¿Ilustrar un texto?

El autor se pone a leernos un libro y se olvida de la cámara.
El peor resultado para cualquier narrador.
El peor resultado para cualquier narrador. (Especial)

México

Traducir al cine una obra literaria es un trabajo complicado que involucra una metodología más específica, sobre todo cuando se trata de una novela cuyo estilo no se sustenta en el realismo sino en el absurdo y el eclecticismo.

Guionistas y directores de todos los géneros han llegado a la conclusión de que para adaptar un texto para cine lo más importante es saber escogerlo, so pena de caer en un laberinto del que el autor no podrá salir y terminará tan perdido que se va a encontrar al Minotauro, y aunque posea el hilo de Ariadna, será irremisiblemente sacrificado por un escrito que es intraducible en términos de lenguaje cinematográfico.

En este sentido, se ha visto muchas veces que los autores tienen que darle la espalda al texto, olvidarse de él, porque no se trata de realizar una copia del mismo sino de trabajar con un lenguaje distinto que implica movimiento y montaje.

Cosmos, la obra póstuma del cineasta polaco Andrzej Zulawsky —que recientemente murió y de quien soy un acérrimo fan de La tercera parte de la noche (1971), de Posesión (1981) y de La fidelidad (2000), que dejan un sabor astringente por esa visión visceral, casi cutánea de engarzar los acontecimientos dramáticos con metáforas que van contra los cánones del cine comercial—, es, con gran dolor por mi admiración a la obra del cineasta, una película que solo ilustra la novela de Gombrowicz, y al decir “ilustra” significa sinónimo de una mala adaptación que se queda en la superficie porque no se trata de realizar un homenaje al autor literario predilecto poniendo a los personajes —aunque sean buenos actores— a decir diálogos de la novela caminando por un bosque, sentarse en unas piedras, seguir hablando, continuar la caminata y dar fin a la secuencia. Si algo he aprendido del estilo audaz de Zulawski es a no dar concesiones en la narrativa; por esto aseguro que la imagen no está para satisfacer ningún texto.

Cosmos muestra páginas enteras de una novela ilustrada con flojera, sin ganas de pensar en el cine: el autor se pone a leernos un libro y se olvida de la cámara. Eso hace que la obra quede en la orilla con un trabajo cinematográficamente pobre, carente de estructura, donde la única sorpresa que nos llevamos es la de percibir muy pronto cómo se va a desarrollar el discurso y de adivinar que así va a ser todo el desarrollo del filme. Es el peor resultado para cualquier narrador.

Tengo la certeza de que a Zulawski le sucedió lo mismo que a Kubrick cuando vio su última película: le sobrevino el infarto.

 

“Cosmos” (Francia y Portugal, 2015), dirigida por Andrzej Zulawski, con Sabina Azéma y Jean François Balmer.