Intersicios: La violencia del orden

Después serán los hombres que lo agreden y desprecian quienes introduzcan al monstruo a un orden simbólico en el que no tiene cabida, ocasionando, por tanto, que elija el camino de la maldad y ...
Frankestein.
Frankestein. (Especial)

Slavoj Žižek tiene una gran capacidad para invertir ciertas ideas comunes, y de esa manera alcanzar un postulado que subvierte formulaciones que resultaban aparentemente claras. En un vislumbre muy agudo, Žižek ha observado que los sujetos que caen en una especie de autismo absoluto, rompiendo todo tipo de comunicación con el mundo exterior luego de experimentar algún suceso traumático, lejos de representar un estado de pensamiento cero, representan un estado de pensamiento puro que, a fuerza de estar encerrado consigo mismo, no alcanza siquiera a tener algo específico en lo que pensar. Al observar que la teoría psicoanalítica refiere que casi siempre el evento que detona este estado obedece a la recreación de un trauma previo, Žižek puntualiza que ese trauma previo es la pérdida de la conciencia pre-simbólica que se relaciona con el mundo antes de ingresar en el orden simbólico, el de las normas y la conciencia moral que nos acompañarán el resto de la vida.

Un magnífico ejemplo de lo expuesto a nivel teórico por Žižek fue formulado por Mary Shelley en Frankenstein, escrito en 1818 cuando tenía 18 años. Cuando el monstruo implora a su creador que escuche su historia para decidir si desaparece por siempre en la naturaleza o se convierte en un demonio asesino, describe su salida al mundo de manera bastante similar a esa conciencia pre-simbólica referida por Žižek: “Me resulta muy difícil recordar el momento en el que se inició mi existencia. Todo lo que sucedió en aquel momento aparece confuso y borroso en mi memoria. En un instante me vi atrapado por una extraña multitud de sensaciones y comencé a ver, sentir, escuchar y oler al mismo tiempo. Y sucedió en realidad mucho antes de aprender a distinguir cómo funcionaban mis diferentes sentidos”. Después serán los hombres que lo agreden y desprecian quienes introduzcan al monstruo a un orden simbólico en el que no tiene cabida, ocasionando, por tanto, que elija el camino de la maldad y la venganza interminable.

Ambos ejemplos revelan el carácter azaroso, violento, de todo orden determinado, cuestión que queda de relieve en esos cómicos intentos contemporáneos de gente que se esfuerza artificialmente hasta lo indecible por tratar de renegar de la civilización y vivir en un pretendido estado natural idílico. Žižek y Shelley muestran que ninguna configuración específica tiene valor como fin en sí misma, más allá de los efectos concretos para las vidas de aquellos seres que, por fortuna o por desgracia, tengan que vivir bajo su yugo.