Historia arquitectónica del Museo Tamayo, en un libro

La publicación hace una crónica, recupera testimonios y presenta planos del recinto, obra fundamental del México contemporáneo.
El edificio fue abierto en 1981.
El edificio fue abierto en 1981. (Javier Ríos)

México

La recuperación de las memorias de uno de los proyectos arquitectónicos más importantes del siglo XX es el tema del libro Museo Tamayo, publicado por Conaculta, El Colegio Nacional, la Fundación Olga y Rufino Tamayo y Arquine.

En sus páginas, dice a MILENIO Miquel Adriá —el responsable de realizar la crónica del proyecto y de la selección de planos y fotografías, que se encontraban en los archivos de la fundación dedicada al artista oaxaqueño—, el lector podrá apreciar la síntesis de una de las obras fundamentales del México contemporáneo.

Fundado en 1981 en el Bosque de Chapultepec, proyectado por Abraham Zabludovsky y Teodoro González de León por deseo expreso de Olga y Rufino Tamayo, el museo es una síntesis del repertorio abstracto de estos arquitectos.

Con este museo "González de León y Zabludovsky alcanzaron la madurez proyectual, con una suerte de monumentalidad abstracta que fusionó el legado del expresionismo lecorbusiano con la arquitectura prehispánica, abierta, ritual y solemne: las grandes estructuras de concreto se funden con los taludes, el espacio interior con el exterior, los parteluces y las pérgolas gigantes se convierten en los límites permeables de los nuevos templos laicos, no muy distintas de las construcciones monumentales de Le Corbusier en Chandigarh", dice Adriá.

Esta es la historia de un museo que nació con vocación de museo, donde Tamayo quería que su obra quedara resguardada y que fuera difundida en un espacio ubicado, de preferencia, frente al Museo Nacional de Antropología, del que se sorprendía por la cantidad de visitantes que recibía.

"La forma escalonada, piramidal, conformada por una secuencia de plataformas, estuvo siempre en el proyecto, a veces más ortogonal, pero siempre definida por unos taludes que emergen del paisaje. Se trata de una serie de plataformas, sólidas, sin ventanas ni puertas, que giran a 45 grados en el patio central.

"A mediados de los años sesenta, entre Zabludovsky y González de León visitaron unos 60 museos para entender si usaban luz natural o no, así como para verificar las dimensiones de las salas para arte moderno y el modo de transitar por ellas. Vieron que, en esa época, la luz natural no era relevante", recuerda Adriá.

En 2012 se inauguraron nuevas áreas, que incluyeron una remodelación bajo el diseño de González de León, quien comparte su testimonio en el libro: "Los fondos permitían un crecimiento mayor que el imaginado. Habían pasado 30 años desde que termináramos el proyecto definitivo —hubo varias versiones y pasaron nueve años para conseguir un lugar en el Bosque de Chapultepec— y estuve tentado a usar formas
y materiales distintos (...).

"Pero me perseguía el recuerdo de una pregunta que nos hizo Rufino Tamayo cuando le mostramos la última maqueta, la que se construyó: 'Me gustan mucho los volúmenes, se ve armado, completo, ¿pero cómo puede crecer?'. 'Como un árbol —respondimos— cada paralelepípedo puede extenderse como las ramas de los árboles'. Fue el criterio que escogí para la ampliación, por fidelidad a Rufino y a Abraham; a una obra que había marcado el lugar y era una referencia urbana".

El libro dedica 100 páginas a planos y fotografías, tiene un prólogo de Barry Bergdoll, curador de arquitectura del Museo de Arte Moderno de Nueva York, y testimonios de quienes han dirigido el Tamayo. Incluye comentarios de Rafael Tovar y de Teresa, presidente del Conaculta; María Cristina García, directora del INBA, y de David Cohen, de la Fundación Olga y Rufino Tamayo.