“Si chingan al país, que se purifiquen apoyando al arte”: Jazzamoart

Francisco Javier Vázquez Estupiñán nació en Irapuato, en 1951. Motivado por la influencia del jazz en su vida, en 1974 inventó el pseudónimo Jazzamoart con el cual firma su obra desde entonces.
Francisco Javier Vázquez Estupiñán, mejor conocido como Jazzamoart.
Francisco Javier Vázquez Estupiñán, mejor conocido como Jazzamoart. (Arturo Bermúdez)

Ciudad de México

En su nombre lleva la penitencia, Jazzamoart es un artista que no se puede entender sin la música. Alguna vez Carlos Montemayor lo definió como el tercer artista más importante de Guanajuato, solo detrás de Diego Rivera y José Chávez Morado. Coleccionista y futbolero hasta la médula, actualmente expone La vuelta al balón en 80 mundos II, en el Salón dès Aztecas.

 

¿Por qué la pintura?

Ha sido mi forma de vida y de sobrevivencia. A los cinco años ya tenía mi taller, le ayudaba a mi papá a manchar los cuadros. Desde pequeño me salía a la calle a vender sus pinturas. Mi padre era pintor bohemio, borracho, personajazo. No niego que en algún momento me hizo odiar la pintura porque yo quería vivir bien y el arte solo nos permitía la aventura y a veces casi nos moríamos de hambre, pero ahora le agradezco mi formación infinitamente.

 

Su padre era pintor, bohemio y borracho. ¿Le heredó todo?

Un poco de todo, tal vez soy una versión más moderada de sus excesos. Si puedo superarlo en su locura, qué bueno. Mi padre, fuera de cualquier celo, siempre estuvo orgulloso de que lo hubiera superado.

 

¿Trabajó en otra cosa que no fuera pintura?

Vendí revistas y periódicos en puestos de usado; le ayudé a mi padre a hacer aparadores. También, como Pito Pérez, hicimos un cajón de chácharas que vendíamos de casa en casa.

 

¿Es chacharero?

Durante mucho tiempo coleccioné músicos, balones, máscaras..., en fin de todo un poco. Me falta espacio y en los cambios de casa he perdido cosas. Antes iba a La Lagunilla. Ahora sobreviven mis balones, discos, libros, cosas taurinas y pintura.

 

¿Entre sus compradores figuran políticos?

Sí, alguno que otro. Debo reconocer que los pocos políticos que se han acercado a mi trabajo son priistas. Con los panistas no he tenido suerte, no sé si por mochos, y de perredistas tampoco no me acuerdo. Es decir, los priistas pueden ser igual de cabrones pero cuando menos compran arte.

 

¿Quién le ha comprado?

Hace poco estuve en una exposición en la Cámara de Senadores. Emilio Gamboa y José Ascención Orihuela me compraron. Si apoyan al arte, quienes chingan a este país se purifican un poco.

 

Qué me dice de Pablo Escobar, que tenía buenas colecciones de arte…

Sí, solo le faltó tener un Jazzamoart, entonces sí se hubiera salvado.

 

¿De qué lo ha curado el arte?

De casi todo, actualmente me salvan el arte y el amor.

Ahí incluye la música…

Sí, es parte de mi vida y del alimento que necesito para estar completo. Soy músico, no me considero profesional pero tampoco aficionado. Soy melómano y si no pudiera pintar como lo hago me gustaría tocar como pinto.

 

¿Cuántos discos hay en su colección?

No sé, no los he contado, pero sí hay buenas cosas. Mi disco para una isla desierta es Kind of blue de Miles Davis; luego está también el Free Jazz de Ornette Coleman, cuya portada fue Pollock.

 

Su trabajo le debe mucho a Jackson Pollock…

Es otra de mis grandes influencias no solo por la pintura, sino por su manera de vivir. Aunque no espero estrellarme en el coche y tampoco llegar a su grado de alcoholismo. Tengo otras embriagueces más fructíferas, como el arte o la amistad, claro que de pronto hay que empedarse y es muy saludable.

 

El primer disco de jazz que compró fue…

Seguramente Toma cinco de Brubeck, es el camino para empezar. Durante mucho tiempo lo odié por lo choteado pero sin duda es una pieza emblemática. Si alguna vez me inyectara algo sería música de jazz.