Para ser inmortal hay que morirse a tiempo

Musicópata.
Jim Morrison
Jim Morrison

Ciudad de México

Si aún estuviera vivo, Jim Morrison, el legendario cantante de Los Doors, estaría cumpliendo hoy 70 años de edad. Como todos los artistas que mueren de forma inesperada cuando su carrera está en la cima de la popularidad, Morrison quedó congelado para siempre en la mente del público como un joven de 27 años. Sus restos están sepultados en París en el famoso cementerio Pére Lachaise donde también reposan otras figuras legendarias de la música como Chopin, Bizet, Rossini, María Callas y Edith Piaf.

A pesar de que han pasado ya 42 años desde que murió el llamado Rey lagarto, todavía hay muchas incógnitas abiertas en torno a las circunstancias que lo llevaron a la tumba. La versión oficial dice que murió en la tina de baño de su departamento en París a causa de un paro cardíaco. Sin embargo, evidencias sugieren que Morrison murió en los baños del Rock and Roll Circus, un club nocturno parisino, por sobredosis de heroína. Esta versión se sustenta en declaraciones de testigos como Sam Bernett, periodista y gerente del Rock and Roll Circus; de dos traficantes que esa noche le vendieron heroína a Jim, y de un médico que se encontraba en el club.

Bernett escribió un libro en el que expone detalles de lo sucedido. Según él, la noche del 2 al 3 de julio de 1971 Morrison entró al baño del club después de haber ingerido una buena cantidad de vodka y cerveza, y de haber comprado heroína para compartirla con su novia Pamela Courson. Alertado de que algo anormal pasaba en los baños, Bernett forzó la puerta y encontró al cantante sentado, con la cabeza entre las rodillas y los brazos colgando. Su cara estaba gris. Tenía los ojos cerrados. De su nariz salía sangre y espuma blanca le brotaba de la boca.

Bernett y los vendedores de droga sacaron el cuerpo por la puerta de atrás. No se dio aviso a la policía. Bernett se quedó en el club y los otros llevaron el cuerpo al departamento del cantante. Ante la mirada de su novia trataron de reanimarlo, sumergiéndolo en la tina llena de agua caliente, pero Morrison estaba muerto.

Después de limpiar el departamento para borrar todo rastro de estupefacientes, llamaron a la policía. El parte oficial dijo que Jim había fallecido por “causas naturales”. Se dispensó la autopsia y eso provocó que jamás se supiera la verdadera causa del fallecimiento. Fue enterrado con prisa en Pére Lachaise donde su tumba es motivo de peregrinación constante de miles que lo siguen considerando uno de los mejores cantantes de todos los tiempos y el prototipo de la estrella del rock: sexy, carismático, misterioso, huraño y escandaloso.

Si viviera, Morrison estaría apagando hoy 70 velitas. Es difícil saber si su leyenda tendría el mismo interés si no hubiese muerto joven y en la cima de la popularidad. Abundan ejemplos de grandes estrellas que han perdido su brillo porque han logrado sobrevivir más allá de su momento de gloria. Otros han preferido la gloria antes que la vida. Es triste reconocer que, para ser inmortal, hay que morirse a tiempo.