Los 43 y el 2014 visual

Archivo hache.
Imágenes de la iniciativa #IlustradoresConAyotzinapa.
Imágenes de la iniciativa #IlustradoresConAyotzinapa. (Especial)

Ciudad de México

En términos de artes visuales en México, el 2014 dejó un interesante archivo de imágenes que documentan este momento: la apropiación, variación y circulación de las caras de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

La iniciativa #IlustradoresConAyotzinapa surge, según la convocatoria, para “humanizar a los desaparecidos, esos 43 jóvenes que no son una cifra, sino personas”.

Aquí se encuentra: http://ilustradoresconayotzinapa.tumblr.com

La iniciativa de arte de protesta es lo más interesante que las artes visuales en México dejaron este 2014. Reflexionemos, brevemente, este archivo.

La reanimaciónde esos rostros continúa lógicas visuales de este inicio de siglo. Sus variaciones registran estilizaciones en boga. Nótese: predomina lo retro.

Estos diseños tienen como regla transformar el retrato escolar y los rostros mayormente morenos en imágenes para circular en redes sociales.

Entre la cara de los normalistas de Ayotzinapa y estas imágenes media la fotografía, la neográfica y el selfie (palabra clave del 2014).

Pensemos en aquel video de los 132. En el 2012 fue cuando la estética del rostro joven mexicano post–mediático tomó esta relevancia. Estas dos series —el video de los estudiantes de la Ibero mostrando su credencial y estas ilustraciones de los 43 de la Normal de Ayotzinapa— participan de una sola estética.

Comparemos la política del rostro del 132 y los 43 con la del EZLN, Anonymous y Occupy. Esa política está al centro del descontento global, y fluctúa entre encarnar el anonimato social hasta reivindicar el rostro liberal–individual.

Hay una lucha digital–facial en tiempos Hope–Obama y Tele–Peña Nieto, cuya base masiva temprana es la icono–retratalia a partir del email, chats, MySpace y consolidados por Facebook, Twitter e Instagram —la red social del 2014— y cierto diseño artesanal post–Photoshop.

Las ilustraciones de los 43 no se pueden entender sin la fotografía del normalista cuya cara fue desollada. Se oponen a esa pérdida del rostro, son intentos de convertir al otro criminalizado por el gobierno en un “compa” —otra p@labra del 2014— entrañable. Nótese la infancia, la Selección (de ahí lo exitoso del número de equipo) y la “banda” como comunidad imaginaria.

Estas visualidades acercan al cibernauta con grupos marginados. En la negociación se desdibuja color de piel y facciones para mirarlos a través de animación global.

Otro peligro: detrás de cada reivindicación facial está Jesucristo.

“Humanizar” aquí significa algo a mitad entre caricaturizar y cristianizar.

Las ilustraciones de los 43 son una dignificación de los rostros morenos mexicanos —quizá como no había ocurrido antes— pero también un rediseño que los “humaniza” en el mismo grado que los caricaturiza y re–figura vía estética cool.

Estamos ante un archivo visual que anuncia nuevas culturas juveniles mexicano–globales.