Intersticios: El yugo democrático

Sin embargo, si se le considera desde un punto de vista histórico, no necesariamente se demuestra su carácter superior, y para estratos poblacionales enteros en realidad ha supuesto una calamidad.
Tony Judt.
Tony Judt. (EFE)

México

El régimen político predominante en la actualidad en Occidente, la democracia liberal de mercado (burguesa), se ha erigido, tanto en discurso como en los hechos, prácticamente en la única alternativa política viable y deseable. Tan es así, que se ha llegado a postular el fin de la historia al llegar a esta forma política insuperable, y buena parte de la política internacional —incluidas las agresiones bélicas— se produce a partir de presuponer que es el único camino por seguir, y de ahí que haya que imponérselo a los demás pueblos, lo quieran o no.

Sin embargo, si se le considera desde un punto de vista histórico, no necesariamente se demuestra su carácter superior, y para estratos poblacionales enteros en realidad ha supuesto una calamidad. Por ejemplo, Tony Judt ha demostrado que a los judíos europeos les resultó altamente perjudicial la caída del imperio y el auge de los nacionalismos. De la misma manera, Eric Hobsbawm ha documentado cómo, contrario a lo que pudiera pensarse, los siervos padecieron enormemente con la abolición del feudalismo pues, por un lado, perdieron toda una serie de derechos y mecanismos de protección y, por el otro, se convirtieron en un surplus (excedente) para el que ya no había lugar en el campo, por lo que fueron desarraigados en masa y obligados a dirigirse a las ciudades, donde conformarían esa nueva categoría histórica llamada proletariado, que desde su nacimiento ha vivido más o menos en condiciones bastante miserables. Para Hobsbawm, este paso implicó que conocieran de primera mano “una soledad llamada libertad” que antes les resultaba desconocida.

No es que en la actualidad exista alguna alternativa clara a la democracia liberal de mercado, pues incluso aunque la hubiera, muy probablemente no estarían dadas las condiciones para proponer otro tipo de régimen que fuera más compasivo con la suerte de los millones de desposeídos a los que el actual necesita como insumos de producción. Como ha dicho el filósofo Thomas de Zengotita, lo que los radicales necesitan en estos momentos es alguna nueva teoría realizable. Aun así, pese a la hegemonía indiscutible de un régimen político que está produciendo las mayores desigualdades en la historia de la humanidad, tiene sentido examinar los procesos y efectos reales ocultos tras las bondades discursivas de este régimen, que al enarbolar el bien de la mayoría en realidad funcionan como mecanismos de subyugación de esa masa tan libre que su existencia entera está marcada por la necesidad de servir para tratar de sobrevivir.