Otros huesos extraviados

Escolios.
Los huesos olvidados.
Los huesos olvidados. (Especial)

Ciudad de México

Son los años treinta; para ellos, son los rabiosos tiempos púberes de todos los descubrimientos. Los dos jóvenes cursan la secundaria, el muchacho catalán es un poco mayor, lee a los clásicos anarquistas y participa en todas las revolturas políticas. El mexicano no es menos combativo, aunque añade a su militancia a favor y en contra de casi todo, una temprana vocación por la poesía. Son los amigos J. Bosch y Octavio Paz que, en su juvenil camaradería, descubren juntos lecturas, muchachas y causas políticas. La amistad se interrumpe abruptamente: tras un alboroto estudiantil, Bosch, el ingobernable y reincidente catalán, es deportado merced a su condición de extranjero. Al poco tiempo comienza la guerra civil en España, se sabe que Bosch se suma al frente republicano y algunos rumores decretan su muerte. Paz escribe una sentida “Elegía para un camarada muerto en el frente de Aragón” inspirada en su amigo y, al año siguiente, viaja a España al Congreso de Intelectuales Antifascistas. En un recital, a punto de leer la elegía, Paz vislumbra la figura fantasmal de Bosch, tratando de pasar desapercibido entre el público. Terminada la lectura, tienen un furtivo intercambio. Bosch, más muerto que vivo, le dice que es perseguido por sus propios correligionarios y le pide ayuda, quedan de verse al día siguiente, pero Bosch no acude a la cita y desaparece para siempre.

Los huesos olvidados, de Antonio Rivero Taravillo, es una pesquisa sobre la identidad que desarrolla esta anécdota verídica con un sólido sustento histórico y una mezcla de personajes reales y ficticios. Así, en los años noventa, Encarnación, una profesora que fue criada en un orfanato y descubrió azarosamente que era hija de Juan Bosch, viaja a México para entrevistarse con Octavio Paz y Elena Garro, en busca de las huellas de su padre. En una encrucijada de su propia vida, marcada por la orfandad y el abandono, Encarnación acude a la investigación histórica, a la memoria de los demás y a su propia intuición para reconstruir el pasado de su estirpe. Con esa información, elabora una hipótesis: Bosch regresa a España, participa en el frente de batalla, pero pronto se vuelve un personaje sospechoso, deserta, vive en la clandestinidad y considera como única vía de salvación, la posibilidad de regresar a México. En tanto, tiene una aventura erótica al calor de la trinchera y, de ella, surge la pequeña Encarnación, sin que él siquiera se entere. Cuando Bosch se encuentra con Paz, ya es espiado por sus perseguidores, quienes lo eliminan inmediatamente. Como una Antígona que quiere recuperar y sepultar los restos de su linaje, Encarnación busca recuperar la corporeidad de su padre. Las licencias son mínimas y, con una sobria administración de las emociones y una escritura limpia, el autor logra fundir el drama histórico con el drama personal y describir la autofagia de muchas causas políticas y el tormento de la identidad borrosa y la soledad.