más fiel acompañante. Por ello, a 40 años de su muerte, lo seguimos recordando con el cariño reservado solo para quienes han dejado una profunda huella en nuestras vidas. D