“Todo lo que hago proviene de la poesía”: Jennifer Clement

Como buena lectora de Shakespeare, Sylvia Plath, Jorge Luis Borges y Yeats, la escritora estadunidense sabe que ahí se descubren los recovecos de la lengua y la metáfora.
Gamboa
(Juan Carlos Bautista)

Ciudad dEMéxioo

“Lo primero es la poesía”, dice Jennifer Clement. Como buena lectora de Shakespeare, Sylvia Plath, Jorge Luis Borges y Yeats, la escritora estadunidense sabe que ahí se descubren los recovecos de la lengua y la metáfora. Sabe también que una novela que aborda un asunto social debe humanizar al máximo la trama y los personajes. Tal es el caso de Ladydi,novela ganadora del Sara Curry Humanitarian Award, en la que narra la vida de una comunidad guerrerense donde las mujeres son moneda de cambio del crimen organizado.

Su novela obtuvo el premio Sara Curry Humanitarian Award debido a su compromiso social. ¿Percibe en el exterior una sensibilidad especial respecto a lo que sucede en México?

Hay un enorme problema de tráfico de mujeres en Estados Unidos, y voy todavía más lejos: está en todo el planeta. Aun así me sorprende la reacción del mundo. Ladydi ya se ha vendido en muchos países.

Es un libro que escribe durante su periodo como presidenta del PEN México, gestión en la que puso énfasis en la violencia generada por el narcotráfico.

En parte, sí. No obstante, antes de ser presidenta del PEN ya estaba interesada en lo que sucedía con las mujeres en las comunidades donde no había hombres. Incluso entrevisté a varias de ellas. Lo del PEN vino después, pero se relacionó en tanto que me llevó a zonas rurales del país. En realidad, la escritura me tomó diez años divididos en diferentes etapas.

Hay un interés particular por mostrar detalles que inyecten vitalidad a la novela, incluso por encima de la investigación documental y de campo que pudo haber implicado.

Es interesante que lo menciones porque abordo el tema desde la poesía. Cuando entrevisto a alguien o voy a una comunidad veo todo desde el punto de vista de la poeta, por eso siempre observo el detalle y busco la metáfora. No sé cómo sea con otros escritores pero en mi caso hay un interés real sobre la manera en cómo conviven lo divino y lo profano; la belleza y la fealdad; la violencia y el amor. Desde luego que la parte social me interesa, aunque debo reconocer que nunca fue mi intención escribir una novela de denuncia. En principio solo quería escribir sobre un tema que me atrapa y duele, por eso es una especie de réquiem.

¿En verdad no era su intención hacer una denuncia? Es un tema de coyuntura social, política y de derechos humanos.

Lo sé, pero quería abordarlo de manera personal y cotidiana. Ahora que veo las reacciones, entiendo que en México hace falta tratar el tema desde la perspectiva de la mujer. Es terrible saber que en ciertos lugares del país lo peor que le puede pasar a una niña es ser bonita. Quería mostrar el dolor que sienten las mujeres al perder a sus hombres. Para mí es algo muy fuerte. Rita, la madre de Ladydi, dice en un capítulo de la novela: “vivir sin hombres es como dormir sin sueños”. Por eso las mujeres se emocionan cuando los maestros llegan a hacer su servicio social. Realmente me interesaba explorar el dolor que supone no tener la protección del hombre, aunque, por supuesto, hay un sesgo de protesta social al denunciar la poca protección que ellas padecen. Por ejemplo, es más grave que te roben tu coche a que te roben a tu hija. Sin embargo, también hay un llamado a crear un mundo más amoroso en México entre hombres y mujeres.

La ausencia de la figura masculina es real en lo físico, pero pone énfasis sobre todo en  la carencia afectiva.

Justo lo que más me importa es la carencia afectiva. A ellas les duele saber que sus esposos se fueron a Estados Unidos y que allá formaron otras familias; o que los mataron. Quise explorar esa cuestión desde la perspectiva de las comunidades que se conforman únicamente de mujeres.

¿Cómo convive esa angustia con el machismo?

No sabría responderlo porque no soy socióloga. Mi forma de abordarlo es a través de la ficción. Es un problema muy grave y no exclusivo de México. La novela me ha demostrado que la figura femenina está devaluada. Una de las imágenes que más me impactaron mientras escribía la novela tuvo lugar en la cárcel. Mientras que para visitar a los hombres presos las filas son inmensas, para ver a las mujeres son pequeñísimas. Es un fenómeno aparentemente mundial. Lo que sucede con las prisioneras es un buen ejemplo para apreciar el poco valor de la mujer.

Pienso en los sentimientos de venganza que brotan en la novela y que quizá puedan ser leídos como reivindicativos.

La madre de Ladydi tiene un enorme interés por la venganza y en momentos la lleva a cabo. Su venganza es la que ejercen las personas sin poder. Cuando Ladydi se orina en el taxi o cuando Aura pone veneno de rata en el café de los narcos, vemos más que reivindicaciones románticas, actos de venganza llana.

Escribe en inglés. ¿Qué tan difícil le resultó llevar los localismos e incluso los corridos a este idioma?

La crítica sajona ha destacado que mi inglés es especial porque tiene la sombra del español a su alrededor. Algo curioso —que quizá tiene relación con la circunstancia de escribir en inglés y vivir y narrar sobre México— es lo que W. S. Merwin, un gran poeta, dijo sobre mi primer poemario: “Es una escritora particular porque escribe en inglés pero sueña en español”. No somos pocos quienes experimentamos estos fenómenos. El mismo Salman Rushdie escribe sobre la India en inglés.

¿Escribe pensando en un lector sajón?

Escribo para mí. Hay autores que hablan de lectores imaginarios pero no es mi caso. Siempre escribo el libro que me gustaría leer.

Pero el efecto de la novela es distinto. Mientras que en México estamos más familiarizados con el asunto que aborda, en Inglaterra o Estados Unidos puede parecer más revelador.

Entiendo a lo que te refieres. En seis semanas la novela se ha vendido en treinta países. Acabo de estar en Finlandia y ya tuvieron que hacer una reimpresión pero no por México, sino por la universalidad del problema. Allá me reuní con ONG’s  para hablar de la trata de mujeres rusas. En Nigeria lo acabamos de ver con las niñas, es decir, las historias son diferentes pero suceden en todas partes. En Estados Unidos, insisto, es algo terrible, tan solo en Atlanta 300 niñas al mes se exponen al tráfico sexual.