Si estudias música te mueres de hambre, me dijeron: Javier Camarena

El tenor mexicano, especialista en el repertorio belcantista italiano, reflexiona sobre sus influencias y el éxito de su carrera e insiste en mejorar a su “dolido” México con educación artística.
El tenor Javier Camarena.
El tenor Javier Camarena. (Especial)

Ciudad de México

El cantante de mariachi es el alma de México. Es parte de nuestra cultura, algo que nos emociona y nos enorgullece. El último gran cantante de mariachi ha sido Vicente Fernández. ¿Qué pasará después de él? No lo sé. Es una estafeta difícil de tomar. Pudiera parecer fácil, pero no cualquiera puede hacer esas canciones bien. Necesitas un don, unas facultades para afrontar un repertorio que no es fácil para nada. A mí me emociona mucho cantar con mariachi. Mucho. Aunque yo siempre he estado más apegado al bolero, me gusta más y disfruto enormemente cantarlo. Si tuviera aquí al Flaco de Oro, ¡uff, lo que no cantaría con él! No hasta cansarme, no, ¡hasta que compusiera una canción para mí!".

Quien expresa lo anterior no es un cantante de boleros, ni de rancheras, ni de baladas, ni un músico pop. Es el tenor mexicano Javier Camarena (1979), uno de los tres únicos cantantes en la historia de la ópera contemporánea que pueden contar no solo que han subido en varias ocasiones a uno de los grandes templos de la ópera mundial, el Metropolitan Opera House de Nueva York, sino que en ese escenario han logrado ser aclamados a tal punto que ha tenido que volver a las tablas para hacer el bis de un aria en medio de una función, algo insólito que solamente le ha ocurrido, antes que a él, a Luciano Pavarotti y a Juan Diego Flórez.

Camarena ha formado en Madrid parte del elenco estelar de la ópera La hija del regimiento, de Donizetti, donde encarna al joven Tonio, en el montaje estrenado en el Teatro Real de esta ciudad bajo la dirección musical del italiano Bruno Campanella y el director escénico francés Laurent Pelly.

Para Camarena, llegar a este punto culminante en su carrera es el resultado de un trabajo que viene haciendo desde hace 20 años, cuando empezó la carrera de canto en su natal Xalapa, y más tarde en la Universidad de Guanajuato, donde se graduó en 2005. Después, en 2006, viajó a Suiza y ahí perfeccionó sus estudios con el maestro Francisco Araiza, el gran pilar de su éxito.

El tenor mexicano debutó en la Ópera de Zurich en 2007 y los siguientes años, reconoce en entrevista, "han sido de muchísimo trabajo, porque aunque en México se crea que es fácil el estudio de las artes, se trata de carreras muy complicadas, muy sacrificadas, exigentes y que precisan de muchísima disciplina".

Pero los resultados, siete años después de aquel debut, "se van viendo de forma más contundente ahora", dice Camarena,

"Yo hice mi debut en el Met en 2011 con El barbero de Sevilla, un debut muy exitoso, con un reparto increíble y una producción muy divertida. Después pasaron tres años hasta que volví a ese teatro en marzo pasado para cantar La sonámbula, de Bellini, y sabía que volvería en 2016 con Don Pasquale, de Donizetti. Pero entonces se dio la repentina cancelación del maestro Juan Diego Flórez de una serie de funciones de La cenicienta, de Rossini, y me llamaron a mí. Era un rol que me gustaba mucho y que disfrutaba haciendo, pero cuando lo representé jamás hubiera esperado una reacción tan espontánea, viva, estruendosa y sobrecogedora del público. Lo mejor fue la ovación, su incesante aplauso para hacer un bis del aria de Ramiro en el MET", relata.

El tenor mexicano recuerda que para su debut en el Met en 2007 ya había hecho medio centenar de funciones por toda Europa de El barbero de Sevilla, así que llevaba el personaje bastante claro y resuelto, y el público quedó muy satisfecho de sus primeras actuaciones.

"Después de aquel debut, me pidieron que hiciera audiciones para los directores artísticos del Met, y dije que sí, pero con la condición de que cantara lo que quisiera. Y aceptaron. Canté cosas fuera del repertorio de Rossini (Mozart, Donizetti y Nadir) y a las dos semanas me llegaron tres contratos para volver a cantar ahí. Luego vino el gran éxito con La cenicienta, y los compromisos firmados con el Met han aumentado".

Con la mira puesta en lo que ha alcanzado, Camarena echa la vista atrás y reflexiona sobre el mundo cultural mexicano, sobre el sistema educativo de nuestro país, y afirma que quedarse en el pequeño círculo que compete a la ópera es limitarse demasiado.

"Nuestro país carece hoy día de una educación integral, que abarque mucho más el estudio de las artes como parte de la formación, como parte de una apreciación estética mucho más consciente. Hablamos no solo de música o de ópera, hablamos de pintura, ballet, literatura, que son poco valoradas por la población en general. Y no es algo a lo que estemos ajenos como cultura y como país. Si hablamos del caso particular del canto, los grandes ídolos que han marcado nuestra vida como mexicanos eran grandes cantantes: Pedro Infante, Jorge Negrete, Pedro Vargas, Vicente Fernández. No estamos ajenos a ello, es parte de nosotros. Pero a mí me pasó: cuando dije que quería estudiar música mucha gente me dijo que me iba a morir de hambre. Y yo dije que sí, que tal vez, pero que iba a estar feliz haciendo lo que quería".

La cuestión es, subraya Camarena, que la gente que quiera dedicarse al arte, siempre se topa con una especie de barrera ideológica del poco valor que se le da a su estudio.

"Y eso es algo que tiene que infundirse desde edad temprana. Veo los festivales que hacen en las escuelas, y sé que las maestras hacen su mejor esfuerzo, pero solo ponen a los niños a bailar reguetón y cosas así. Y dices: ¿qué onda? Antes al menos hacíamos Cri-Cri, que no estaba mal, porque fue un gran compositor, con gran versatilidad y composiciones muy bellas con instrumentos orquestales. Pero yo veo en otros países que hacen cosas con los niños que, aunque son muy simples, tienen como fondo musical temas como "La habanera" de la ópera Carmen. Y es lo único que hacen, pero la diferencia que hay es que esos niños jamás se van a olvidar de ese tema, y quizá eso le lleve a muchas otras cosas. En México falta esa parte que integre más cosas en nuestra educación y no solo un librito de texto que te embarra tantito. Yo sé que nuestra situación es muy difícil, pero de alguna manera se tienen que acomodar las piezas en el rompecabezas para que la situación en nuestro país mejore. Un músico dijo: ponle a un chico un instrumento musical en las manos y jamás va a agarrar un arma. Eso da a la persona otras cosas, otra sensibilidad que va a hacer la vida bella".

Desde la distancia, ya que ahora vive en Zurich, a Camarena sigue doliéndole México por la violencia, por la corrupción, que es lo que destacan en los medios de comunicación internacionales.

"Es duro. Yo tengo a mi familia allí y es lo que les toca vivir y eso desde luego preocupa. Pero no sé si sea mucho o poco, pero yo lo que puedo hacer es seguir dando lo mejor de mí con lo que me toca hacer, y dar cuenta de que se pueden hacer cosas si uno se lo propone. Se puede mejorar, se puede salir adelante, se puede triunfar. Nosotros como mexicanos tenemos esa madera preciosa que necesitamos tallar a base de esfuerzo. Y todos estamos hechos así. Por más que por todos lados te bombardeen para hacerte creer que no, no es cierto. Y hace falta ese despertar, creo yo. Decir: ¿por qué no? Yo soy relativamente activo en las redes sociales y hay gente que me dice que al verme los motivo, que quieren echarle ganas. Y ese también es un aliciente para mí. Y es mi granito de arena".

Cambiando de tercio, en el terreno estrictamente musical, Camarena destaca que su inspiración y ejemplo lo ha encontrado en su mentor: el maestro Francisco Araiza.

"Sin lugar a dudas es una de las grandes influencias que he tenido en mi quehacer artístico. Es uno de los grandes cantantes del repertorio belcantista. Su ejemplo es el que está más presente en mí. Desde luego también el maestro Ramón Vargas, quien también es una de mis referencias. Es un gran cantante, un gran técnico y un muy buen intérprete. Y mi máximo es el cantante alemán Fritz Wunderlich, mi favorito".

En el terreno de los compositores, Camarena se decanta por Mozart, las canciones de cámara de Beethoven, y Bellini, Donizetti y Rossini, los que más se acercan a sus posibilidades vocales y donde se siente cómodo.

"Me he decantando por el estilo belcantista, y va ampliándose poco a poco con algunas otras óperas que tienen otras exigencias para la voz y cuentan con una parte dramática un poco más fuerte, para después pensar en un repertorio francés, y un Verdi, por ejemplo".

Respecto a otros estilos, como el barroco o la música vanguardista, Camarena comenta que se trata de especializaciones que van muy de la mano de las posibilidades vocales.

"Aunque sí es un repertorio que yo podría abarcar, mi especialización está en otra parte, en este caso en el repertorio belcantista italiano, con el que trabajo desde hace 10 años y en el que me ubico. Lo más temprano que he hecho ha sido algún oratorio de Niccoló Jommelli hace dos años en el Festival de Salzburgo. Pero es otra cosa completamente distinta. Hay compañeros a mi lado que están muy especializados en ese repertorio y conocen cómo hacer cadencias y variaciones, porque tiene su chiste. No es lo mismo cantar Timbiriche que José Alfredo Jiménez, valga el ejemplo".

Para Camarena, la evolución de la ópera y de la música va de la mano de la evolución del pensamiento. "Cada etapa va marcada por una etapa muy clara de la historia de la Humanidad, y hoy encontramos que nadie quiere hacer melodía. Sin embargo, de repente uno encuentra cosas contemporáneas muy hermosas. La Casa Ópera de Zurich se caracteriza por eso, porque estrena una ópera completamente nueva al año de algún compositor, principalmente suizo. Así que sigue habiendo ese deseo de crear ópera conforme a nuestros tiempos. Pero yo no estoy muy cerca de esa especialidad".

En cuanto a sus principios básicos y la forma de entender su instrumento, Camarena explica que parte del principio de que a diferencia de cualquier otro instrumento, todos los cantantes tienen, además, la palabra.

"Hay un mensaje mucho más directo de lo que se quiere expresar. Y debo creer en lo que canto y lo que digo para poder proyectar una emoción, una idea, un sentimiento. Y debo estar completamente compenetrado con ello, debo convencerme de lo que hace mi personaje, creer en eso. Luego viene la parte técnica de estudiar bien la partitura, la música, memorizar. Pero parto del principio de que tengo que comunicar algo, ya sea un aria o una canción de José Alfredo Jiménez, y que a partir de mí yo solo puedo decirlo así. Y eso es lo que me gusta buscar".

—¿Hay que tener en cuenta las propias limitaciones para no romper el instrumento; se debe ser consciente de que un exceso puede pasar factura?

"Sí. Se debe ser egoísta, en el sentido de que si tú no te cuidas nadie lo va a hacer, si no le das valor e importancia a tu instrumento nadie se la va a dar. Y si no eres consciente de tus limitaciones, nadie te las va a hacer ver porque estás aquí para satisfacer hambre del público y de lo que ellos quieren escuchar. El público nunca te va a decir que no, y aunque quizá algunas personas te dicen que te cuides, el público quiere escucharte, verte y que lo des todo en el escenario. Para eso estás. Así que la parte egoísta es saber cuidarse, decir en determinado momento que no puedes, que te sientes mal. Porque vas, te partes el queso, te sale mal y te crucifican. Y si te sale bien y sigue, ¿a qué costo? En ese sentido yo soy concienzudo, ya sea en la elección de repertorio o en la agenda de compromisos".

Los proyectos de Camarena a futuro pasan por México, a donde volverá en mayo de 2015 con una gira de galas y recitales por Torreón, Guadalajara y la Ciudad de México. En noviembre próximo debuta en el Liceo de Barcelona con María Estuarda, de Donizetti. Después viajará a Colombia, Munich, Viena, Argel, Valencia y Verona.

También tiene pendiente el lanzamiento de un disco titulado Serenata, grabado durante un recital que dio con el pianista Ángel Rodríguez con música mexicana de Agustín Lara, Consuelo Velázquez, Tata Nacho, Roberto Cantoral, Álvaro Carrillo y Armando Manzanero, quien le acompaña en dos temas. Y está en el trabajo de edición de un disco de 14 arias de ópera del repertorio belcantista, con piezas de Lucía de Lammermoor, Roberto Devereux, La hija del regimiento, El barbero de Sevilla, La cenicienta, Cosi fan tutte y Romeo y Julieta, acompañado por la Orquesta Sinfónica de Minería. Un Camarena en estado puro.