Intimidad, dolor y poesía en el adiós a Gelman

Su nieta Macarena llegó ayer a México para reencontrarse con su abuelo, aunque no como ella hubiera deseado; él tardó en hallarla 24 años.

México

Cuando el frío arreciaba, se estacionó un automóvil negro sobre la calle de General Prim, con placas diplomáticas, de donde salió una mujer con los ojos enrojecidos: después de más 12 horas de viaje, Macarena Gelman García se reencontró con su abuelo, Juan Gelman, aunque no como ella había deseado. Venía a despedirse.

Durante casi 24 años la había buscado el poeta y periodista: en 1976, la dictadura militar argentina desapareció a su padre, Marcelo, y a su madre, ya con seis meses de embarazo; en el 2000, nieta y abuelo tuvieron su primer encuentro, pero decidieron mantener con cierta discreción todo lo que vino después, por lo que su llegada a la agencia funeraria resultaba un tanto emotiva, emblemática de las noches de insomnio de Juan Gelman.

Faltaban unos 20 minutos para las cuatro de la tarde. De lo que sucedió al interior de las salas 1 y 2 de la agencia García López ya nada se supo, porque la familia del escritor y colaborador de MILENIO había decidido que el funeral sería íntimo, solo para los familiares y amigos.

“Los últimos días los pasó bien”, contaba Paola Estefanie La Madrid, la hija que el poeta había adoptado hace 25 años, cuando decidió quedarse en México para vivir con Mara. “Estuvo cuidado, superatendido, con su familia, como él quería. Se hizo todo lo que él pidió. Juan estuvo casado 25 años con mi mamá, para mí era mi papá; se fue muy tranquilo, en su casa, amorosamente”, expresó.

Estuvieron Hugo Gutiérrez Vega, Marco Antonio Campos, Eduardo Lizalde, Margo Glantz, Paco Ignacio Taibo II, Cristina Pacheco, José Ángel Leyva, José María Espinasa, Federico Campbell, Phillipe Olle-Laprune y Myriam Moscona, además de la titular del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), María Cristina García Cepeda, quien aseguró que la familia de Gelman había pedido tener una ceremonia privada, y ya después se llevaría a cabo el homenaje.

“Hemos platicado con la familia y estaremos pendientes con
ellos y con los amigos para organizar un homenaje. Será como ellos decidan, en el momento en que ellos lo decidan. La familia nos pidió una gran discreción y quiere que dejemos pasar un tiempo, para que ellos con los amigos decidan cómo debemos rendirle homenaje a este gran ser humano”.

EVOCACIONES

Una de las personas más cercanas a Juan Gelman fue Hugo Gutiérrez Vega; se conocieron desde los tiempos en los que el argentino buscaba un destino, allá en Roma, aunque, más allá de esa trayectoria, lo recuerda como un poeta, como una de las voces fundamentales de la poesía contemporánea.

“Un hombre comprometido, que siempre defendió las causas de los humillados y de los ofendidos; además, un amigo entrañable, alegre, bondadoso, con voluntad de vivir”.

Para Paco Ignacio Taibo II, Juan Gelman era uno de los grandes, “y no hay muchos; queda una sensación de vacío en torno a ellos. Tenía una trayectoria coherente como ciudadano, como persona, como poeta: la lucha contra
la dictadura militar argentina, la pérdida de su nieta y sus extrañas preocupaciones, son de resaltar. Y tuvimos la suerte de tenerlo en México”.

En palabras de Myriam Moscona, Gelman es uno de esos poetas que nacen una vez cada varios siglos; “en sus últimos días trabajaba ocho horas al día, contra las recomendaciones médicas, lo que le hacía bien al alma”, expresó.

José Ángel Leyva se había convertido en uno de los amigos más jóvenes del escritor de origen argentino, por lo que su partida no podía ser más que dolorosa: “Un hombre que me enseñó muchas cosas, en particular la coherencia que hay entre el pensar y el hacer, las ideas y la acción, sobre todo con una enorme lealtad a la palabra no solo en la poesía, sino en la acción humana”.

Precisamente Leyva es el encargado de editar lo que sería el volumen póstumo de Juan Gelman, AmaraMara, “una serie de poemas amorosos que dialogan con la pintura de Arturo Rivera. Son 29 poemas escritos a lo largo de la relación que sostuvieron, el cual estará circulando en un par de meses, bajo el sello de La Otra”.

Los restos de Juan Gelman serán cremados al mediodía de hoy, sin que se sepa el destino de sus cenizas, si se quedan en México o se van a Argentina. Al final, podrían quedar las frases de Cristina Pacheco, pronunciadas con un llanto contenido: “Frente a la muerte de Juan, las palabras guardaron un minuto de silencio”.

Los recuerdos de Noé Jitrik

-Ya transcurrió más de medio siglo del primer encuentro entre Juan Gelman y Noé Jitrik, “un poco al pasar”, recuerda este último, vinculados por la poesía, por líneas diferentes pero apreciativas, y luego separados por opciones políticas, aunque “luego la dictadura nos volvió a unir y el diálogo se restableció muy naturalmente.

“Aprecié su poesía inicial y en cuanto a la que prosiguió a partir de los años ochenta me pareció que había una búsqueda muy peculiar, el secreto de la palabra, el hueso de la emoción. Eso nos unió mucho más, de modo que cuando decidió instalarse en México —yo estaba de salida— me produjo gran emoción que se lo reconociera y que brindara, como siempre lo había hecho, al mundo poético mexicano una lección de pureza y de autenticidad”.

Desde Buenos Aires, Jitrik recupera de su memoria cuando Gelman obtuvo el Premio Juan Rulfo y “lo maravilloso que recorrer juntos las calles de Guadalajara”, si bien al tiempo resaltó que no solo en México obtuvo el reconocimiento: “En la Argentina se lo quiso, se lo leyó y se lo homenajeó. Fue el suyo un atardecer sereno, culminación de una vida intensa, testigo de nuestro tiempo. Lamento no haber estado junto a él en esa despedida postrera”.