Joan Baez: una voz que el tiempo ha consentido

Con un repertorio de grandes canciones, como "Blowing in the Wind", "Joe Hill", "Diamonds and Rust" y "Gracias a la vida", la cantante se presentó por primera vez en México.
A capela, Joan Baez finalizó su concierto con “No nos moverán”.
A capela, Joan Baez finalizó su concierto con “No nos moverán”. (Chino Lemus/Cortesía OCESA)

Ciudad de México

"Vivimos en un mundo donde las apuestas no están a nuestro favor, están en contra de cualquier pensamiento racional", había dicho días antes en entrevista con Milenio la cantante y activista Joan Baez, quien la noche del martes se presentó en el Teatro Metropólitan. Y aunque fue su primer concierto en la tierra de su padre, no hubo tumultos, ni portazo o revendedores tratando de hincar el colmillo con un boleto a precios exorbitados (más bien querían rematarlos).

El pensamiento racional de Baez, y una voz que el tiempo ha consentido, no tuvieron signo de pesos, pues hubo escasos vendedores de playeras, llaveros y discos piratas, pero en el escenario abundó un arte refinado para construir una noche de grandes canciones y muchas emociones. Canas, por supuesto, hubo muchas, tanto en la cantante como entre el público, pero también una cascada de canciones, emblemáticas muchas, efectivas casi todas, que nos enfrentaron con nuestra realidad colectiva e íntima.

La figura solitaria de Baez emergió en el escenario y con su guitarra inició una relación largamente aplazada con el público mexicano con la canción "God Is God". Siguió "Farewell Angelina", de Bob Dylan, alguna vez su pareja, a quien calificó como "el mejor compositor de mi época". Y al escuchar su hermosa versión, uno recuerda lo que afirmó días antes: "Dylan nos dio la mejor música que siempre tendremos en nuestro arsenal".

El arsenal incluyó "Lily of the West", canción folclórica irlandesa con su historia de amor trágica que también grabaron Dylan y otros, seguida por "La llorona". Algunos tropezones con la letra, denotaron, como en otras piezas en español, su dificultad para recordar los textos completos. Cantó sobre los inmigrantes mexicanos, que "no serán reconocidos bajo ningún hombre, salvo deportados", en la canción "Deportee", de Woody Guthrie.

"Joe Hill", una loa al inmigrante sueco Joel Emmanuel Hägglund, gran activista de los derechos de los trabajadores, arrancó muchos aplausos. Algunos deben haber recordado su versión en el Festival de Woodstock, dedicada a su marido, preso por no cumplir con su servicio militar y evitar ir a Vietnam.

Recordó que en alguna ocasión acompañó a Martin Luther King en una de sus marchas por la integración racial y le pidieron que despertara al doctor que dormía. La cantante no se atrevía, así que le cantó "Swing Low Sweet Charriot". King sólo se volteó y le dijo: "Creo que escuché el canto de un ángel, Joan".

Otra gran ovación despertó su composición "Diamonds and Rust", una de las más exitosas de su carrera. Su voz claro trajo a la mente aquellas sensaciones que pueden hacernos perder el sueño: "Me lleva.../ Ahí viene tu fantasma otra vez./ Pero no es inusual/ es sólo que es luna llena".

Baez recordó a César Chávez y las marchas con los trabajadores indocumentados, así como el hecho de que en toda ocasión cantaban "De colores", una canción a la que describió como "feliz" e interpretó en estilo country.

Lo mismo interpretó la canción folk "The House of the Rising Sun" (que popularizaran The Animals) que dos piezas brasileñas, una de ellas llamada "María Bonita", que no tiene que ver con la de Agustín Lara, y rematar con una versión desangelada de "Gracias a la vida", de Violeta Parra, por las constantes fallas en la letra en español y cierta falta de coordinación entre sus músicos (que el resto del concierto fueron impecables).

El espíritu de Dylan salió al quite por medio de "Blowing in the Wind", himno generacional que fue recibido con gritos y aplausos como un digno final de concierto. El encore incluyó "Imagine" de John Lennon y una versión de "The Boxer", de Paul Simon. El título nos hizo pensar que Joan Baez, con 73 años de edad y una larga y agitada carrera en la música y el activismo político, no sólo aguanta los asaltos reglamentarios, sino que da buena pelea y gana por nocaut.

Como coda, una versión a capela de "No nos moverán", el canto que desde la guerra civil española se convirtió en símbolo de la lucha por la liberación de los pueblos. Muchas voces en el público se unieron al canto que cerró una noche de este encuentro con México que, prometió la cantante, no será el último.