Idos de la mente, sin ganas de recordar

La Libertad me suena a Nezayork, con sus calles amplias y su enorme tianguis sobre ruedas del lunes, donde florece la cháchara, la fruta y la legumbre, el abarrote y la piratería, las pacas de ...
Idos de la mente, sin ganas de recordar.
Idos de la mente, sin ganas de recordar. (Luis M. Morales)

Ésele mi chavo:

Le escribo desde la esquina del país, ésta adonde muchos llegan queriendo entrar al otro mundo, el que nos sacará de pobres como recompensa a tanto esfuerzo; estoy en la terraza de un hotel tomando el fresco y el refresco de cebadilla que relaja y alela; sé que por tus rumbos tiempo hace que no llueve. Pero acá sábado y domingo estuvo bueno, el asfalto se despintó y los automovilistas padecieron. Tu horrible calorón contrasta con este clima de peluche, fresco, ideal para sentirse feliz al tiempo que cosechas historias; comes y cenas sin prisas; pentonteas sin esperar que el Metro se desfogue para poder viajar, sudando la gota gorda, compartiendo hedores, apretujones, tentaleos, escurrimientos.

No sé cuándo vuelva: lo mismo un viernes a medianoche, que nunca jamás: pa’ qué si lo que le sobra al Detritus Defecal es gente como yo: informe entre la masa desempleada, subempleada o de plano famélica aguardando a quien arrebatarle lo que sea.

Escuchar historias de otros que vagan por el rumbo sin rumbo brinda la sensación de que a uno no le va tan mal como a muchísimos contlapaches y contlapachas. Aunque sea mera ilusión. Claro. No tengo pollita echada ni perro que me ladre. Solo con mi soledad, lo que permite dedicarle más tiempo a la chamba de cosechador de historias e histerias y reencontrarte con amigos con los que das un rol por sitios que, conocedores de tus manías, consideran te interesarán. Ayer caminamos por la colonia Libertad, que colinda con la reja de la frontera, y llegamos hasta cerquita de la loma donde corre la línea de láminas y tela de alambre que, dicen, llevaron los weros a la guerra de Irán y le dieron uso acá de este lado para controlar la avalancha de gente que quiere estar del otro lado con la ilusión de cambiar su vida, ya que de México hacia abajo, por más que te mates como negro, vives como esclavo.

La Libertad me suena a Nezayork en loma, con sus calles amplias y su enorme tianguis sobre ruedas del lunes, donde florece la cháchara, la fruta y la legumbre, el abarrote y la piratería, las pacas de ropa y todo lo que la gente compra y venda. Arribita se ven circular las border patrol y hasta parece que han cancelado esa ruta de polleros...

A veces me escapo del hotel y me voy a callejear por Tijuas y me asombro de sus prehistóricas cebras de a mentís, burros disfrazados, para que el wero se tome la foto rodeado de mecsicancurious: huacales, jarritos, guajes, quequemetls de jerga colorada; encuentro tacos horrendos de longaniza con frijoles o deliciosos de marlín con adobo yucateco, o de pulpo a las brasas marinado con pesto mexicano, ¡me maltrato, pues! Tacos caros, pero interesantes y sabrosos, escurrientes y crujientes, llenadores para seguir en la talacha.

Dices que te intriga Tj, que quisieras conocerla para mirar si es tan fea como dicen. Nada del otro mundo, nomas es principio y fin del México que creemos conocer y que aquí siento se disecciona mejor o de otro modo: un Nezayork fronterizo, enriquecido por migrantes que van y vienen o se quedan para de nuevo menearse. Complejo. Rudo en sus aristas más filosas.

Se sienten sus zonas rasposas, y a la gente que acude en las mañanas a los centros de asistencia a migrantes, particulares, la mira uno como corbatas: colgados, el hambre los mueve, andan p’arriba y p’abajo esperando que abran el desayunador para meterle algo a la barriga, deportados, sin lana, perseguidos por la policía municipal que nomás porque sí les dice trépate y se los llevan detenidos porque su aspecto es un delito, y se van: drogos, alicaídos, heridos, golpeados, carentes de todo, con su maleta de tiliches a cuestas...

Sabes que es gacho andar así, alguna vez me lo contaste. Decías: Sí es gacho andar así. Casi esa canción de “la vida me depara/ una sola caída/ una sola nomás/ pero hasta el fondo...” Idos de la mente, sin ganas de recordar, con la marca de la derrota en la frente, sin querer dar la cara a los suyos, sin ánimo de aventarse de nuevo a la reja y que los repela, pero algunos con la esperanza de que quién quita y se me haga... Recuerdo que me decías: De pronto te sientes todo el tiempo como en shock y terminas por no sentir nada. No hambre. Ni necesidad de aseo. Ni miedo a nada. Solo piensas que tienes que cruzar y los medios para lograrlo se te cruzan por montones: solitario como perro en el Periférico, o al cruce con pollero, que es capaz de asesinarte, asaltarte para quedarse con lo poco que llevas y dejarte ai, a que te seques al sol, o cruzas con cruces de droga o gente. Da igual. Todo se vuelve mercancía o ticket para obtener alimento y cruce a gringolandia. De menos así te fue a ti. Por eso no te gustó, me decías. Ansina mero como acabas de decir, repetías y ahora sonríes pensando que ahora sí te entenderé por qué nunca te reportabas, no llamabas por teléfono. No podías hacerlo hasta sentirte, supongo, un poco menos derrotado. Sí, está cabrera. Dicen que es lo gacho de Tijuana: o cruzas, la pegas, no te vuelas con el color y el olor del dinero dolaruco. Te administras. O te das a la vida fácil, más relajada, pero a la mexicana: transgredes ese orden, la tuerces, te tuercen y vas p’atrás, sin nada... A vivir en la calle entre gangas de panameños. Hondureños. Salvadoreños y peruanos al amparo de las oscuras calles nocturnas; no fue muy divertido que digamos, contabas.

No debió serlo. Ayer platiqué con un supuesto sicario: no puede dormir, asaltan las imágenes, el remordimiento de su chamba, los cuerpos ajusticiados, la fiesta de sangre que a machetazos sobre su cuerpo cebó el bando contrario, que manco no era y a la que sobrevive como zombi.

Hoy platiqué con un Neza: dilapidó haberse instalado en el otro lado al lado de sus ya residentes primos, con chamba y poco a poco beneficiario de bienes materiales: casa, auto, novias; pero adicto al alcohol acumuló multas de tránsito por las que fue deportado y así perdió mujer, hijo, chamba, carro, chante... Ora anda de este lado queriendo redimirse, dándose de topes en su dura cabeza que no le permitió ubicarse en una realidad distinta a la chilanga, donde al de tránsito le embarras la mano con un billete y nada pasó.... Ahora lo ves trasijado, dolido, incrédulo, y sientes que Dostoievski se queda chiquito con sus humillados y ofendidos.

Me platicas de tu amigo que volvió al barrio y se empleó en el restaurante donde sacas para los frijoles: un sica de tu misma edad, con historia similar al de mi sica, hundido en su chamba de cocinero, sin identidad para que nadie sepa de él ni de sus correrías, perdido entre humeantes grasas de tocino y suadero para que en ellas se pierdan las bestiales historias que de repente te cuenta porque ya no le caben, porque le escuecen el alma, le queman el remordimiento, la culpa durante las mañanas, tardes e inmensas noches de insomnio plagadas de pesadillas que en su momento fueron realidades que protagonizó lleno de nieve y valor nevado... Que ahora le congela el alma.

Escritor. Cronista de "Neza"