Intersticios: Vislumbres intrascendentes

Entonces, como se ha preguntado una y otra vez, ¿para qué sirve la literatura? Me parece que la propia pregunta comienza ya a evidenciar el problema, pues quizá el error consiste en pensar que ...
Eduardo Rabasa y Etgar Keret.
Eduardo Rabasa y Etgar Keret. (Paola Villanueva Bidaul/FIL)

México

Para Diego, con mucho cariño

En una entrevista concedida a MILENIO la semana pasada, Etgar Keret afirmaba que la literatura no sirve para parar una bala, en obvia referencia a la situación de violencia e inestabilidad en Medio Oriente, y a cómo la literatura es impotente para incidir en ella en lo más mínimo. Esta simple verdad a menudo es ignorada por la comunidad literaria, pues pareciera que un discurso pomposo fuera suficiente para obviar el carácter intrascendente de la literatura frente a realidades políticas y sociales, que en el mejor de los casos alcanza a denunciar desde la comodidad del hogar, al mismo tiempo que a menudo los escritores pactan con ellas a nivel económico, de sus carreras literarias o de comportarse con la soberbia y arrogancia que a menudo critican en los poderosos del mundo.

Entonces, como se ha preguntado una y otra vez, ¿para qué sirve la literatura? Me parece que la propia pregunta comienza ya a evidenciar el problema, pues quizá el error consiste en pensar que sirve para algo, lo cual predispone ya a ciertas actitudes que son, en sí, contrarias a lo literario. Por parte de editores y profesionales del libro, encontramos a menudo el afán de hacer dinero y poderse codear con escritores y otros artistas. A su vez, muchos escritores están hoy obsesionados con convertirse en celebridades, con todas las prerrogativas y el derecho al exceso que eso implica, y de ahí que a menudo sus libros se lean como lo que son: simples trámites insulsos para tener el derecho de ser considerados escritores. Y en la actualidad, ni siquiera todos los lectores se salvan del instrumentalismo que aqueja a la literatura, pues a menudo se considera a la lectura como una insignia esnob, como una especie de tortuoso requisito para presentarse como una persona culta e informada en el nivel social correspondiente.

Contrario al lamento continuo por el hecho de que la literatura no tenga el impacto masivo de otras opciones de ocio, sería mejor considerarla oficialmente como una pérdida de tiempo que no sirve para nada instrumental, aunque quienes la disfrutan saben que es una pérdida de tiempo sumamente placentera, introspectiva y estimulante. Quizá solo entonces podamos decir que después de todo sirve para algo: para volver al mundo real (paralelo) sin mayor pretensión que la de haber adquirido algún ángulo, mirada, idea o sonido nuevo, compartido con belleza por alguien más, con la esperanza de que sirva para lidiar con menos ansiedad con ese enigma hostil llamado mundo o, mejor aún, con ese otro enigma hostil llamado uno mismo.