Hacen radiografía a las bibliotecas de Monterrey

La organización Biblioteca Intercultural ha encontrado cerrazón por parte del Ayuntamiento de Monterrey para poder llevar a cabo el análisis de la situación actual de estos espacios de lectura ...
O Este espacio en Prolongación Aztlán y Hermanos Sánchez Madariaga está en el abandono.
Este espacio en Prolongación Aztlán y Hermanos Sánchez Madariaga está en el abandono. (Roberto Alanís)

Monterrey

Si alguien sabe cómo funcionan las bibliotecas públicas del municipio de Monterrey son sus responsables directos. Pero si ellos se niegan, o no les permiten hablar, los vecinos del sector pueden ofrecer una mejor opinión.

Para ello, la asociación civil Biblioteca Intercultural ya emprendido un proyecto que han denominado como “Radiografía de la lectura: las bibliotecas públicas de la ciudad de Monterrey”, el cual realizan desde el año pasado.

La iniciativa surgió después de los múltiples rechazos que tuvieron Brenda de la Torre Santoyo y Joel Morales Hernández con el proyecto Biblioteca por la Paz por parte del municipio de Monterrey, al buscar instalar un centro cultural en una caseta policial abandonada en la colonia Villa Mitras.

El diagnóstico busca ofrecer una visión lo más cercana posible sobre el desempeño de las bibliotecas de Monterrey, muchas de ellas rehabilitadas en las últimas dos administraciones municipales.

“Incluso no sólo es sobre las bibliotecas municipales, es un diagnóstico sobre cómo se fomenta la lectura en estos espacios de Monterrey”, comenta De la Torre.

LA EXPERIENCIA

Desde septiembre pasado se realiza el diagnóstico. Se ha llamado a más de 40 bibliotecas municipales solicitando los datos más básicos posibles, como qué horario tienen o con cuál acervo cuentan.

El estudio se ha diseñado bajo una metodología específica, expone Joel Morales, promotor de la lectura. Se cuenta con estadísticas, cuestionarios, visitas, todo con la finalidad de obtener información lo más próxima posible a la realidad de estos espacios.

“Se busca obtener información de primera mano, tanto de las dependientas de las bibliotecas, de la comunidad alrededor de ellas y de personas que están tocando el tema de la lectura para tener como una radiografía más amplia sobre el fomento a la lectura”, indica Morales.

Al inicio del diagnóstico empezaron a surgir los problemas. Al presentarse como estudiantes y señalar que se busca proponer un breve cuestionario a la encargada de la biblioteca, las puertas se cierran y los teléfonos se cuelgan.

Se tuvo que enviar un oficio a la Dirección de Educación de Monterrey explicando la dinámica del proyecto y solicitando permiso para aplicar los cuestionarios. El oficio, hasta la última semana de marzo, no había sido respondido.

La idea de la asociación es presentar una evaluación previa el próximo 23 de abril, fecha en que conmemora el Día del Libro.

Conscientes de que las últimas dos administraciones municipales han invertido millones de pesos en la rehabilitación de bibliotecas, el proyecto busca demostrar que el fomento a la lectura es algo más allá que sólo dinero.

“Sí, sabemos que se han rehabilitado los espacios y eso es bueno. Les han cambiado el piso, les han puesto aire acondicionado y se han mejorado las computadoras pero en el fondo las cosas siguen igual: acervos obsoletos, dependientas que no son promotoras de la lectura y una comunidad que difícilmente se acerca a las bibliotecas”, cuestiona Morales.

¿Y LA CASETA?

MILENIO Monterrey publicó en enero de 2013 la iniciativa de un grupo de jóvenes de la colonia Villa Mitras por rehabilitar una caseta policial abandonada y convertirla en un centro cultural, al que llamarían Biblioteca por la Paz.

Ubicada en Cerro Largo y Mil Cumbres, la caseta fue solicitada por los chicos al municipio de Monterrey, pero nunca obtuvieron respuesta.

Un mes después de la publicación de su caso, la alcaldesa acudió a inaugurar la rehabilitación de una biblioteca situada a un costado de la caseta que ellos querían utilizar.

“Los chicos no han perdido el interés pero vieron que ni en la caseta ni en la biblioteca podían hacer su proyecto”, expone Brenda de la Torre, coordinadora de ese proyecto.

Desde hace meses la caseta se ha convertido en una oficina del Programa de Acción Comunitaria (PAC).

“No hubo ni un oficio respondido por parte de las diferentes direcciones del municipio, una muestra de que no puede haber diálogo porque simplemente no les importa que lo haya”, criticó Joel Morales. (Gustavo Mendoza Lemus/Monterrey)