Inper cura a 347 embarazadas con cáncer en la última década

Reciben apoyo del Instituto Nacional de Cancerología con el propósito de otorgar ciclos de quimioterapia y continuar con el tratamiento de las pacientes después de su parto.

México

En 10 años, el Instituto Nacional de Perinatología (Inper) curó a 347 embarazadas que durante el proceso de gestación desarrollaron cáncer, mediante protocolos que incluyen quimioterapias y extirpación del tumor, sin afectar la integridad del bebé.

Luis Arturo Hernández López, jefe de la división de Ginecología del Inper, explicó que el trabajo de un equipo multidisciplinario y la alianza con el Instituto Nacional de Cancerología (Incan) permitió un adecuado manejo mujeres con neoplasias (40 por ciento de mama, 40 por ciento cérvix y 20 por ciento leucemias).

"De todos los cánceres mamarios atendidos, ciento por ciento de madres y bebés sobrevivió; cuando se trata de cervicouterino, la sobrevivencia fetal es de 75 por ciento y los bebés que fallecen es porque se detectó la neoplasia cuando no hay posibilidad de retrasar la quimioterapia", detalló.

"En el caso de las leucemias, en las que hay recaídas causando a la madre, anemia, perdida de plaquetas y de defensas que propician infecciones graves, la supervivencia del feto no pasa de 50 por ciento", acotó.

Las madres con leucemias controladas, en fase de remisión, aclaró, pueden llevar embarazos tranquilos y tener bebés sanos. "Con todo, de las 350 mujeres atendidas en 10 años, hemos tenido solo tres muertes a causa de leucemias activas con infecciones sistémicas graves".

El avance y especialización alcanzada ha revertido el pronóstico de que las mujeres embarazadas con cáncer estaban destinadas a perder a su bebé. Los procedimientos bioéticos definidos han permitido otorgar quimioterapia, agentes biológicos y moleculares que evitan la muerte de la madre sin afectar al feto.

"Dividimos el embarazo en tres trimestres y, con base a ello, diseñamos las estrategias procurando conservar el embarazo y vida de la mujer", dijo tras referir que en el Inper se ha detectado un incremento, casi al doble, de embarazadas con tumores malignos, siendo el más prevalente el de mama, cérvico-uterino y leucemias, así como casos aislados de sarcomas.

"Seguimos recibiendo a mujeres en etapas avanzadas, pacientes que provienen de zonas alejadas de la Ciudad de México, de zonas rurales, que no fueron adecuadamente diagnosticadas, pero esto no significa en absoluto que deban de morir, aunque si se requerirán de intervenciones y de tratamientos más agresivos", detalló.

Por etapas

Hernández López recordó el caso de una mujer de 34 años, con 32 semanas de gestación. Se le detectó cáncer en el cuello de la matriz en etapa uno, lo que abrió la oportunidad de retrasar el tratamiento de cáncer cuatro semanas para que el feto lograra una maduración pulmonar.

Una vez que nació el bebé, abundó, se le realizó a la madre una cirugía de mínima invasión. "Ella se curó, tuvo a su bebé, no requirió ningún tratamiento adicional de quimioterapia y de radioterapia".

Cuando la madre tiene cáncer de mama en etapa dos y el tumor mide de dos a tres centímetros, se les interviene quirúrgicamente con el feto adentro. Se seleccionan los analgésicos adecuados para que no afectar al bebé y se procede a extirpar las glándulas mamarias o bien los ganglios positivos alojados en axilas.

"Tuvimos el caso de tres mujeres que recibieron alrededor de seis ciclos de quimioterapia en el embarazo en el Incan. Se trataban de mujeres que se ubicaban en el segundo trimestre, una etapa compleja porque el bebé tiene menos de 22 o 24 semanas. Estamos ante un avance científico importante, ya que una vez que terminaron con el parto, continuaron con sus tratamientos de quimio y radioterapia. El logro alcanzado es que se curaron y tuvieron bebés sanos", destacó el experto.

Si bien se selecciona la quimioterapia menos tóxica, aclaró, la protección que ofrece la placenta al feto es esencial ya que, por un lado, permite pasar nutrientes, proteínas, anticuerpos de defensa, inclusive, antibióticos pero se convierte en una barrera que bloquea el paso de moléculas de gran tamaño.

Esto no sucede en todos los casos: el daño que puede ocasionar la quimioterapia depende de la edad gestacional. Si está en las primeras 12 semanas, cuando se forma corazón e intestinos, puede ocurrir que muera el embrión, pero si pasa el primer trimestre los efectos nocivos son controlados, claro, puede haber partos prematuros o retardo del crecimiento.

"Con un buen manejo y aunque nacen con anemia, logramos que el bebé se recupere", aseveró luego de señalar que solo 25 por ciento de los casos tratados nace prematuro y con bajo peso.

Cuando la embarazada se encuentra en etapa tres y cuatro, las decisiones médicas son no retrasar el tratamiento. "Implica mayor dilema ético y en la decisión participa la madre: se le dice tienes que iniciar tu tratamiento en un máximo de cuatro semanas, tu bebé será viable dentro de seis semanas. Si sacamos a tu bebé antes de cuatro tiene un riesgo alto de complicarse o de morir, si retrasamos tú tratamiento el riesgo es para ella.

"Se le da dos sesiones de quimioterapia con el bebé en el útero. Se saca al bebé tiene como mínimo 27 semanas, cuando ya alcanzó cierta madurez, pero sigue siendo muy prematuro (se define con menos de 36 semanas). En nuestro instituto la probabilidad de vida del bebé es muy buena, excepcional, sin secuelas neurológicas en 80 por ciento de los casos, algo que no sucede en otras instituciones de salud y la diferencia es que contamos con todo, disponibilidad de terapia intensiva, sangre, cirujanos, oncólogos y demás especialistas".


Cifras

Las estadísticas de atención de embarazadas con algún tipo de carcinoma en el Imper son:

50 por ciento de los casos llega en etapas iniciales de cáncer

25 por ciento de las que solicitan atención está en etapa tres

25 por ciento llega en la etapa más avanzada y con metástasis

25 pacientes embarazadas con cáncer fueron atendidas en 2015

40 mujeres esperan atender en 2016, pues hasta julio llevaban 20