Javier de Villota, arte para no olvidar la represión

La serie de dibujos 'Los Grises', que narra la represión policial de la dictadura franquista, se presenta este jueves en el Memorial 68 del Centro Cultural Tlatelolco.
Pieza de la exposición 'Líneas de la No Libertad', de Javier de Villota
Pieza de la exposición 'Líneas de la No Libertad', de Javier de Villota

México

El artista Javier de Villota (Madrid, 1942) trabajaba como profesor universitario durante el movimiento libertario de 1968. Pero en la España de aquellos años todavía se vivía la represión de la dictadura  franquista. En paralelo a la obra abstracta que exponía en las galerías, el pintor realizó en la intimidad una serie testimonial bautizada igual que la policía armada de Franco.

El medio centenar de dibujos y los tres lienzos que integran la serie “Los Grises” permaneció oculta durante algún tiempo, pero siempre en propiedad del pintor y escultor. Y hasta hace algunos años comenzó a mostrarse en distintos espacios expositivos fuera de España. A partir de este 21 de mayo, la serie será exhibida en el Memorial 68 del Centro Cultural Tlatelolco como parte de la exposición Líneas de la NO Libertad, Imaginario de un Artista.

La selección de este espacio no es casualidad, pues la muestra pretende ser una lectura “de la memoria y la resistencia”, según el curador e hijo del artista, Alejandro de Villota. Para el también investigador del Museo Reina Sofía, estos dibujos funcionan como marco testimonial de la violencia ejercida en los últimos años de la dictadura, ya que “no hay imágenes apenas sobre 'los grises' disponibles al público".

La idea del curador es que las piezas expuestas reflejen la manera en que, en distintos países y distintas épocas, se ha ejercido la violencia y la autoridad. Por esa razón invitó a otros artistas para acompañar el trabajo de su padre: fotoperiodistas originarios de Chile que también trabajaron durante una dictadura; la de Augusto Pinochet en los años 70 y 80.

Para De Villota hijo, las fotografías y los dibujos se complementan, ya que las primeras aportan objetividad y un contexto informativo mientras que los segundos ganan en experiencia estética. “Lo que queremos”, dice, “es que el protagonismo venga de las reacciones espirituales que los artistas efectúan en torno a estos procesos convulsos de la historia”.