Intersticios: Elegir la muerte-en-vida

Lejos de ofrecer la libertad que tanto pregonan sus acólitos, el neoliberalismo condena al hombre a un tipo particular de esclavitud, quizá más perverso por sutil.
El filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han.
El filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han. (Especial)

México

Una experiencia común a la lectura de los grandes filósofos es que plasman con lucidez aquello que de alguna manera nuestra propia experiencia nos hacía sentir, sin que pudiéramos nombrarlo con precisión. Dentro de muchas otras posibilidades, quizá ésta sea una vía para detectar cuando nos encontramos en presencia de un pensador llamado a perdurar, como es el caso del filósofo coreano-alemán Byung-Chul Han, de quien la editorial Herder ha ido publicando su obra al español. El más reciente es La agonía del Eros, su magistral tratado sobre el amor en las sociedades contemporáneas, aquellas que Han llama “sociedades del rendimiento”.

Lejos de ofrecer la libertad que tanto pregonan sus acólitos, el neoliberalismo condena al hombre a un tipo particular de esclavitud, quizá más perverso por sutil: el “sujeto del rendimiento” se convierte en esclavo de sí mismo, preso del afán de explotarse hasta el agotamiento, de no contar con espacios de ocio ni reflexión —pues son contrarios a la lógica de la ganancia—, y del considerarse a sí mismo como una mercancía a la venta al mejor postor: “El régimen neoliberal esconde su estructura coactiva tras la aparente libertad del individuo, que ya no se entiende como sujeto sometido (subject to), sino como desarrollo de un proyecto. Ahí está su ardid. Quien fracasa es, además, culpable y lleva consigo esta culpa dondequiera que vaya”. Gracias a Han entendemos que el discurso empresarial, cada vez más cercano a los manuales de autoayuda, normalice al individuo a través de las técnicas de motivación, empleados del mes, etc., y también que asocie a las empresas a los nuevos mandarines financieros, pues de esa manera se cierra el círculo de la autoexplotación llevada a su extremo máximo.

En el campo del amor, tenemos a un sujeto narcisista incapaz de afrontar el reto que implica la diferencia del otro, con el dolor y sufrimiento que también implica, entregado al onanismo de la pornografía, que potencia un deseo triste y efímero. De nuevo, al leer la fuga del Eros relatada por Han, comprendemos el fenómeno del amor como producto para consumir, los rituales gastados del anillo de compromiso (que incluyen reglas para la proporción del sueldo que hay que gastar en él), las bodas idénticas organizadas por wedding planners, y la subsecuente compra del departamento, hijos y divorcio incluidos en un deseo racionalizado para y por el hombre del rendimiento, que mientras elige libremente una vida idéntica al resto de clones que conforman su cerrado estrato social, está “demasiado muerto para vivir y demasiado vivo para morir”.