Huapango, el alma musical de Tamaulipas

Género musical que se toca y baila en la zona conurbada, la cual se ha convertido en una herencia familiar, y que va trascendiendo de generación en generación.
Festival de huapango en la escollera de Miramar.
Festival de huapango. (Lucero Reyes)

Tampico

El huapango, género musical que se toca y baila en esta entidad, se ha convertido en herencia familiar para muchas personas, que pasan sus conocimientos de una generación a otra, con el fin de conservar una de las tradiciones culturales más arraigadas en Tamaulipas.

Tal es el caso de María Alejandra Juárez Hernández, maestra de profesión pero huapanguera de corazón, quien es una de las integrantes del grupo denominado Herencia Huasteca, que durante los fines de semana se presenta en diferentes escenarios de estado. Alejandra, quien entre semana imparte clases de matemáticas y artes, recordó que desde pequeña se inició en la música, actividad que a la fecha le permite tocar de manera profesional en el grupo huapanguero y transmitir a sus hijas lo aprendido desde la infancia.

La entrevistada señaló que aprendió desde pequeña algunos tonos en la jarana (instrumento de cuerda), viendo a su padre cuando ensayaba con su hermano, y a ella por ser mujer la mandaba a ayudarle a su mamá en la cocina o quehaceres domésticos. “Desde mi inicio con la jaranita sentí que mi papá no quería que yo aprendiera, pues ensayaba a mi hermano y a mí me mandaba con mi mama a la cocina”, explicó. Resaltó que era tanto su gusto por el instrumento que desobedecía las órdenes de su progenitor don Rómulo Juárez Villafuerte, y a escondidas veía como le enseñaba a su hermano.

Rememoró que cuando su papá, músico huasteco lirico, se iba a trabajar al campo, ella corría y sacaba su jaranita y se ponía a practicar lo aprendido a distancia. “Practicaba lo que veía que ellos ensayaban, hasta que un día él se dio cuenta que yo también estaba aprendiendo a tocar y me integró con ellos”, manifestó. “No fue fácil adaptarme a las enseñanzas de mi padre y me costó trabajo acoplarme, pues como buen campesino siempre me dijo que las mujeres eran para la cocina y el quehacer doméstico, pero mi gusto por el huapango me hizo demostrarles que nosotras también podemos tocar y aportar a la música”, subrayó.

Actualmente Alejandra Juárez, quien es una de las integrantes de Herencia Huasteca, enseña a sus hijas Natalia Alejandra, Camila Jaqueline y Sara Yoselin de 16, 11 y 7 años, a tocar y bailar este género musical. “Agradezco que mis hijas sigan el sendero del huapango ya que es una herencia de nuestra huasteca y que no podemos dejar que se pierda”, expuso. Comentó que aunque sigue con la enseñanza de las matemáticas y las artes, los fines de semana se viste con su traje de gamuza y adornos en la cabeza para tocar y bailar en diferentes locaciones.

"Al ver que mis hijas siguen la tradición familiar, mi papá y yo nos emocionamos cuando tocan, además de saber que nuestra familia continuará con esta herencia cultural que nos da identidad como pueblo”, apuntó. Destacó que don Rómulo Juárez Villafuerte, ese músico que se oponía a que las mujeres tocaran, se siente muy orgulloso de que dos de sus nietas representarán a Tamaulipas en el décimo tercer festival que se desarrollará en Moscú, Rusia.

“Ellas audicionaron en el Festival de la Huasteca realizado en Xilitla junto a otros menores de los estados de Puebla, Veracruz, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo y Tamaulipas, y nuestra entidad quedó entre los que irán a representar a México”, detalló. Señaló que ahora esa tradición familiar de tocar huapangos se extenderá más allá del estado pues sus hijas Natalia Alejandra, quien toca el violín, y Camila Jaqueline Ramírez Juárez, la quinta (guitarra huapanguera), forman parte del trio la Nueva Herencia que representará a Tamaulipas en el evento internacional.

Alejandra Juárez invitó a la comunidad a continuar y no perder una de las herencias culturales “más bonitas” de la entidad, a reconocer la música y baile del huapango como un arte, a través del cual sus intérpretes demuestran la identidad de una tradición que continúa de una generación a otra.