Construcciones aportan identidad a la región

Para el arquitecto y activista Jorge Ruvalcaba, los edificios históricos deben ser una puerta al pasado, para que la sociedad conozca sus raíces y logre encariñarse con su lugar de origen.
Un ejemplo muy bonito es el Hotel Galicia, cuya parte inferior ya está contaminada de negocios, pero que aún conserva la parte superior en casi todo su esplendor.
Un ejemplo muy bonito es el Hotel Galicia, que aún conserva la parte superior en casi todo su esplendor. (Cecilia Rojas)

Torreón, Coahuila

Las pocas construcciones antiguas que aún existen, aportan mucho a una ciudad con historia joven, pues es nuestra historia y nuestro proceso aunque sea muy breve.

Jorge Ruvalcaba es muy joven también, es arquitecto, urbanista y activista. Señala que las construcciones son rasgos de identidad, que han ido cambiando con el tiempo y que a estas alturas, es probable que estemos en búsqueda de un nuevo espíritu de ciudad y de región.

"Tenemos una gran cantidad de edificios art decó y casi los podemos ver en cada cuadra del centro".

"Hemos sido algodoneros, maquiladores, mal llamados lecheros y hemos dejado de voltear a los orígenes, a la raíces y gran parte de esos vestigios de historia e identidad son esos edificios que están en su mayoría deteriorados o abandonados, sin vigilancia, sin regulación, muchos se han ido demoliendo".

Al igual que Carlos Castañón, destaca que la labor es de municipio y ciudadanía, pues el municipio puede incentivar que los dueños de estas construcciones los intervengan sólo de forma regulada en base a los catálogos, y si no están en los catálogos, hay que agregarlos.

Aunque per se, el catálogo nunca se ha respetado del todo y cada vez son menos edificios que existen, pero a fin de cuentas, se pueden agregar más construcciones y seguir pugnando por que realmente se respeten.

"Juegan un papel clave si es que queremos ir en busca de esos rasgos de identidad que mucho hemos dicho, no tenemos".

"Dicen que nuestra identidad es el Santos, pero es triste que estemos encasillados en que nuestra identidad sea un equipo de fútbol".

La alternativa es voltear a ver los vestigios y honrarlos, como origen de una ciudad fundada en valores solidarios de gente emprendedora, con un esplendor pasado, una economía bollante que permitió la construcción de estas edificaciones hermosas que pueden ayudarnos a reconciliarnos con nosotros mismos como sociedad y a aceptarnos.

"Para muchos quizás parezca ridículo y suena pretencioso que la arquitectura tenga un poder sanador o reconciliador, pero esos detalles que nos anclen y recuerden de dónde venimos".

"Que nos hagan sentir orgullosos de manera constante, funcionaría mucho, lo que no se conoce no se puede amar, por otro lado, lo que se conoce, es muy complicado que no se ame, por ahí podríamos empezar a generar este tipo de políticas que generen arraigo en la gente que desconoce lo que hay".

La confusión identitaria es ahora un poco más densa, tras años de violencia brutal en el corazón mismo de la región.

Pero es momento de reconciliarse con las raíces y reinventarnos, replantear a donde va la ciudad y seguir buscando la manera de incidir en las políticas públicas, como ahora se logra con colectivos ciudadanos como Moreleando, a donde pertenece Jorge Ruvalcaba.

Destaca también que reactivar estos edificios podría generar una reactivación del centro para evitar que la ciudad siga creciendo sin control a todos lados, y se convierta en un lugar más amable para los que la habitamos.

Los edificios, afirma, sobreviven casi de manera heroica, sin resguardo ni respeto a lo que representan.

Muchas de estas casas tienen incluso motivos algodoneros, revolucionarios, plantean la condición abigarrada, multicultural y multiétnica que fue el origen de Torreón, en este maremágnum de gente que llegó de todos lados del mundo, en un centro ubicado al poniente, rebasado por el crecimiento, pero que es origen de la ciudad.

Un dato importante destacado por el urbanista: falta que las universidades se involucren en el desarrollo de la ciudad, en la reactivación de su centro, pues siguen intramuros y sin embargo, es una responsabilidad social que deben asumir.

"Dicen las autoridades que han reactivado el centro pero no han reactivado nada".

Podrían apoyar en el reciclaje de estas fincas antiguas y dotarlas de un nuevo uso, en una Laguna que ha optado por vivir en lugares amurallados para esconderse de todo y de todos, pero que no necesariamente significa una buena vida.

Esto contrariando las necesidades de antaño, de solidaridad y búsqueda de cercanía con el otro, con el vecino.

"Es momento de hacer un alto y empezar a cambiar y generar condiciones que nos empujen a vivir en un lugar mejor. No nos va a tocar tal vez, pero no importa. Que les toque a los que siguen".