El cine, vivito y coleando: Jorge Ayala Blanco

"Los enterradores de éste y del arte siempre se equivocan; los que cambian, por supuesto, son los valores estéticos: ya no hay valores fijos".
Cada película es un planteamiento distinto, un reto diferente, asegura.
Cada película es un planteamiento distinto, un reto diferente, asegura. (Jesús Quintanar)

México

Jorge Ayala Blanco dice que en 1965, cuando tenía 23 años, fue al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM para ingresar como alumno, pero lo aceptaron como maestro. "¡Esto es absolutamente cierto: tenía alumnos que me duplicaban la edad!", dice.

Ayala Blanco celebrará medio siglo en la docencia con un libro: El cine actual, confines temáticos. La obra será presentada hoy a las siete de la noche en la Casa Universitaria del Libro por Adriana Bellamy, Carlos Bonfil, José Felipe Coria, Sonia Rangel y el autor.

El crítico comenta que sus clases no tienen que ver con la forma tradicional de enseñar el cine, "sino de estudiar la evolución del cine a través de sus lenguajes. Eso lo hace más interesante: podemos estudiar la influencia de Theo Angelopoulos sobre Lumière o Méliès, por ejemplo. Puede uno jugar más. Esto se completa con clases de análisis cinematográfico, en las que de lo que se trata es de tener una conciencia formal".

Dice que "la diferencia entre un cineasta que se forma por oficio, y uno que estudió en una universidad, es que éste tiene conciencia de la forma. Si el cine mexicano se ha renovado en los últimos 50 años es gracias a esta conciencia de la forma".

Entre sus alumnos están "dos oscareados", como él los llama: Emmanuel Lubezki y Alfonso Cuarón. "Por ellos, digo en broma, se justifica que haya dado clases todos estos años. En la primera generación a la que yo di clases estaban Jaime Humberto Hermosillo, Alberto Bojórquez y Martha Acevedo, fundadora del feminismo radical en México".

¿Cómo fue el año 1965?

Fue un año muy significativo. Por un lado, ya tenía tres años escribiendo crítica de cine en México en la Cultura, suplemento de Novedades, pero también ejercía la ingeniería química. Así que toda mi vida cambió: me dieron la beca del Centro Mexicano de Escritores para escribir ensayos históricos sobre el cine mexicano, empecé a dar clases en el CUEC y dejé la ingeniería química. Fue la libertad absoluta para dedicarme a lo que me interesaba.

¿Cómo enriquece al crítico dar clases?

Es la confirmación inmediata de tus planteamientos, porque tienes que fundamentarlo todo. Tú escribes una crítica y puede ser que sea un escopetazo, una serie de juicios, pero para estructurarlos tienes que dar clase. El hecho de ser un crítico de cine-ensayista y el confrontarme con los alumnos es algo fundamental. El punto de vista es el de los alumnos: yo siempre veo la situación del cine en México a través de los jóvenes, no a través de los intereses de los burócratas estatales o los aspirantes a cineastas. Entonces tu mirada siempre es joven (soy una especie de vampiro que succiona la sangre joven).

Cuando alguien afirma que el cine ha muerto, ¿qué piensa?

Los enterradores del cine y del arte siempre se equivocan, porque siguen vivitos y coleando. Lo que cambia son los valores estéticos, que es uno de los planteamientos fundamentales de este libro. Si ves Jazmín azul, de Woody Allen, o Melancolía, de Lars von Trier, evidentemente son películas que rompen con los cánones estéticos, y su valor es romperlos. Eso me parece digno de subrayarse: el hecho de que ya no hay valores fijos.

¿Cómo se siente después de más de medio siglo como crítico?

No me cansa hacer crítica. Por un lado, es lo único que he aprendido a hacer en la vida y, por el otro, cada película es un planteamiento distinto, un reto diferente. El cine es una pasión, es una manera de conocimiento de la realidad.

Efecto didáctico

Para Jorge Ayala Blanco es inevitable pensar en el efecto didáctico de sus libros. "Aunque esté escribiendo un tipo de crítica muy personal, siempre es una crítica que pretende comunicarse de inmediato con el lector. ¿Qué tipo de lector? Sobre todo los jóvenes, que son los que se acercan a la cultura cinematográfica".

Ofrecer al lector diversas posibilidades de lectura, es otra de las cualidades de sus libros. "Eso me parece importante: el cinéfilo común y corriente se acerca al libro y encuentra 350 análisis de películas de las que seguramente puede haber visto dos terceras partes. El libro es una manera de prolongar sus placeres, pero lo puede ver también como una lectura posible del cine contemporáneo, un libro donde la gente se encuentra con 350 recomendaciones".

El crítico es claro cuando dice: "No quiero demostrar nada con este libro, sino al contrario, quiero enriquecer mi sensibilidad a través de lo que dicen las películas que están consignadas en este libro, lo que es completamente distinto".