Los Kohl en guerra

Multimedia.
El coreógrafo austriaco Johann Kresnik.
El coreógrafo austriaco Johann Kresnik. (DPA)

Ciudad de México

El coreógrafo austriaco Johann Kresnik tiene ahora 75 años. Ha sido siempre una suerte de demonio en los escenarios. Lo recuerdo preparando el montaje de La Malinche de Víctor Hugo Rascón para el Cervantino de 1998. Estaba en el foro, sucio y con los cabellos revueltos, sentado sobre una caja de cervezas. De vez en cuando sacaba una y la bebía, mientras sus actores correteaban en cueros, se tiraban en un charco de lodo, se desbarrancaban entre las butacas. Era un desmadre orquestado. Por supuesto, su montaje resultó de escándalo.

Pero sin duda fue peor el escándalo que armó en Alemania 10 años atrás con su puesta en escena de Hannelore Kohl, un espectáculo sobre la esposa del ex canciller Helmut Kohl. A la altura de sus violentos arrebatos, la crítica local calificó los resultados de sus afanes como un “escándalo por debajo de la cintura” o “teatro retrete de los sentimientos”.

No era para menos. Alérgica a la luz, encerrada en la oscuridad durante 15 meses, Hannelore se suicidó en 2001 a los 68, en el contexto de una agria polémica desatada al descubrirse el financiamiento de Kohl a su partido con fondos gubernamentales. Obligado a dejar el poder luego de 16 años en el gobierno, el ex canciller se hundió durante años en el silencio y la soledad. Reapareció en 2005 para recibir un homenaje por sus 75. Se dejó ver durante los festejos en compañía de una atractiva mujer, Maike Richter, 34 años más joven. La pareja formalizó su unión en 2008, a pesar del enojo de los hijos de Kohl, Walter y Peter. Ya en 2002, luego de la muerte de su madre, Peter había escrito un libro, Hannelore Kohl, pleno de reproches contra su padre. Le echaba en cara sus adulterios frecuentes y lo culpaba de la muerte de Hannelore por haberla dejada sola durante largo tiempo.

El año pasado los hermanos Kohl reeditaron el volumen, en el que describen a Maike como una bruja que se apoderó de la vida de su padre, de quien habría sido amante mientras su madre vivía aún. Desde entonces los Kohl andan tirándose de los cabellos. Se acusan unos a otros de haber llevado al abandono y a la muerte a Hannelore. Ahora el pleito comienza a salpicar a otros, más o menos inocentes. Maltrecho, en silla de ruedas y sufriendo las secuelas de un grave accidente, Kohl ha estado publicando sus memorias de vez en vez. Pero ahora ha perdido el control de su vida. Acabó peleado con Heribert Schwan, el periodista que le brindaba su ayuda para redactar sus recuerdos en los días cuando Hannelore se suicidó y Peter publicó su libro. Schwan trae ahora a Alemania de cabeza. Se habría apropiado de unas 600 horas de grabaciones y ha comenzado a difundir el contenido de las cintas, en las que se escucha a Kohl asegurando que la canciller Ángela Merkel no sabía comer con cuchillo y tenedor.

Pero sin duda hay más. Muchos están ahora en espera de sus impresiones sobre los que fueron sin duda los peores momentos de su agitada vida.

 

*Profesor-investigador de la UAM-Iztapalapa