Hay que reconstruir todo el sistema judicial, advierte Jean Meyer

El investigador señala que la debilidad del Estado es impresionante, pero que un cambio de partido en el poder no serviría de nada.
“¿Es que ya no hay Estado, o es que hay un Maquiavelo que quiere que cunda esa violencia para después poder reprimir? No lo sé”.
“¿Es que ya no hay Estado, o es que hay un Maquiavelo que quiere que cunda esa violencia para después poder reprimir? No lo sé”. (Octavio Hoyos)

México

Por su importante obra, Jean Meyer Barth (Niza, Francia, 8 de febrero de 1942) recibirá la próxima semana el premio Daniel Cosío Villegas 2014 a la Trayectoria en Investigación Histórica sobre México Contemporáneo, otorgado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México.

El investigador dice a MILENIO que recibe el galardón con mucho gusto y con una enorme gratitud, en medio de la difícil situación por la que atraviesa el país. Sobre ésta dice que la debilidad del Estado mexicano es impresionante.

¿Cómo entender lo que vive México?

Espero que el dicho popular de que "no hay mal que por bien no venga" se concrete, y que la tragedia de Ayotzinapa implique una toma
de conciencia de nuestros dirigentes políticos. Que se olviden de sus reformas queridas, energéticas, laborales y políticas; que se den cuenta de que somos un Estado sin derecho, que la debilidad del Estado mexicano es impresionante y que, por donde se debe empezar realmente, es por la reconstrucción total de nuestro aparato judicial.

"Un amigo italiano me decía que en su país, en los peores años de la mafia, los sicarios no mataban políticos, estudiantes o militares: mataban a los jueces italianos porque eran incorruptibles. En México, nuestros jueces dan amparo a los criminales.

"Lo otro es construir una policía que no tenemos. El gobierno creó una Gendarmería, pero son 5 mil elementos, cuando la gendarmería francesa, que sería el modelo a seguir, tiene 100 mil hombres para un país de 60 millones de habitantes; México es dos veces como Francia, por lo que necesitaría una gendarmería de 200 mil elementos.

"Un cambio de partido en el poder no serviría de nada: el PRD está muy relacionado con lo que ha pasado en Guerrero; el PRI, que regresaba al poder, no ha entendido nada, y el pobre del PAN, pues espero que no se esté desintegrando porque lo necesitamos. La realidad es que necesitamos a estos tres grandes partidos".

Hasta los obispos cuestionaron que en México las personas viven sometidas por el miedo, indefensas ante el crimen y la corrupción.

No solamente los obispos: el papa Francisco en persona, como latinoamericano, como cabeza de la Iglesia católica, también se ha manifestado. Pero el problema de la violencia es latinoamericano: como ejemplo están Argentina, Chile, Uruguay y Brasil —en esta última nación las cifras oficiales reportan 12 mil delincuentes asesinados—. En tonces hay una dimensión continental; no sé qué es que lo que tenemos en el alma que, siendo naciones supuestamente de las más cristianas del mundo entre católicos y protestantes, somos de los países más asesinos del mundo.

Una de las manifestaciones ha sido el repudio a la violencia, pero también se pide la renuncia del presidente Enrique Peña Nieto...

Esto es absurdo; yo no voté por Peña Nieto, pero solo nos faltaba meternos en este momento en campañas para elecciones presidenciales, porque a todos los políticos y a los partidos se les olvidaría la urgencia de resolver la impunidad y la violencia, y lo único que les importaría entonces sería ganar la elección.

¿Las marchas por las desapariciones y el movimiento de las autodefensas son indicios de una nueva revolución?

No creo. Yo tuve muchas esperanzas en el movimiento de las autodefensas, pero por desgracia el gobierno hábilmente lo destruyó por completo al meter a la cárcel a los inconformes, al cooptar a los otros y transformarlos en policías tradicionales que no van a tardar en corromperse (aprovecho para señalar que el doctor Mireles, el fundador de las autodefensas, sigue en la cárcel en Sonora, esperando un juicio que no viene, otra vez, por el problema de nuestro sistema judicial).

"En cuanto a las marchas, las entiendo porque yo como estudiante marché mil veces. Lo que no acepto y contra lo que estoy —y no son los estudiantes los culpables— es la violencia, que quemaran la puerta de Palacio Nacional, así como el Congreso de Guerrero y la biblioteca con sus archivos judiciales y financieros, los cuales permitirían demostrar los pecados y la corrupción de nuestros dirigentes. Un movimiento que quema libros es algo espeluznante; la quema de libros es señal de la barbarie más absoluta. Los nazis quemaron libros, y eso no nos lleva a la revolución.

"A veces me pongo a pensar: ¿cómo no hubo un solo policía para impedir esas cosas? ¿Cómo es posible que durante media hora unos 50 hombres intentaran quemar la puerta Mariana de Palacio Nacional sin que ninguna autoridad interviniera? ¿Es que ya no hay Estado, o es que hay un Maquiavelo que quiere que cunda esa violencia para después poder reprimir? No lo sé.

"Todos estos planteamientos son preocupaciones de un padre de familia y un abuelo que tiene a sus hijos y sus nietos en México, y al que como ciudadano le importa mucho lo que pasa en este país".