Intersticios: La protesta prefabricada

Paradójicamente, las denuncias burdas, basadas en visiones ignorantes y complotistas, lejos de debilitar al blanco de ataque lo fortalecen.
Michel Foucault.
Michel Foucault. (Especial)

México

En un ensayo sobre Michel Foucault, Miguel Morey caracteriza como de pasada un rasgo fundamental del pensamiento de nuestra época al definirnos como “nosotros, que tan satisfechos nos sentimos al identificarnos históricamente con cualquier caracterización que vaya precedida por el prefijo ‘post’”. En esas breves líneas, Morey condensa la tendencia actual de encasillar el pensamiento en ciertos moldes preestablecidos, que resultan de gran utilidad a la hora de plegarse a causas o movimientos, siempre convencidos de encontrarnos del lado “correcto” del asunto en cuestión.

Paradójicamente, las denuncias burdas, basadas en visiones ignorantes y complotistas, lejos de debilitar al blanco de ataque lo fortalecen, pues sirven como muestra de que se tolera la pluralidad y la disidencia, mientras que en la pobreza de los argumentos reside a menudo la explicación del fracaso de la causa que se propone avanzar. En este sentido, destacan por la gran visibilidad que tienen las campañas de
 las celebridades “despiertas” que tratan de sacar de su letargo al pueblo “adormecido”, sin importar el ínfimo detalle de que casi todas esas mismas celebridades han cobrado millones por salir en telenovelas, programas o anuncios de empresas a las que ellos mismos utilizan para demostrar el “adormecimiento” del pueblo. Una época que depende de los apóstoles de lo frívolo para mostrar el camino de la lucha ya tiene ahí mismo el diagnóstico de buena parte de los males que la aquejan.

Y es que una de las principales lecciones de Foucault es que el poder no es de ninguna manera solo negativo, represor o malvado, más que en los momentos límite (la prisión, el manicomio, la escuela, la fábrica), sino que, por el contrario, tiene también un carácter activo, seductor, mediante el cual hace partícipes de sus estrategias a millones de individuos que después padecerán los efectos negativos de las mismas. Sin embargo, como testimonia la obra de Foucault, la crítica seria requiere de muchísimo tiempo de estudio, reflexión, comprensión histórica y política, etcétera, y en la era del Twitter ya no hay tiempo que perder en esas tonterías, así que mejor indignémonos en menos de 140 caracteres, démosle “Like” en Facebook a un video de protesta, seamos uno más de los miles que hacen el cambio posible en change.org y, ya con la imagen de la bondad personal lo suficientemente cultivada, vayámonos a ver una peli o un docu “alucinante” que nos distraiga un rato, pues eso del compromiso político es bonito e importante, pero también aburre y a la larga resulta muy cansado.