Jorge Fernández Granados rinde homenaje a la lectura

“De la persona y la obra me surge la necesidad de escribir algo sobre ellos. Nunca es algo que surja por encargo o por obligación”.
“Todos tenemos límites, pero no somos muy conscientes de ellos”, dice el poeta y ensayista.
“Todos tenemos límites, pero no somos muy conscientes de ellos”, dice el poeta y ensayista. (Mónica González)

México

"El poeta es hoy una conciencia solitaria; no el iluso desilusionado, sino el desilusionado iluso": Guillermo Sucre. Se trata del epígrafe que acompaña al primer libro de ensayos de Jorge Fernández Granados, El fuego que camina (DGP-Conaculta, 2014): los trazos de un gusto literario.

"No concibo un ensayo sin el incentivo de la lectura, son pequeños homenajes a la lectura: cuando queda vivo ese fuego de la obra poética de un autor en particular, de la persona y la obra, me surge la necesidad de escribir algo sobre ellos. Nunca es algo que surja por encargo o por obligación, siempre es la emoción de la lectura transmitida a la reflexión."

Jorge Fernández Granados (1965) es poeta y narrador, autor de títulos como Principio de incertidumbre, Los hábitos de la ceniza o Si en otro mundo todavía, pero sobre todo un lector que apuesta por apropiarse de la esencia transmitida a través de distintas sensaciones, pues prácticamente la mitad de su vida, un poco menos, ha tenido problemas con la vista, hasta verse con la necesidad de leer y escribir con el apoyo de instrumentos especiales, lo que él mismo cuenta por explicar de mejor manera cómo se da su acercamiento a los libros y, en particular, a la lectura.

"Lo que llamamos literatura no está en los ojos, ni en los oídos, ni en las manos donde está la literatura, donde finalmente ésta sucede: tú le puedes quitar a una persona el oído, la vista, las manos o, como en el caso de García Ponce, todo el movimiento, y solo le queda su mirada y, sin embargo, puede seguir imaginando y esa es la clave de la literatura: la literatura está en esa zona que llamaríamos imaginación o la conciencia."

La imaginación y la lectura

Hasta los 32 años de edad, de los 48 que tiene en la actualidad, Fernández Granados fue una persona con una visión normal, por lo cual muchos de sus recuerdos son imágenes, lugares, paisajes, películas, rostros...

"La gran diferencia entre una persona que no ve desde que nace a una que relativamente pierde la vista más allá de la mitad de su vida es que ya está construido su universo de referencias: su mundo ya está guardado", cuenta Fernández Granados, quien de alguna forma se muestra interesado en contar esa parte de su vida para explicar cómo llegan algunos autores a sus gustos como lector.

Así, en el listado de Jorge Fernández Granados se encuentran autores conocidos como Luis Cernuda, José Lezama Lima, Gonzalo Rojas y Álvaro Mutis, por la parte hispanoamericana, mientras por la mexicana se encuentran Ramón López Velarde, Xavier Villaurrutia, Jaime Sabines o José Emilio Pacheco, dentro de un panorama que no apuesta por convertirse en un canon.

"Cuando vas perdiendo algún sentido, puede ser sustituido por otras formas, por otras capacidades. Eso fue de lo primero que me di cuenta: la literatura tiene formas de ser traducida o de pasar de una expresión a otra, sin que dejes de trabajar.

"La otra gran lección ha sido que uno tiene que adaptarse a la realidad y hay límites en esa realidad, pero aquí suelo decir que todos tenemos límites, pero no somos muy conscientes de ellos."

El fuego que camina es un registro de esas maneras de entender a la persona, a la obra, a ciertos rasgos. Se convierte en un detective, quien con una lamparita posa la luz sobre esos detalles que le permiten conocer el carácter del autor, "eso hace más entrañable la obra, porque veo las venas que la nutren, que la irrigan. Me gusta eso".

Se trata de su primer libro de ensayos, la gran mayoría de ellos escritos al mismo tiempo que escribía poemas, géneros que siempre han estado muy cerca uno del otro, "siempre los he visto como reflexiones adyacentes a la escritura, como maneras de reflexionar en torno a lo que se escribe, en torno a las obras de otros".

"Al escribir tengo muchas referencias, muchos recuerdos, de tipo visual, muchos elementos especiales, pero es porque el cerebro se adaptó a un mundo en el que no podía ver."

Al reflexionar cómo irrigan sus territorios poéticos, Jorge Fernández Granados, por ejemplo, encuentra en José Emilio Pacheco sabiduría y humanidad, una visión que sólo se alcanza cuando se logra comprender la condición humana: una especie de fraternal pesimismo o de una desilusión lúcida.

"La emoción de la lectura y la afinidad con cierta parte de sus obras o de sus personalidades: la dignidad y melancolía en Cernuda; la mitología en Mutis, su idea del destino, su capacidad de leer destinos en todos los hombres; en Alejandra Pizarnik esa atracción por el abismo, por esa oscuridad". Apenas unos rasgos que vienen en El fuego que camina.