Del catolicismo al Islam: musulmanes en México

Ya sea por problemas personales o por curiosidad, algunos mexicanos se convirtieron al Islam. Tan solo en la Ciudad de México, hay más de mil personas que pertenecen a esta congregación.
Iván González sosteniendo un Corán.
Iván González sosteniendo un Corán. (Tomada de Facebook)

Ciudad de México

Alejandro (Abdul Karim) Vásquez se convirtió al Islam hace 11 años. Cuando se cambió de religión, se fue de su casa dos semanas porque su esposa no recibió bien la noticia.

"Pensaba que me quería casar con cuatro mujeres. No fueron suficientes las palabras y sentí que tenía que darle un espacio", cuenta Alejandro en entrevista telefónica.

Su esposa lo aceptó de regreso, pero le prohibió rezar en casa. Dice que ahora ella se ha vuelto más tolerante, incluso le permitió educar a sus dos hijos, Alejandro y Omar Alí, dentro del Islam.

"Lo que le conflictúa mucho (a su esposa) es cuando vamos a la Dawa (a hacer difusión del Islam), le da mucho pendiente que la gente los comience a ubicar", dice Alejandro.

Algunas veces, cuando sale a las calles a difundir su religión vistiendo túnica o palestinas, la gente le escupe, le hace trompetillas y le dicen que se va ir al infierno e incluso ha recibido amenazas de muerte.

Él es un asesor informático de 33 años y dueño de su propio negocio. Era católico, celebraba Semana Santa, Navidad, comía puerco y salía con sus amigos. Ahora no toma alcohol y no sale demasiado a fiestas.

Un plática afuera de un centro de educación islámica en Miguel Ángel de Quevedo hizo que Alejandro se diera cuenta que los musulmanes no era terroristas, como él pensaba. Un hombre en ese lugar le explicó el Islam, reafirmó contradicciones y dudas que tenía en el catolicismo y decidió convertirse.

El nuevo estilo de vida de Alejandro distanció a sus amigos, quienes dejaron de hablarle luego de que rechazó varias invitaciones para ir a beber. Además, ya no reza en lugares públicos porque le dijeron que no podía hacerlo.

"En el Metro Hidalgo o Juárez los policías me sacaron, me dijeron que si me sentía mal de la cabeza". Dice que la gente lo veía extraño y que algunos pretendían no verlo y lo pateaban mientras estaba rezando.

Para rezar, Alejandro debe de hincarse en dirección a La Meca, ubicada en Arabia Saudita, al tiempo que su frente toca el piso mientras recita fragmentos del Corán.

Alejandro dice que a pesar de esas actitudes, la mayoría de la gente muestra interés cuando sale a volantear para difundir su religión, pues les pregunta qué saben del Islam y muchos "dicen que no saben nada".

"La gente me mira cuando salgo a la calle"

Maryam, es amiga de Alejandro. Al igual que él, participa en las labores de difusión del Islam. Dice que cuando va a la Feria de las Culturas Amigas a volantear la gente muestra interés, hace preguntas y es amable. No obstante, dice que siempre hay cierto rechazo por las personas, pues le temen a lo desconocido.

Ella trabaja como secretaria en una oficina gubernamental, en su trabajo hay gente que suele decirle "va a haber terrorismo aquí" pero los ignora. Para ella, no vale la pena "acercarse a una persona que sólo critica sin haberse puesto a leer".

Maryam usa pantalón y blusas de manga larga, cuando sale a la calle debe de usar un velo que le cubra el cabello. La gente, al verla, suele hacerle ademanes, alejarse de ella. "La gente me mira cuando salgo a la calle y luego una se queda con cara de '¿qué pasa?'".

Para Maryam, esas acciones no representan un peligro, sin embargo su familia se preocupa por su vestimenta, pues saben que ella tiene amigas a las que les han arrebatado o jalado el velo en la calle.

En su trabajo, ella no usa el velo porque no le gusta dar explicaciones. "La gente te pregunta si estás enferma, si te pasa algo y es pesado estar dando esas explicaciones".

Ella se convirtió al Islam en 2011 porque el catolicismo le parecía demasiado confuso. Su primer contacto con esa religión fue por internet, pues sentía curiosidad y quería saber más al respecto, así que comenzó a investigar por ese medio.

La razón principal por la que cambio de religión fue porque tenía problemas personales. Ella no habla de ello, pero dice que alguien le preguntó si no tenía temor de Dios y que esa pregunta la hizo darse cuenta de que su vida tenía que cambiar, que tenía que seguir al Islam.

Tras los atentados de París, ella dice que el trato de las personas no han cambiado, que en lo que cabe siguen siendo amables. Para Maryam, la gente que realizó los ataque en París son personas que su conocimiento del Islam no tiene una base y que sólo buscan hacer daño.

"El Corán es un poema completo"

De acuerdo con el Panorama de las Religiones 2010 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), en México hay 3 mil 760 musulmanes, de los cuales mil 178 viven en la Ciudad de México. En ese año, el Inegi reportó que en Nuevo León había 126 musulmanes.

Uno de ellos es Tarek, periodista y actor nacido en Egipto que llegó a México hace cuatro años por invitación de su esposa, a quién conoció por internet.

Dice que el mayor problema que enfrentó al llegar a Monterrey fue ser aceptado por la familia de su esposa.

"¿Cómo te vas a casar con un musulmán? Tú quieres uno de la religión de nosotros (adventistas)", le decían a ella antes de la boda.

Tarek dice que la comunidad islámica en Monterrey está formada por pakistaníes, jordanos, libaneses, sirios y argentinos.

Iván González, quien también vive en Monterrey, se convirtió al Islam hace tres años, luego de una búsqueda espiritual que duró 10 años y en la que estudió el judaísmo, el budismo y taoísmo.

Lo que lo convenció fue "el mensaje sencillo y profundo del Corán, un poema completo desde el inicio hasta el final".

Cuenta que cuando las personas se enteran de su religión le dicen de broma que es talibán, pero él lo ve como una excusa para hablar sobre su religión.

"Uno como musulmán tiene la obligación de enseñar lo que en verdad es el Islam", dice, sobre todo ante hechos como los atentados en París, que no hacen más que despertar miedo entre las personas.

Cuando reza en la calle, la gente lo señala, unos dicen "mira, terroristas", otros piensa que "está haciendo yoga".

Iván dice que es normal llamar la atención cuando uno reza en lugares como los parques, pues la gente no esta acostumbrada a ver a alguien hincado, subiendo y bajando el dorso mientras repite oraciones, sin embargo, para él ese asombro que causa en las personas es una forma más de dar a conocer el Islam.

Ni Tarek ni Iván se sienten discriminados, a pesar de ser señalados como terroristas. Iván ve en ese tipo de comentarios la oportunidad de aclarar las dudas que hay entre la mayoría de la gente sobre lo que es el Islam y qué significa ser musulmán.