“Regresar al pasado sirve para pensar”: Héctor Manjarrez

Hombre viajero y de voz pausada, Héctor Manjarrez responde mientras bebe un expresso. Advierte que no tomó el hábito en Europa, “me pude pagar un café en París hasta los años ochenta, antes pasé ...
Ha ganado los premios Diana Moreno Toscano, Xavier Villaurrutia, José Fuentes Mares y Nacional de Narrativa Colima.
Ha ganado los premios Diana Moreno Toscano, Xavier Villaurrutia, José Fuentes Mares y Nacional de Narrativa Colima. (Arturo Bermudez )

Ciudad de México

¿Es un nostálgico?

No, ¿por qué la pregunta?

Varios de sus libros implican un regreso al pasado…

No lo soy, sucede que a veces regresar el pasado sirve para pensar el presente e incluso el futuro. El pasado por el placer del pasado no me interesa ni me seduce. El pasado es algo que llevamos todo el tiempo sobre la espalda.

¿Escribe para usted o para un lector específico?

Yo no escribo para mí, escribo para un lector desconocido.

Decía el húngaro Sándor Maraí que se escribe para los testigos…

Puede ser, pero su circunstancia es muy diferente. Él se vio obligado a dejar su país para siempre, además el húngaro es un idioma minoritario, de modo que no dudo que en su caso sí escriba para alguien en específico. El mexicano pertenece a un idioma gigantesco, aunque por supuesto siempre hay guiños para personas en concreto.

¿Qué hay más en su trabajo experiencia u oficio?

Me pone en problemas pues no sabría explicarlo. No hay forma de saber si Kafka escribía sobre sus experiencias o sobre lo que le habría gustado vivir. Yo empecé como un escritor que se interesaba por la vanguardia pero en realidad nunca la practiqué. Siempre me atrajeron más las historias que podía contar. Por ejemplo, después de escribir París desaparece ya no sé qué es verdad y que no.

¿La memoria es selectiva o traicionera?

No tengo idea, a veces me doy cuenta que una versión que he dado toda mi vida no es cierta. No sé por qué sucede.

¿En este sentido la ficción le permite curarse de espanto?

Quizá. Una de las millones de veces que le preguntaron a Rulfo por qué no escribía más, respondió que porque se había muerto su tío Nepomuceno. De alguna manera todos tenemos familiares o conocidos que nos cuentan historias pero se suelen morir o simplemente no les hacemos caso.

¿Quién es su tío Nepomuceno?

Nunca tuve un tío Nepomuceno. Las historias de mi abuela me aburrían. En mi caso las historias vienen de mí mismo, de los amigos o de las mujeres con quienes he estado. A estas alturas creo que entre menos sepa cómo funciona la memoria o la mente, mejor.

¿Para escribir hay que saber escuchar?

Supongo que sí..., pero tal vez los poetas solo necesitan escuchar su propia voz. En mi caso creo que sé escuchar. Me fui joven de México y me fascinan las ciudades grandes, por tanto me interesa escuchar lo que dice la gente.

Entre el París de Hemingway, el de Vallejo y el de Cortázar, ¿con cuál se queda?

El París de Vallejo era espantoso. Hemingway la pasó muy bien, además todavía estaba en una época en que su ego inmenso lo hacía feliz y no lo atormentaba. Por lo demás, yo compartí un poco del París de Cortázar, pero la realidad es que no sabía ni quién era él. Leí Rayuela a finales de los sesenta y la realidad es que no se parecía a mi París, quizá porque el suyo era más latinoamericano que el mío. A mi los latinoamericanos no me caían tan bien. Hace poco quise releer Rayuela pero no pude.

¿Solo en París pasó hambre?

No, en Londres y en México también, solo que es más romántico escribir del hambre en París.

Nació en la Ciudad de México en 1945. Ha ganado los premios Diana Moreno Toscano, Xavier Villaurrutia, José Fuentes Mares y Nacional de Narrativa Colima. Entre sus títulos destacan: Pasaban en silencio nuestros dioses, No todos los hombres son románticos y La maldita pintura.