In memoriam Gustavo García

No solo fue un catedrático valioso y un analista insobornable de los fenómenos fílmicos, sino un amigo afectuoso y solidario cuyo sentido del humor era un estupendo lenitivo para reconciliarse con ...
Gustavo García
Gustavo García (Cortesía )

Ciudad de México

Espeleólogo incansable de la imagen; lector voraz de teoría cinematográfica, historia y literatura; musicólogo de soundtracks; especialista en datos oscuros de directores, rodajes y filmografías; mentor de aspirantes a críticos, cineastas, guionistas y periodistas; crítico antisolemne; cronista imaginativo del cine mudo y de los ambientes anecdóticos de las salas antiguas; hagiógrafo de todas las épocas del cine mexicano y de sus monstruos (y monstruosidades), Gustavo García no solo fue un catedrático valioso y un analista insobornable de los fenómenos fílmicos, cuyos textos provocaron escozor en aquellos tiempos en que la crítica solía dividirse entre huestes y caudillos, sino un amigo afectuoso y solidario cuyo sentido del humor era un estupendo lenitivo para reconciliarse con este mundo tan fastidioso a veces.

A Gustavo García muchos le debemos la vocación por desentrañar el sentido de la obra de arte. Le debemos el rigor para apreciar al cine con el sustento de un marco teórico, hoy tan escaso en cierta crítica que solo se apoya en el sentido común (¿cuántos "expertos" que actualmente ejercen el oficio han leído los tratados de Eisenstein, Sigfried Kracauer, André Bazin, Gilles Deleuze o Román Gubern, por ejemplo?) y, principalmente, le debemos la grata experiencia de disfrutar una película como disfrutábamos sus clases, con ligereza, inquietud, con la disposición absoluta de entregarnos al asombro.

Gustavo publicó libros esenciales: El cine mudo mexicano, La década perdida, Época de oro del cine mexicano o la biografía acuciosa de Pedro Infante, entre otras obras. Fue un escrupuloso investigador que nunca dejó cabos sueltos ni omisiones, para él siempre había un detalle que debía de rescatarse.

La biblioteca, la videoteca, su enorme colección de discos eran envidiables. Había visto todo. Conocía a la perfección las trayectorias de directores, fotógrafos, guionistas, compositores. Le fascinaba el trabajo de Griffith, le rindió homenaje a través del nombre de su legendaria revista Intolerancia, un espacio plural, abierto a todas las generaciones, en esa revista comencé a publicar mis primeras y torpes reseñas de películas y libros, jamás discriminó ningún punto de vista. El debate fue su deporte favorito.

A Gustavo le agradezco su generosa pero implacable tutoría en mi tesis de licenciatura. Con él esclarecí mis intuiciones sobre Carlos Fuentes y el cine, reconozco su inflexibilidad por no dejar un solo tema en la superficie.

Hoy veo con pesadumbre algunos de sus libros, leo una de sus divertidas dedicatorias: "A la versión local de Iván Groszny, esta tristona muestra de pólvora para evocar los tiempos premodernos, tan iguales a los posmo, con un abrazo fraterno de quien ya se va de la trinchera". Lo anotó en la primera página de La década perdida. Jamás pensé que algún día, realmente iba a abandonar el parapeto.

Hasta la vista querido amigo, maestrísimo Gustavo.