El teatro ayuda a construir ciudadanía: Helena Pimenta

La CNTC de España presentará en México su montaje de 'La verdad sospechosa', de Juan Ruiz de Alarcón, los días 25, 26 y 27 de julio.
El escritor quería señalar la decadencia moral y económica de una clase social, destaca la directora.
El escritor quería señalar la decadencia moral y económica de una clase social, destaca la directora. (Ceferino López)

México

La Compañía Nacional de Teatro Clásico (CNTC) de España se presentará por primera vez en México los días 25, 26 y 27 de julio en el Palacio de Bellas Artes, con la obra La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón.

Hace 20 años este montaje fue representado 90 ocasiones en el Teatro de la Comedia de Madrid. Sin embargo, la versión actual, dirigida por Helena Pimenta, titular de la CNTC de España, se empezó a representar hace más de un año en el Festival Internacional de Teatro de Almagro y ha realizado hasta la fecha 130 actuaciones en diversas ciudades.

Si bien la puesta en escena —la cual pone en entredicho los valores morales de la aristocracia española y evidencia a una sociedad mentirosa— se le atribuyó inicialmente a Félix Lope de Vega, después de su publicación en 1630 apareció incluida en la segunda parte de las comedias de Juan Ruiz de Alarcón.

Fundadora en 1978 de la compañía Atelier y diez años después de la agrupación UR Teatro Anzerkia, Pimenta (Salamanca, 1955) se ha distinguido por ser una de las dramaturgas más sobresalientes de su país, lo que le ha valido ganar premios como el Nacional de Teatro en 1993; el de Mejor Dirección en 1996 por Romeo y Julieta, y en 1998 por Trabajos de amor perdidos; el del Jurado y de la Crítica al mejor espectáculo del Festival Internacional de El Cairo en 1993 por el montaje de Sueño de una noche de verano, y el Lazarillo a la mejor trayectoria teatral en 2002. En entrevista con MILENIO, habla del significado que tiene La verdad sospechosa para la CNTC de España y el teatro de habla hispana.

—¿Qué significa para la compañía representar La verdad sospechosa?

—Considero que es la gran creación dramática del autor y una de las obras maestras del Siglo de Oro. Es por ello que elegí este título para nuestro repertorio de la temporada.

—¿Usted cree que en las puestas en escena de Ruiz de Alarcón hay una defensa de la dignidad y una crítica de los defectos humanos?

—Creo que el centro de su obra lo ocupa la búsqueda de la identidad, del ser auténtico.

—¿Qué hace tan contemporáneo al teatro clásico?

—Contiene elementos universales y continúa concerniéndonos como seres humanos. En cuanto al teatro en verso, considero que se trata de una convención que añade poética, un mundo diferente del real, musicalidad, complejidad, virtuosismo.

—¿Es cierto que La verdad sospechosa expone la crisis de valores de la aristocracia?

—Es cierto. Ruiz de Alarcón, además de otras cosas, quería señalar la decadencia moral de una clase social que también estaba en decadencia económica.

—¿Es cierto que Juan Ruiz de Alarcón fue pionero en dotar de un profundo perfil psicológico a sus personajes?

—Siempre he defendido que los autores del Siglo de Oro construyeron perfiles psicológicos en sus personajes. Este lo hace de forma muy diestra, lo cual ayudó a su construcción y complejidad como personajes en la escena. Luego está la convención del lenguaje, pero los personajes y situaciones son perfectamente verosímiles.

— Con esta obra, Ruiz de Alarcón pretendía contribuir a reformar las costumbres de una sociedad habituada al lujo de la corte y a la frivolidad. ¿Usted cree que lo logró?

—No creo que lo lograra, pero siempre es necesario poner el dedo en la llaga. Además, como ha trascendido a su época, hoy tenemos más lecturas posibles y continúa aportándonos, como buen clásico.

—¿De dónde cree que surge la búsqueda de Ruiz de Alarcón por incluir en sus obras alegatos sobre la moral e integridad de las personas?

—Entiendo que le inquietaba la dignidad de las personas, la ética y que creía en el género humano. De lo contrario no lo habría denunciado.

—¿Qué tan vigente encuentra esta obra?

—Cuando la hemos trabajado nos sentíamos muy implicados en la historia que Alarcón contaba y en cómo lo hacía. Sus personajes nos interesaban, los comprendíamos, nos inspiraban. Las situaciones eran reconocibles y dimensionaban los temas. El lenguaje es extraordinario. Luego, el público ha ido confirmando nuestro pálpito y la ha recibido entusiasmado.

—¿Seguimos siendo una sociedad tan mentirosa como la que se aprecia en la puesta en escena?

—Tenemos dificultades para aceptarnos como somos. Ha aumentado el número de mentirosos destructivos y que obran con malicia, para sacar provecho de los demás; sigue siendo necesario salvarse, a veces, con verdades a medias o con medias mentiras.

—¿En qué puede contribuir el teatro para entender mejor a la sociedad?

—El teatro es necesario y contribuye a construir ciudadanía, que es algo muy grande. Poco a poco, pero lo hace.