En 1972, "Humano, demasiado humano"

Un testimonio de la única visita de Paz a la Universidad de Guadalajara.

Guadalajara

Ser uno de los cinco mayores poetas del siglo XX mexicano, y el principal ensayista de nuestra literatura, no elimina la calidad de hombre mortal con defectos y virtudes que fue Octavio Paz. Por intercesión del cronista Juan José Doñán, el ex secretario de la facultad de Filosofía y Letras de la UdeG, Guillermo Becerra, entregó a MILENIO JALISCO su testimonio de la única visita del autor de Postada a la UdeG, el 1 de noviembre de 1972, invitado por los alumnos de esa escuela. 

A continuación reproducimos la parte esencial:

“Me tocó ir al aeropuerto a recibir a Paz y a su señora, y en el camino no hizo sino criticar la fisonomía de Guadalajara, de la cual recordaba alguna arquitectura amable. En ese momento me parecieron ofensivos sus comentarios ya que un servidor amaba entrañablemente al terruño, pero posteriormente supe que tenía la razón absoluta. Pasamos por el centro de la ciudad, ya que por su propia decisión optó por hospedarse en el Hotel Fénix y no en el Camino Real, que era la otra alternativa”.

Paz “se mostraba muy preocupado porque esa tarde Carlos Fuentes daría una conferencia en el Teatro Experimental de Jalisco […] su pendiente era que Fuentes llegara a tener más asistentes que él, y que además los periódicos locales y nacionales se ocupaban de este último evento con profusión, a diferencia de su conferencia, sobre democracia, que impartiría al día siguiente”.

Señala Becerra: “no logré calmar sus inquietudes, a pesar de mi insistencia de que tendría por lo menos seis o siete veces más público que Fuentes, y que los periódicos del día siguiente con seguridad tocarían, en amplios espacios, el tema de su visita con gran interés. Los registré en el hotel y posteriormente, a la hora acordada, los trasladé al Teatro Experimental; efectivamente el lugar estaba abarrotado y ello aumentó sus temores. Me decía una y otra vez que no quería que esta conferencia fuese a opacar la suya. Mis sólidos argumentos de que el Teatro Experimental era muy pequeño comparado con el Salvador Allende y de que la comunidad universitaria se volcaría a escucharlo al día siguiente, no parecían tranquilizarlo”.

Culminó la intervención de Fuentes, muy aplaudida, “y Juan Francisco González invitó a Paz y señora a cenar al O’Briens que por entonces estaba de moda, situado en Américas y Pedro Moreno. Ahí los llevé y me despedí”.

Al día siguiente, “Paz me llamó por teléfono diciéndome que ya había leído los periódicos y que yo tenía razón, que las menciones de su persona, acompañadas de su currículum y de su affaire relativo a la renuncia valiente de la Embajada de México en la India, estaban plasmadas en la prensa. Que sin embargo, a pesar de la invitación en los periódicos que previamente había yo ordenado y pagado -con dinero universitario, por supuesto-, continuaba temeroso de poca asistencia…”.

Pasó por los invitados y los llevó al auditorio. “Estaba pletórico, no cabía un zapato más; los pasillos llenos con universitarios sentados en las gradas; el pasillo delantero abarrotado, unos parados, otros en cuclillas en señal de respeto a los aposentados en las butacas. Paz estaba eufórico; su esposa y los Fuentes, que correspondían con su asistencia, sentados en la primera fila. El contenido de su intervención fue lo que se esperaba, brillante”.

Añade Becerra, iconoclasta: “reconozco la capacidad intelectual de Octavio Paz, su trayectoria y su  personalidad atrayente. Su esposa, una belleza de mujer en todos sentidos, discreta y amable, pero no dejo de recordar al primero como una verdadera vedette, que lo que le importaba era figurar, que se hablara de su talento, de lo valeroso de su actuar en la diplomacia y de su superioridad respecto a otras figuras del talento nacional”. Remata: “¡Qué Dios me perdone!”.