[Semáforo] Historia como analogía

Cada imperio desata enfermedades, viejos y nuevos modos de crueldad, impuestos en beneficio del abusivo.
Los británicos dieron con el gran recurso para formar a sus imperialistas.
Los británicos dieron con el gran recurso para formar a sus imperialistas. (Reuters | Archivo)

Ciudad de México

Todos los imperios e imperialismos son detestables. Cada uno lleva sus propios demonios, los suelta en la historia ajena, desata enfermedades, viejos y nuevos modos de crueldad, formas jurídicas repugnantes, impuestos en beneficio del abusivo y la perpetuación del mal: "Aa esa mentira la llaman imperio; y, tras arrasarlo todo, lo llaman paz" (Tácito).

Los británicos tuvieron una peculiaridad. Hacia las etapas finales de la era Victoriana, dieron con el gran recurso para formar a sus imperialistas: en las escuelas, todos estaban obligados a aprender griego y latín. Suena a ñoñería, pero esa insistencia produjo algo distinto y peculiar: los pueblos y naciones subyugados por el abuso británico siguen, casi todos, en continua relación económica y política con la Gran Bretaña.

En un libro mucho más interesante que su título: The Sentiment of the Sword: A Country-House Dialogue, el capitán Burton arguye la superioridad británica ante los franceses, como forma de civilizar el mundo de los bárbaros; y es porque "hasta los últimos años de estudio nos preparábamos para los asuntos y labores de la vida con, digamos, cinco horas diarias, desde los ocho hasta los 18 años —es decir, 10 años: y qué 10 años— leyendo, no hablando; entendiendo, no dominando, unos cuantos libros en griego y en latín". En ese momento, algunos interlocutores se quejan: "¡Deje usted en paz el latín y el griego!". Y añade: "Sin embargo, nadar, cosa que bien puede salvar una vida, resultaba desconocido incluso para muchos marineros".

Continúa espoleando las formas francesas de afianzar su imperialismo. Le resulta incluso infantil que los ejércitos franceses prioricen la ingeniería militar y su propia capacidad de fuego, por sobre los recursos lingüísticos que ofrece el lugar conquistado. Lo supo él y lo copió T. E. Lawrence: aprendiendo la lengua local se puede hacer un nuevo ejército, patriótico, capaz de inventar naciones e historia. Los imperios dejan atrás solamente resentimiento, odio y más violencia; el británico tampoco es perdonable, pero de algún modo fue distinto y muchas veces, el rencor cedió a la vida política y el Commonwealth: 53 países soberanos e independientes.

Pero esto es apenas la mitad del trabajo. Que el imperio británico haya evolucionado, en vez de terminar en puro rencor se debe a eso: no se trataba de "hablar y dominar", como los franceses; los ingleses leían y entendían a los clásicos. La diferencia es enorme: aprendieron a escuchar y practicaron la comprensión, antes que la dictadura de instrucciones desde un despótico conocimiento. La hipocresía dialogante resultó mejor estrategia que la dominación por la fuerza. Eso, y un procedimiento: que los franceses pusieran en la punta a sus ingenieros es muestra de que la guía de su pensamiento es la deducción. Cualquier lector de Tucídides y Tácito, de Herodoto y Suetonio sabe que la historia y la política se comprenden desde la analogía. La historia no enseña argumentos; muestra que éstos son como aquéllos. Todo puede cambiar, pero la condición humana permanece.