Huérfanos de emoción

Los aciertos de la cinta "Huérfanos" se pierden por un guión cuya estructura narrativa está equivocada y da como resultado personajes desdibujados.
Los hechos históricos no bastan.
Los hechos históricos no bastan. (Especial)

México

Huérfanos es una película con una producción acertada: destacadas locaciones naturales, impresionantes haciendas de época, vestuarios, maquillajes y dirección artística detallada. Con ello se crea una ambientación de los albores del México independiente, pero, lamentablemente, la producción sola no hace que una película sea buena y los aciertos se pierden por un guión cuya estructura narrativa está equivocada y da como resultado personajes desdibujados que no causan interés desde muy temprano.

Desde que se establece la estructura, la aprehensión de Ocampo por Lindoro Cajigas para ser llevado al paredón, intercalando recuerdos de su vida amorosa, se desactiva cualquier posibilidad de emoción, pues los recuerdos son caprichosos, muchos y demasiado largos; eso hace que la vida del personaje esté más cerca de una telenovela. Esto demuestra que al guión le faltaba trabajo: los autores no pudieron resolver los problemas de narración que se plantearon y solo obtienen sketches que no permiten identificarnos.

La realizadora aprovecha al máximo el plausible trabajo de producción, y sin más remedio se regodea en las locaciones para hacer interminable la película; por ejemplo, vemos bajar las escaleras a la sirvienta para aprovechar su vestuario, su maquillaje y la locación, cuando sería más fácil usar el corte directo para no hacer insufrible una película de más de dos horas.

Se pudieron evitar las escenas de París y de Nueva Orleans (la toma del baile entre Ocampo y Juárez es tan mala como una medusa con diarrea: da pena ajena). La escena en la que el Ejército toma la Cámara de Diputados está más cerca del humor involuntario, pues la huida de los liberales y de Ocampo está realizada con toda la intención de que parezca inverosímil, y la escena donde el gobierno mexicano discute la rendición a Estados Unidos, la mesa donde se hace la junta está pelona, sin utilería, ni vasos de agua ni ceniceros, nada.

Apenas se logra interés en algunas escenas relacionadas específicamente con la Historia, cuando Ocampo convence a Juárez de regresar a México o cuando Ocampo se niega a vender California y entra en conflicto con el embajador gringo.

Aunque la producción sí nos transporta a la vida rural de un México en el siglo XIX, ensombrecido por la pobreza, con una Iglesia prepotente y la guerra entre conservadores y liberales, continuamos huérfanos de emoción porque la película no logra crear suspenso, misterio o interés, pues los acontecimientos históricos, por sí solos, nunca bastan.

 

“Huérfanos” (México, 2013), dirigida por Guita Schyfter, con Rafael Sánchez Navarro y Dolores Heredia.