[Multimedia] Bajo el agua

Jacques Cousteau era reconocido como un ferviente defensor de la naturaleza, de la vida animal y en particular de la fauna marina; murió a los 87 años.
Del documental 'El mundo del silencio', de Jacques Cousteau y Louis Malle.
Del documental 'El mundo del silencio', de Jacques Cousteau y Louis Malle. (Especial)

Ciudad de México

Jacques Cousteau nada ahora en las aguas profundas del más allá. Larguirucho, esmirriado y narizón, murió en 1997 a los 87, reconocido como un ferviente defensor de la naturaleza, de la vida animal y en particular de la fauna marina. Era un héroe francés venerado por el mundo entero, respetado por su riguroso trabajo de investigación y documentalización fílmica. Un símbolo de la lucha por la defensa del planeta. Al menos así se le veía hasta ahora. Hoy día, sin embargo, anda en boca de todos.

Hay quien acaba de recordar como "una película repugnante, insoportable y asquerosa, un verdadero horror" uno de sus trabajos más celebrados en su momento, su documental El mundo del silencio, realizado con Louis Malle en 1956 y ganador de múltiples reconocimientos, el Óscar y la Palma de Oro del Festival de Cannes entre ellos.

Gérard Mordillat, un escritor y director fílmico francés, redujo a escombros la imagen de Cousteau hace unos días cuando difundió a través de su sitio web un devastador análisis de la cinta y del trabajo científico del oceanógrafo. Con sus filosos comentarios puso de cabeza a muchos de sus devotos, que salieron en su defensa. Pero lo peor es que nadie encuentra el modo de rescatar su sagrada imagen. Las escenas de la celebrada película hablan por sí solas y Mordillat las incluyó a modo de ilustración en su crónica.

Ahí, en El mundo del silencio, aparece un aguerrido submarinista montado como vaquero sobre una aterrada tortuga. Otros robustos integrantes del equipo de Cousteau hacen equilibrios sobre los quelonios. Otros más hacen estallar cartuchos de dinamita en las aguas, masacrando a centenares de peces. Las imágenes muestran a Cousteau como un depredador desesperado, empeñado en la destrucción de la vida marina. Grita a sus marinos, les ordena autoritario hacia donde dirigirse. Hacen luego pedazos a un cachalote con la propela de su barco, y lo rematan a tiros. Van después por un grupo de tiburones. Sin piedad los matan a arponazos, a palos, a hachazos. Finalmente, martillos en manos, arremeten contra los corales del fondo marino y terminan, jubilosos, cocinando una langosta espléndida bajo la mirada severa de su heroico comandante.

Ante las imágenes, que evocan las brutales masacres de los cazadores de pingüinos y ballenas, la polémica no se ha hecho esperar. Muchos se están preguntando por qué nadie cuestionó 60 años atrás tan salvajes atentados contra la vida marina. El oceanógrafo François Sarano, asesor científico de Cousteau durante 15 años, ha salido en defensa de la abollada estatua de su desaparecido comandante. Reconoce que las imágenes son en verdad brutales, pero asegura que son la prueba de que las mentalidades han evolucionado. Lo que haría falta en todo caso, dice, es otro documental que explique el contexto en que se emprendió la filmación de El mundo del silencio, una película que de cualquiera manera ha marcado con fuego a Cousteau.